La adicción al celular de los padres, ¡causa daños importantes en los niños!
La tecnología llegó y nos rebasó y esto trae consecuencias nada gratas en nuestro papel como padres. Te decimos por qué.
La adicción al celular de los padres, ¡causa daños importantes en los niños!

En un artículo de la pediatra Jenny Radesky del Boston Medical Group, señala que el uso desmedido de teléfonos celulares por los padres está afectando la relación con sus hijos. Radesky indica que tras décadas de investigación, se ha concluido que las interacciones cara a cara de padres con los hijos, desde sus primeros días de vida, son muy importantes para el aprendizaje, comportamiento y desarrollo emocional. A través de esa  interacción directa, los niños pequeños desarrollan no solo el lenguaje, también aprenden sobre sus propias emociones y cómo regularlas. Al observarlos, aprenden a cómo tener una conversación y a cómo leer las expresiones faciales de los demás y, eventualmente, a ser mejores comunicadores.

 

También encontró que los niños de los padres que estaban más absortos en sus celulares eran más propensos a portarse mal para llamar su atención y también los padres estaban más irritables.

 

La psicóloga Catherine Steiner-Adair, autora del libro 'The Big Disconnect', advierte que cuando los padres dan más prioridad a sus dispositivos móviles que a sus hijos, pueden haber consecuencias emocionales profundas para el niño, ya que lo interpretan como que no son lo suficientemente importantes o interesantes para sus papás, se sienten rechazados y esto afecta la relación con los padres, la autoestima y su desempeño social.

 

Según explica el Dr. Jack Shonkoff de Harvard cuando un bebé escucha a la gente a su alrededor hablándole por unos meses, al poco tiempo comienza a responder con sonidos, balbuceos, o chillidos.  Shonkoff destaca que la importancia de hablar y escuchar a los niños no debe disminuir en la medida que crecen, sino al contrario, debemos seguir interactuando de forma más afectiva y poner reglas en casa para limitar el tiempo que los niños dedican a ver la tele, jugar videojuegos o con la computadora, ya que estas actividades no estimulan el área del lenguaje del cerebro de la misma manera que una conversación cara a cara.