
Estas son algunas de las preguntas que ustedes, nuestros lectores nos hacen llegar a la redacción de Padres e hijos con frecuencia; señal de que preocupan a gran parte de los padres. Aunque los especialistas consultados no se atreven a afirmar rotundamente que «la familia feliz es una utopía» sí están de acuerdo en señalar que es difícil definir el término, ya que actualmente el núcleo familiar que consideramos «tradicional» (padre, madre e hijos) convive cada vez más con familias monoparentales o segundas familias reconstruidas con hijos de otros matrimonios. Por lo tanto, hemos querido saber cómo debemos actuar con nuestros hijos en cada situación particular para lograr que se sientan queridos y aprendan a respetar las normas. Enseguida compartimos con ustedes los consejos y recomendaciones de expertos en la materia.
Hay parejas divorciadas que sencillamente no se soportan o les desagrada estar juntos. Si no quieren hacer infelices a sus hijos deben hacer al menos el esfuerzo de respetarse, de firmar una «tregua» en lo que respecta a la educación de estos, de colaborar y no desautorizarse mutuamente. Si lo consiguen, el hecho de que no salgan juntos con sus hijos no es tan importante.
Luciano Montero, psicólogo.
Ausencia del padre
Cuando el papá de Irene se fue a vivir a otro país, su madre y ella pensaron que su familia estaba totalmente rota, que los niños la mirarían rara porque no tenía padre.
Ahora, transcurridos dos años, reconoce que no se siente diferente y que sí tiene una familia completa. Su tío y los amigos de su madre ocupan esa parcela paterna que ella pensó que quedaría vacía para siempre. Además ella está en contacto con su padre.
Y es que el caso de Irene no tiene nada de extraño. Cada vez son más las familias monoparentales, por divorcio o decisión propia, y eso no implica que los niños vayan a sentirse desamparados, ni mucho menos. Para Paloma Ágora, madre, pedagoga y profesora de Educación Infantil, «lo importante es que los miembros de la familia (sea como sea) se sientan a gusto unos con otros, y perciban que cada uno de ellos es importante para los demás. La vida en familia, con pareja, implica un nivel de compromiso importante por lo que es lógico que muchas veces algún miembro pueda sentirse no correspondido y genere una "felicidad forzada", negativa para los niños y los padres».
En la misma línea de pensamiento se mueve Jesús Pérez Cazorla, psicoterapeuta, especializado en programas de intervención social. Considera que «todas las familias tienen fuentes de satisfacción y de dificultad» y que la clave de su éxito está en cómo se construyen. «El hecho de vivir en pareja no implica que la educación de los niños vaya a ir sobre ruedas. Supone un esfuerzo constante y una responsabilidad fu
Familia clásica
Andrés y Rosa María son una pareja estable con tres hijos de entre 11 y cuatro años. Todas las mañanas salen a trabajar muy temprano y regresan a las cinco de la tarde, por lo que tienen que pagar a una niñera para que lleve a los niños a la escuela y los recoja. Cuando llegan, se encuentran con los deberes de la casa, las tareas, la cena, bañarlos.
Aunque ambos colaboran en las tareas, el cansancio puede con ellos y discuten con frecuencia sobre qué deben y qué no deben hacer los pequeños. Rosa María afirma: «No tenemos tiempo para nada y nos duele ver cómo nuestros hijos van creciendo sin que podamos estar a su lado. Procuramos hacer la tarea con ellos o leer un cuento a la pequeña antes de dormirse, pero creo que no es suficiente. ¿Y si piensan que los tenemos abandonados?»
Los especialistas afirman que existen cuatro pilares básicos en la educación y que, si se siguen, las posibilidades de triunfo son altas:
Deben sentir atención en la familia. Cuando los niños conviven poco con sus progenitores, buscarán fuera de casa un referente. Sentirse queridos en el núcleo familiar les hará sentirse seguros.
Deben tener unas reglas claras. Permiten construir una convivencia ordenada y les enseña a asumir el hecho de vivir en sociedad. Les ayuda a ganar seguridad al saber reconocer los límites y les indica el camino en la vida: «hasta dónde y por dónde puedo ir».
Deben tener tiempo para el juego. Establece vínculos satisfactorios ?y genera complicidad y confianza.
