
Errores que se deben evitar cuando proteges a tu bebé del sol.
ERROR.- Bajo la sombrilla no se quema
Aunque pienses que con esto ya es suficiente, nunca (y hay que poner especial énfasis en lo de nunca) se debe dejar a un lado las cremas fotoprotectoras. Y no sólo en la playa: siempre que estén al aire libre.
Puede parecer mentira, pero bajo una sombrilla el niño puede quemarse porque la arena y el agua son potentes reflectores de los rayos solares. Hay que tener cuidado también con dejarlos en colchonetas o balsas inflables de plástico, pues acumulan gran cantidad de calor y puede provocarles deshidratación (ocurre con frecuencia en niños de esta edad). Es conveniente, por esta misma razón, llevar agua y fruta para mantenerlos hidratados.
ERROR.- Con crema protectora se puede quedar bajo el sol
La crema fotoprotectora, aunque indispensable, no es ningún escudo mágico que nos haga inmunes al sol.
De hecho, los menores de cinco años deberían evitar los rayos de sol directos (aun usando bloqueador), pues las defensas naturales de su piel, especialmente antes de los dos años, aún no están desarrolladas. Y siempre deben de usar cremas protectoras que filtren los rayos UVA y UVB: se aplican media hora antes de salir de casa, en cantidades generosas. Se recomienda una proporción de 2 mg de crema por cada centímetro cuadrado de piel, y se repite la aplicación cada dos horas, incluso con más frecuencia si el niño está haciendo ejercicio o sudando.
ERROR.- Nos quedamos a comer en la playa para aprovechar el día
Prohibido quedarse en la playa todo el día: la piel del pequeño apenas está aprendiendo a defenderse y además corre el riesgo de deshidratarse.
Lo mejor es empezar con intervalos de10 minutos los primeros tres días, e ir aumentando gradualmente el tiempo de exposición al sol para que el pequeño se vaya acostumbrando. En todo caso no es recomendable sobrepasar las tres horas.
Y olvidarte de comer en la playa, no sólo por el niño, sino por toda la familia: entre las 11 de la mañana y las 4 de la tarde es cuando los rayos de sol son más intensos y por lo tanto más peligrosos. Aumenta el riesgo de quemaduras y de absorción de rayos UVB que pueden dañar la piel.
ERROR.- Si el niño es de piel morena, no necesita protección
Es cierto que las pieles claras requieren más cuidados y factores de protección más elevados. No obstante, aunque el niño sea moreno, no hay que confiarse, pues los rayos UV e infrarrojos no sólo queman en el momento, también pueden causar problemas de piel a futuro ya que el daño que producen las radiaciones es acumulativo. Por lo tanto, en todos los casos se requiere protección física, como la ropa, y química, como las cremas.
ERROR.- Las medidas de protección son sólo para la playa y las excursiones
En el parque, en las calles, en el bosque... también hay sol. ¿Significa que debemos embadurnar al niño de crema siempre que estemos fuera de casa? No.
Simplemente debes incorporar a tu rutina hábitos saludables y tener sentido común. Por ejemplo, habrá que escoger el lado sombreado de la calle, en las terrazas procurar elegir mesas en las que no se exponga directamente al sol, y en parques y plazas aprovechar la sombra de algún árbol o edificio para descansar o jugar juntos. Asimismo, es bueno convertir las viseras y gorritos en un complemento de uso diario.
ERROR.- En los días nublados no es necesaria la crema protectora
Por lo general, en los días nublados tenemos la impresión de que «no hay sol».
Sin embargo, las nubes solo detienen un 10% de las radiaciones solares, por lo que ni siquiera en estos días se deben dejar de lado las medidas de protección: la crema fotoprotectora sigue siendo imprescindible.
ERROR.- La exposición solar sólo es peligrosa en verano
El sol es más intenso en verano, pero deben tomarse precauciones todo el año, especialmente en primavera. En esta época empiezan a asomar partes del cuerpo que llevan todo el invierno escondidas, la piel está más blanca y la radiación solar es más intensa de lo que parece. También es importante protegerse en invierno en altitudes elevadas y cuando hay nieve. Además, hay situaciones especialmente peligrosas que no todo el mundo sabe que entrañan riesgos: los cristales, por ejemplo, filtran los rayos UVB pero dejan pasar la mayor parte de los UVA. Así que mucho cuidado en el coche o en casa si el niño está cerca de una ventana a la que le está dando directa la luz del sol.
ERROR.- Es bueno que «tome color»
Seguro que, más de una vez, al ver a un niño tostado por el sol has pensado: «¡Qué aspecto más saludable tiene!».
En realidad, el bronceado es un mecanismo de defensa de la piel frente a las agresiones, de modo que es conveniente controlarlo. Protege, pero sólo parcialmente. Es normal que los niños tengan algo de color en las piernas, que han ido tomando poco a poco en los paseos diarios en la carriola, pero es mejor evitar los bronceados a esta edad.
ERROR.- Si el factor de protección es elevado, le puedo poner una crema de adulto
Es importante usar cremas hipoalergénicas especiales para niños, que no sean agresivas y que permitan que su piel transpire.
Debes aplicarles cremas de formulación pediátrica, y preferiblemente que sean resistentes al agua, pues aguantan hasta cuatro bañadas de 20 minutos. Lo mejor es probar primero la crema en una zona pequeña del cuerpo y esperar a ver si causa alguna reacción; si la tolera bien, puedes continuar aplicándola en el resto del cuerpo. En cuanto al factor de protección, la cifra que te recomendamos debe ser de entre 30 y 50.
ERROR.- Desnudo en la arena es como mejor está
Muchos padres creen que sus hijos estarán más frescos en la playa si están desnudos. En realidad, aunque te parezca que hace un calor agobiante, siempre hay que ponerles, como mínimo, camiseta y gorra, incluso cuando los llevas a chapotear y a refrescarse un poco en el agua.
Eso sí, las camisetas, gorritos y bermudas tienen que ser de fibras naturales y transpirables para que el pequeño no se acalore. Y respecto a los colores, si bien los tonos claros son más frescos, en realidad son los oscuros los que más protegen, porque dejan pasar menos radiaciones. Lo más importante a tomar en cuenta es la trama de la tela: cuanto más cerrado sea el tejido, más protección brindará.
Las gafas de sol y los más pequeños
Todos los niños deberían llevarlas. Además de cuidar la delicada piel de alrededor de los ojos, evitan las úlceras corneales e impiden el desarrollo temprano de cataratas. Las mejores son las de cristales orgánicos (que los cristales estén tintados más oscuros no significa que sean más seguras), hay que fijarse en que tengan un filtro de protección UV del 100% (se indica con la etiqueta UV 400) y que no sean demasiado oscuras. La forma también importa: han de adaptarse bien a las redondeces de su cara y tener buena sujeción. Las gafas de juguete de cristales tintados no protegen y además no se aconsejan.
Insolación
Si la piel se enrojece y hay dolor, significa que existe una quemadura solar. En este caso, no hay que aplicar cremas o geles after sun ni aceites, sino una crema muy hidratante. Si el niño está muy adolorido, se puede administrar un analgésico suave. Si además tiene dolor de cabeza, malestar general, e incluso ampollas, posiblemente sufre insolación. En este caso se necesita atención médica, pues corre peligro de deshidratarse.