
Hace unos meses, al cumplir dos años y coincidiendo con el inicio de la guardería, empecé a quitarle los pañales a mi hijo. Desde ese día dejó de hacerse popó, un par de meses más tarde controló la pipí, y al poco tiempo dejó de utilizar el pañal por la noche. Hoy puedo decir que todo aquello de los pañales es historia», cuenta una madre.
Idílico, ¿verdad? ¿En cuantos casos las cosas son tan fáciles? No hay estadísticas precisas, pero se puede asegurar que en un gran número de niños las cosas no funcionan de esta manera. Los retrasos, retrocesos, manías, forcejeos, noches en vela... están a la orden del día.
Hay pautas que te pueden orientar sobre a qué edades los niños van logrando las conquistas sucesivas en el control de sus necesidades corporales.
El control de la popó se logra en torno a los dos años, y el control diurno de la pipí entre los dos y medio y los tres años. La pipí nocturna puede seguir escapándose hasta los tres o tres años y medio. Pero hay niños que logran el control un poco antes o un poco después, eso está dentro de lo normal y no son raros los retrasos por las causas más diversas. Es más, hay 20% de niños que aún necesitan pañales por las noches cuando alcanzan los cuatro años. Pero si llegan al quinto cumpleaños sin lograrlo, se puede hablar de un trastorno. Dentro de esos márgenes, caben las variaciones y los comportamientos más diversos. Tanto de los niños como de los padres. Veamos algunos ejemplos:
Hay que contar con el niño
«Como mi hijo cumple ahora dos años y he leído que este es el mejor momento, he decidido quitarle los pañales la semana que viene».
Quitar los pañales no puede ser una decisión unilateral, sino compartida entre los padres y el niño. El pequeño no puede ser tratado como una marioneta, él debe ser consultado para dar su consentimiento. Porque, en definitiva, es él quien decide en último término controlarse o no controlarse. Cambiar el hábito de hacer sus necesidades donde, cuando y como le venga, supone toda una novedad y un esfuerzo. Y eso sin contar con que no todos los niños están fisiológicamente maduros para ello a la misma edad.
Pistas que indican cuándo puede ser el momento adecuado: que el niño empiece a comprender palabras como «ahora» y «después» (para poder avisar a tiempo cuando quiera hacerlo) y que nombre sus excrementos como «pipí» y «popó». También es bueno que muestre incomodidad cuando esté mojado, que le moleste el pañal, que quiera quitárselo o que avise cuando esté mojado para que se lo cambies.
Cómo hay que hablarlo con el niño: «¿Quieres que te quitemos los pañales y hacer pipí y popó en el escusado ahora que ya eres más grande?». Si no quiere, hay que dejarlo para más adelante, aunque conviene empezar antes de los tres años. Si el niño está de acuerdo pero no pide por sí mismo hacer en el baño, se le puede poner en él, sólo si lo acepta, algunas veces al día (de dos a cuatro), sin tenerlo mucho tiempo en caso de que no haga nada. Hay que ser afectuosos y persuasivos y tener paciencia, ya que en una primera etapa seguramente habrá «accidentes» e incluso retrocesos.
No a los regaños y forcejeos
«El tema de la popó ya se ha convertido en una guerra ?entre mi hijo y yo, porque parece que quiere tomarme el pelo. ?Se aguanta, no quiere ponerse en la taza del baño, hace popó cuando no debe, yo le grito, él llora...».
Lo mejor en estos casos es conceder una generosa prórroga. Por unas semanas, incluso unos meses, conviene olvidarse del tema (pero de verdad) y no ejercer ningún tipo de presión sobre el niño. Habrá que seguir con los pañales si es necesario, decirle que lo vas a dejar para más adelante y centrarte en otros aspectos de tu relación con él, procurando que esta sea normal y agradable, sin mencionar para nada el tema de la popó (o la pipí, o ambos, según el caso). Pasado un tiempo prudente puedes preguntarle si quiere intentarlo otra vez, pero sin apremio ni impaciencia, e intentarlo sólo si ves que está conforme y va a cooperar de buen grado. Si no, es mejor volver a esperar un tiempo más. A primera vista este procedimiento puede parecer largo o incluso una marcha atrás, pero en realidad es el camino más corto. Si se sigue forcejeando con el niño, la relación con él se desgastará y lo más fácil es que las cosas se compliquen cada vez más y vayan a peor.
