
En el estreñimiento las deposiciones suelen ser muy espaciadas (pueden pasar varios días entre ellas). Pero no es la frecuencia, sino la consistencia de las heces, lo que define el problema: si la popó es grande y dura, hay estreñimiento; si es blanda, aunque las deposiciones sucedan cada varios días, no lo hay. El estreñimiento debe atacarse porque ocasiona dolor y a veces hemorroides y fisuras anales.
El recién nacido
Las primeras deposiciones son negras y pegajosas, y reciben el nombre de meconio. El recién nacido suele expulsar meconio en las primeras 48 horas, y a partir de ese momento hace popó varias veces al día durante varias semanas.
Si no es así; si tarda más de 48 horas o si las deposiciones son poco frecuentes en las primeras semanas, hay que consultar al pediatra, ya que podría tratarse de un problema importante, como la enfermedad de Hirschsprung.
Existe una diarrea falsa que aqueja a niños estreñidos. Como simplemente no pueden expulsar la materia fecal, esta forma una bola dura, como una piedra, que provoca irritación de la mucosa rectal. Esto, a su vez, produce mucho moco. los niños afectados expulsan un poco de excremento líquido mezclado con esa mucosidad, a menudo de manera involuntaria (es lo que los médicos llaman encopresis). los padres pueden creer que su hijo tiene diarrea, pero en realidad padece estreñimiento.
El niño de pecho
Tras el meconio, el niño hace durante unos días «deposiciones de transición», muy líquidas y grisáceo-verdosas, y después las típicas del bebé de pecho: semilíquidas o pastosas, amarillas (amarronadas o verdosas), grumosas (o con hebras de mucosidad) y muy frecuentes (cuatro o más al día).
Después, los bebés que siguen con la lactancia materna exclusiva suelen pasar por una temporada en que no hacen popó cada día. Hacia los tres meses, la mayoría de los niños obran una vez cada dos o tres días, pero muchos cada cinco o siete. Algunos pequeños llegan tener deposiciones hasta con intervalos de 10, 15 o más días. Cuando por fin obran lo hacen normalmente. No es estreñimiento, así que no es necesario darles agua, jugos o medicamentos, ni administrarles supositorios o introducirles el termómetro por el ano.
Para considerar que esa fase de deposiciones poco frecuentes es normal, el bebé debe haber pasado antes algunas semanas (más de seis) evacuando varias veces al día. Si ha experimentado dificultades desde el principio, es necesario consultar al pediatra.
El que toma biberón
Los bebés que toman leche artificial suelen producir heces más duras, con forma. Por lo regular hacen popó cada día, sin pasar por la fase del falso estreñimiento. Cuando un bebé que toma biberón pasa dos o tres días sin obrar, lo más probable es que de un momento a otro expulse heces muy duras.
Si el bebé que toma biberón hace popó muy compacta, es que está estreñido y, conforme pasen los días, esa dureza podrá aumentar. En ese caso, el pediatra puede indicarle un supositorio de glicerina y una leche antiestreñimiento.
Muchos niños que son amamantados no OBRAN cada día, sino cada dos, tres, cinco o 10 días. Cuando lo hacen, las heces son blandas y pastosas, aunque de gran tamaño. Aún estos casos no son de estreñimiento.
Adiós al pañal
La retirada del pañal es otro momento clave en la aparición del estreñimiento. Algunos niños se niegan, durante días o semanas, a obrar en el WC.
En ocasiones hay que ponerles el pañal, esperar cinco minutos y volvérselo a quitar. Puede parecer ridículo, pero es una etapa que transcurre sin mayor problema; en cambio, el estreñimiento puede complicarse. Si tu niño pide el pañal para hacer popó, pónselo. De hecho, si no hace ni lo pide, es conveniente ofrecérselo.
Algunos niños, ya sea porque no les ponen el pañal o porque no se les ocurre pedirlo, pueden pasar días y días sin evacuar el intestino.
La presión de las heces endurecidas puede causar hemorroides y fisuras anales, y el dolor, a su vez, aumentar el miedo a defecar e impulsar al niño a resistirse a ir al baño.
Hay niños que no aceptan ponerse de nuevo el pañal. Es algo muy común cuando han sido presionados para retirárselo mediante argumentos como «el pañal es de bebés». En ese caso, un pequeño puede quedarse atrapado: ni se atreve a sentarse en la taza ni quiere retroceder hacia el pañal. Sencillamente no puede defecar en ningún sitio, por lo que hacerse en el calzón es un avance que amerita, más que regaños, felicitaciones.
Cuando empieza a comer otras cosas
El cambio de dieta produce una variación en la consistencia de las deposiciones. El bebé que toma pecho y sólidos suele hacer popó bastante más blanda que las del que toma biberón y sólidos. Pero incluso ese tipo de excremento es bastante más consistente que el que hacía cuando sólo tomaba pecho. A veces bastan unas cucharadas de comida para que las heces sean más espesas. Y, contrariamente a la creencia general, aun la fruta o la verdura pueden «estreñir» al bebé alimentado sólo al pecho materno.
Ese cambio de consistencia toma por sorpresa al niño. No es que sus heces sean demasiado duras; de hecho, son mucho más blandas que las de un adulto. Pero, acostumbrado a las blandísimas deposiciones de la lactancia materna exclusiva, de pronto tiene que hacer fuerza, y no siempre está dispuesto. Así que se resiste a pasar el mal momento, aunque la popó se vuelva más y más firme.
Si las heces se acumulan, van formando una masa cada vez más compacta, el intestino grueso se dilata e inicia un estreñimiento potencialmente grave.
¿En qué consiste el tratamiento?
Hay que armarse de paciencia, porque cuando el niño lleva semanas eliminando heces duras y con gran esfuerzo, el tratamiento es largo y difícil. Tomar fibra (frutas y verduras, pero sobre todo legumbres y cereales integrales) ayuda, pero puede no ser suficiente. Muchas veces el pequeño tiene el intestino dilatado (megacolon) debido al excremento almacenado, al grado de que se le llegan a sentir bolas debajo del abdomen (fecalomas). Cuando logra obrar, se le forma otra masa por dentro y sigue tan estreñido como antes; ¡su intestino nunca se vacía! ?
Lo primero es descongestionar: el pediatra puede mandar uno o varios enemas para verificar que el intestino quede vacío (hay que usar sólo el enema que recomiende el médico; los remedios caseros pueden ser peligrosos).
Al mismo tiempo, el especialista puede administrar un laxante. Es importante el tratamiento combinado: el laxante fracasará si se topa contra el tapón de materia fecal. Y este se volverá a formar si el niño sigue sin obrar cada día. Es necesario repetir la dosis del fármaco durante varios meses, antes de disminuirla.
Además, es importante explicar al niño que debe obrar en cuanto sienta el deseo de hacerlo, aunque ello le represente un esfuerzo, pues, si se resiste, el problema puede empeorar.