Así Crece
¿Miente? ¡No!
Quiere contarnos (de manera torpe) algo importante.
¿Miente? ¡No!
Junto contigo, él también está aprendiendo.

Cuando le dices a un niño: «Estás mintiendo, ¡fuiste tú el que rompió el florero!» crees que estás actuando de manera correcta. Pero no es así. Esta manera de proceder no va a solucionar el problema y, además, tiene más posibilidades de favorecer la mentira a futuro. El pequeño, a esta edad, no tiene capacidad para mentir de forma consciente. Atribuir mala intención a sus palabras o mostrarle con la evidencia que lo que dice no es verdad, no ayuda y puede ser contraproducente a la hora de construir una relación sana con la verdad y la mentira.

Primero es necesario entender por qué el pequeño dice lo que dice (qué es lo que de verdad está comunicando) y enseñarle a encontrar una forma adecuada de respuesta, de manera que no tenga que recurrir a la mentira. ¿Por qué miente? ¿Cómo debo responder? ¿Cuáles son las respuestas más efectivas?

Luis, con las manos a la espalda, se empeña en negar la presencia de su osito Julián en la habitación, ese que mamá ha anunciado que meterá a la lavadora. Mamá está frente a él, con la mirada clavada en la oreja del oso que sobresale tras su espalda: «Última oportunidad: ¿seguro que Julián no está aquí?». Luis niega con la cabeza. Su madre se exaspera: ¡le está MINTIENDO! ¡Ya! ¡Tan pequeño! ¿Lo habrá aprendido en la guardería?

«¡Luis, no me mientas, lo estoy viendo! ¡Lo tienes en la espalda!», dice la madre con argumento irrefutable.

¿Por qué no dice la verdad?
El pequeño Luis está aterrorizado. Miente para salvar a su oso. La imagen de Julián dando vueltas en la lavadora le aterra tanto como horrorizaría a su madre la imagen de Luis siendo centrifugado. Por supuesto, si sacáramos el oso de su espalda y le preguntáramos por qué no ha dicho la verdad, Luis no sabría explicar su miedo. Su lenguaje es aún limitado y sus sentimientos también: ¡ni siquiera sabe que siente lo que siente! Los niños de esta edad mienten a veces para protegerse o para proteger cosas valiosas. El mentir para ellos es una medida de supervivencia.

Tu respuesta
Mal «No me mientas, ¡lo estoy viendo, lo tienes en la espalda!». Esta respuesta está ignorando el problema, y no está dando al niño herramientas para ser honesto en el futuro. Además, de esta manera le estás devolviendo una imagen negativa de sí mismo.

Su madre, enternecida por el gesto de Luis, hace como que se cree lo que le dice y se marcha, renunciando a lavar el osito.

Con esta otra respuesta le está transmitiendo que puede enfrentar sus miedos negando las cosas, lo que reforzará en el futuro la actitud de negar (y mentir, si hace falta). Además, como madre no estás siendo honesta con él niño: estás consciente de que lo que dice tu hijo no es verdad, pero estás haciendo como si le creyeras.

BIEN La respuesta efectiva es la que le ayuda a expresar su miedo y a encontrar una solución. Como aún no sabe expresarlo, quizá debes hacerlo por él. «¿Tú crees que Julián se ha escondido porque tiene miedo de la lavadora?», le podría preguntar su madre empática, a lo que seguramente respondería que «sí». «Pues es verdad, yo también lo tendría... ¿Y si lo buscamos y le decimos que lo vamos a bañar en la bañera? A ver, a ver... ¡Míralo, está aquí! ¡Se había escondido detrás de tu espalda!», le dice ofreciéndole una salida digna.

Adrián dice: «¡Hay un monstruo en mi clóset!».

Da igual que le des la vuelta al clóset y lo vacíes. En cuanto cierres la puerta tu hijo volverá a jurar que hay un monstruo ahí metido. Su cara de terror casi siempre te disuade de que quiera tomarte el pelo y atribuirás el episodio a su imaginación.