Cuando el control es precoz
«Mi hijo empezó a intentar controlarse cuando cumplió un año. Ahora tiene 18 meses y ya no usa pañal».
Este control precoz, aunque algo extraño y poco frecuente, no sería negativo siempre y cuando no se haya producido como consecuencia de una coacción (regañarlo, avergonzarlo o presionarlo de alguna otra manera, aunque sea solapada). ?Porque a no ser que se trate de un caso extraordinario de maduración, que a veces se da en pequeños superdotados, este control de esfínteres habrá sido a costa de violentar su evolución natural, ya que a esa edad el desarrollo neuromuscular de los niños es insuficiente.
En la escuela no lo cambian
«Dentro de un mes mi hijo cumple tres años y además empieza la escuela. Estoy desesperada y no sé qué hacer, porque aún no controla sus necesidades y en la escuela no se hacen responsables de limpiarlo ni cambiarlo».
Este es un problema sin resolver en nuestro sistema educativo, ya que a esa edad hay un número importante de niños que aún no controlan sus necesidades. La solución queda a la buena voluntad del colegio o a la iniciativa y capacidad de organización de los padres, que pueden contratar a alguien que se ocupe del asunto o bien alternarse para que un padre se ocupe de estar «de guardia» y acudir a solucionar las emergencias que se produzcan.
Juega con las heces, las toca con las manos, se embadurna.
«Mi hija ha cogido la desagradable costumbre de jugar con sus excrementos, los toca con las manos y se embadurna con ellos. Yo le digo que está feo, la regaño ?y me enojo, pero no sirve ?de nada. No sé qué hacer».
Esta es otra de las «manías» que adquieren a veces los niños. El mejor camino para que ese hábito desaparezca es no mostrar enfado, es decir, no demostrar que ese comportamiento te afecta. Lo mejor es limitarse a limpiar al niño sin hacer ningún comentario. Reconocemos que puede ser difícil lograrlo, pero si consigues mostrar una total indiferencia cada vez que ocurre, eso ayudará a que el comportamiento desaparezca en un tiempo prudente. Hace falta mucha sangre fría, pero cuando con otro tipo de reacciones no se ha conseguido nada, es mejor probar con este otro sistema y hacerlo a conciencia, con constancia y sin excepciones. Paralelamente, es bueno elogiar al niño cada vez que haga popó correctamente y sin ensuciarse.
Dejar el pañal es una de las transiciones más difíciles para los pequeños. Por ello hay que mostrarse afectuosos, persuasivos y pacientes.
¿Volver a ponerle los pañales?
«Hacía unos meses que mi hijo había dejado de hacerse pipí por ?las noches y le quitamos los pañales, pero al cabo de un tiempo volvió ?a orinarse. Hemos leído que después de quitar los pañales ya no ?hay que volver a ponerlos porque supone un retroceso. ¿Es así?».
La opinión de que una vez retirado el pañal no hay que volver a ponerlo jamás parece innecesariamente rígida. Debe primar el sentido común y el bienestar de la familia. Si hay fugas a diario, no hay razón para no volver a los pañales si el pequeño los tolera bien, incluso por el día si es necesario, y hasta el cuarto cumpleaños o algo más. Aunque no sea lo más común, tampoco debe tomarse como una situación o conducta anormal.
Se esconde y sólo lo hace en el pañal
«Nuestra hija no quiere ni oír hablar de hacer la popó en la taza, tiene que ser en los pañales y además escondiéndose en un rincón».
Algunos niños tienen manías con la popó, y eso no significa que tengan un trastorno, siempre que no pasen de los cuatro años. No tiene importancia que durante un tiempo haya que ponerles un pañal para hacer popó. Es preferible eso a que el asunto se cargue de tensión y acabe por complicarse y alargarse innecesariamente. Otras pequeñas manías, como esconderse o hacerlo en la taza pero con el pañal puesto, deben ser tomadas como etapas de transición que, si se tratan con paciencia, normalidad e indulgencia, acabarán pasando.