Dejar el pañal no es fácil
Es un error obligar al niño a controlarse aunque en la escuela no se responsabilicen de cambiarlo.
Dejar el pañal no es fácil
Cada detalle de su crecimiento importa.

Para un pequeño, dejar los pañales puede resultar complicado. El control de la popó se logra a partir de los dos años, y de la pipí entre los dos y medio y tres. La pipí nocturna puede seguir escapándose hasta los tres años y medio. Sin embargo, el 20% de los niños aún necesita pañal por las noches cuando alcanzan los cuatro años. Pero si llegan al quinto cumpleaños sin lograrlo, se puede hablar de un trastorno. Dentro de esos márgenes, caben las variaciones y los comportamientos más diversos. Tanto de los niños como de los padres. Veamos algunos ejemplos:

 

Hay que contar con el niño


Quitar los pañales no puede ser una decisión unilateral, sino compartida entre los padres y el niño. El pequeño no puede ser tratado como una marioneta, él debe ser consultado para dar su consentimiento. Porque, en definitiva, es él quien decide en último término controlarse o no controlarse. Cambiar el hábito de hacer sus necesidades donde, cuando y como le venga, supone toda una novedad y un esfuerzo. Por ello, debes debes de ser afectuoso y paciente, ya que en una primera etapa habrá «accidentes» e incluso retrocesos.

 

No a los regaños y forcejeos

Lo mejor es no ejercer ningún tipo de presión sobre el niño. Habrá que seguir con los pañales si es necesario, decirle que lo vas a dejar para más adelante y centrarte en otros aspectos de tu relación con él, procurando que esta sea normal y agradable, sin mencionar para nada el tema de la popó o pipí. Después de un tiempo puedes preguntarle si quiere intentarlo de nuevo. Si lo intenta pero no hay buenos resultados, ¡no lo regañes! mejor motívalo. De lo contrario, su relación se desgastará y las cosas se pueden complicar aun más.

 

Control es precoz

Aunque es una situación poco frecuente, no sería negativo siempre y cuando no se haya producido como consecuencia de una coacción. Porque a no ser que se trate de un caso extraordinario de maduración, que a veces se da en pequeños superdotados, este control de esfínteres habrá sido a costa de violentar su evolución natural, ya que a esa edad el  desarrollo neuromuscular de los niños es insuficiente.

 

En la escuela no lo cambian

Este es un problema sin resolver en el sistema educativo, ya que a esa edad hay un número importante de niños que aún no controlan sus necesidades. La solución queda a la buena voluntad del colegio o a la iniciativa y capacidad de organización de los padres, que pueden contratar a alguien que se ocupe del asunto o bien alternarse para que un padre se ocupe de estar «de guardia» y acudir a solucionar las emergencias que se produzcan.

 

¿Volver a ponerle los pañales?

La opinión de que una vez retirado el pañal no hay que volver a ponerlo jamás es muy rígida. Debe primar el sentido común y el bienestar de la familia. Si hay fugas a diario, no hay razón para no volver a los pañales si el pequeño los tolera bien, incluso por el día si es necesario, y hasta el cuarto cumpleaños o algo más. Aunque no sea lo más común, tampoco debe tomarse como una situación o conducta anormal. Dejar el pañal es una de las transiciones más difíciles para los pequeños. Por ello hay que mostrarse  afectuosos, persuasivos y pacientes.

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