¿Por qué no dice la verdad?
Quiere vencer el miedo. Aunque el monstruo no habite físicamente en el clóset... ¡el monstruo existe! Es un miedo abstracto que habita en su mente y que él ha conseguido concretar poniéndole nombre y atribuyéndole una forma. Afrontar este miedo es parte de su evolución y crecimiento.

Tu respuesta
Mal  Negar la presencia del monstruo, demostrarle científicamente la inexistencia de brujas o de cualquier personaje terrorífico, contarle cuentos que siempre acaban con un final feliz para que no tenga miedo de los monstruos o reírte de su ocurrencia.

Bien  Buscar con él soluciones. Hacerle preguntas para que él mismo encuentre salidas: «¿Qué podemos hacer para no tener miedo del monstruo?» A lo mejor hoy cerramos con llave el clóset y mañana lo invitamos a salir de él y escuchar un cuento con nosotros. «¿Cómo se llamará? ¿Crees que él también tenga miedo?» Ayudarle a hacerse amigo del monstruo puede ser una gran idea. Estos casos no tienen que ver con falta de honestidad, el miedo es real. Necesita que lo escuches y comprendas.

Marina asegura no haberse comido las galletas cuyas migas decoran la camiseta y la comisura de su boca. El pescado acaba de salir del horno, ¿qué va a pasar ahora con la comida?

¿Por qué no dice la verdad?
Busca que no la castiguen. Marina no ha tenido la madurez suficiente para contenerse. Las vio tan apetitosas... Luego llegó la pregunta: «¡Te has comido las galletas?». Así que ella dijo que no se las había comido, como si así pudiera cambiar la realidad... Y de camino, evitar el castigo.

A esa edad los niños pueden pensar que si dicen que no lo han hecho, no lo han hecho. Es la versión hablada de las «escondidillas»: si no lo veo, no está. Si digo que no lo he hecho, no ha ocurrido. Debes ayudarle a aceptarlo y hacerse responsable de sus actos.

Tu respuesta
Mal «Y si no has sido tú, ¿cómo llegaron esas migajas a tu camiseta?»

Nunca debes poner al niño en posición de mentir o de elaborar una mentira. Aunque las migajas sean una evidencia ante la que se rendiría el adulto, lo más probable es que Marina se invente algo inverosímil. Con  preguntas que acorralan la orillas a entrar en el círculo de la mentira.

Bien Las respuestas efectivas parten siempre de la empatía: «Ay, esas migajitas? tenías mucha hambre, ¿verdad? Bueno, pero la próxima vez te voy a avisar que ya estoy preparando la comida para que sepas que falta poco para la hora de comer y así dejaremos las galletas como postre». Puedes transmitirle que sabes la verdad sin convertirla en mentirosa. Con esta respuesta le estás enseñando a reconocer la verdad sin miedo.

No a los castigos si dice la verdad?
Es importante crear en casa ?un espacio en el que no se castigue reconocer la verdad. ?Si los castigas cuando reconocen lo que han hecho, les estás enseñando a mentir la próxima vez, para protegerse.

Valorar positivamente las palabras?de tu hijo cuando dice la verdad le animará a ser honesto.?

Siempre puedes decir: ?«Me molesté cuando me mentiste. Pero luego me dijiste la verdad, eso me ha gustado y además nos ayuda a resolver el problema que hemos tenido».?

Cuidado con lo que le dices: ¡Se lo creen todo! Si le dices a tu hijo «eres un mentiroso», tienes  muchas posibilidades de que se convierta en mentiroso en el futuro. Si por el contrario, le devuelves  una imagen positiva de sí mismo y le ofreces claves para responder de forma diferente, le estás enseñando el valor de la honestidad.

COMENTA ESTA NOTA
No necesitas estar registrado ni iniciar sesión en Facebook
Si quieres recibir más información