Deben tener una comunicación abierta. Lo ideal es platicar un rato cada día con ellos, algo que a veces se hace difícil a causa de las muchas obligaciones diarias que tenemos. Podemos compartir el momento de la cena, cuando suelen estar todos los miembros de la familia en casa, y pasar de encender la televisión o comer cada uno en horario diferente. Estar ahí no es suficiente. Los niños deben estar seguros de los sentimientos que los otros tienen hacia ellos. No sentirse reconocidos y valorados puede mermar su autoestima.erte para casi t
«Para educar hijos felices, y que los padres ejerzan felizmente su paternidad y maternidad sea cual sea su situación, la primera condición es que los niños sean deseados y queridos. El amor es la base de todo. En segundo lugar, es necesario que los padres se respeten y no se desautoricen entre sí. En tercer lugar, que sepan combinar el amor a sus hijos y el respeto a la individualidad de estos con el establecimiento de normas».
Luciano Montero, psicólogo.
Juan se pasa el día trabajando fuera y cuando llega a casa está agotado, por lo que su mujer ?intenta que los niños no lo molesten demasiado. Pero eso está mermando la salud física y mental de ella: ?médicos, colegio, tareas son responsabilidad suya y se siente agotada y, a veces, frustrada, porque su idea de familia era compartirlo todo. Las discusiones por este tema son cada vez más frecuentes entre la pareja.
Los expertos lo tienen claro. Es crucial que los padres compartan responsabilidades, que tanto el padre ?como la madre tengan una vinculación directa con sus hijos, sin que uno tenga que mediar en la relación entre ellos y el otro progenitor. Según el psicoterapeuta, «la madre ha sido tradicionalmente quien ha mediado en la relación con el padre. El padre hacía de ogro mientras la madre intentaba suavizar la situación. Pero no debe ser así. Si los dos imponen las normas, los dos deben hacer cumplir los límites y sus consecuencias».
Además, afirma que cada uno debe disponer de su espacio propio con los niños, que se repartan ?la atención hacia ellos. «No hace falta que lo hagan todo juntos. Hay actividades en que pueden estar ?los dos y otras que pueden estar solo con el padre o la madre».
Lo que sí es importante es que ambos progenitores pongan los problemas en común y busquen ?las soluciones, establezcan las normas, los límites y los premios entre los dos.oda la vida (al menos hasta que abandonen la casa familiar)».
Familia monoparental
Ana se quedó viuda hace dos años con un hijo de tres en una ciudad ?grande (el Distrito Federal), sin apoyo familiar. Según su testimonio, ?al principio procuraba hacer el papel de madre y padre, trabajar ?y pasar el mayor tiempo posible con el niño. Pero no pudo mantener ?ese ritmo durante mucho tiempo.
«Llegó un momento en el que me sentía desbordada y como yo no soy muy lúdica, cuando intentaba jugar con mi hijo David, como solía hacer su padre, me resultaba forzado y lo hacía sin muchas ganas».
Los expertos señalan que la fórmula de educación es la misma que en pareja, aunque sí es cierto que hay que saber cómo subsanar ciertos problemas propios de este tipo de familia, con poca ayuda exterior.
Buscar apoyo. Las madres o padres solteros o viudos deben intentar vivir en un lugar donde tengan tejido social, es decir, tengan amigos de mucha confianza o padres. De esta forma se sentirán auxiliados cada vez que lo necesiten, que cuando se tienen hijos, resulta ser muy a menudo.
No intentar abarcar el rol masculino y femenino. Es un error que una misma persona intente cubrir los dos roles. Por un lado, agota y, por otro, confunde a uno mismo y al pequeño. «Si quieres que tu hijo cuente con un referente masculino, en tu red social habrá algún tío o amigo con el que podrás compartir actividades», comenta Jesús Pérez Cazorla. Y es que, «aunque la educación es responsabilidad exclusiva del padre o la madre, es importante sentirse apoyado o apoyada».
Facilitar la comunicación. Muchos padres sienten miedo de que sus hijos terminen teniendo más confianza con otras personas que con ellos mismos. Si esto ocurre es porque la comunicación con los hijos está bloqueada, o porque no se les da a los niños la oportunidad de expresarse o no se les escucha.
No pretender ser Superman ni Superwoman. No tenemos que hacerlo todo solos, ni es mejor padre o madre el que pasa más tiempo con sus hijos, sino el que sabe disfrutar de momentos de calidad con ellos, aunque sean cortos.
Existen tareas que hay que delegar y enseñar a los hijos para que vayan asumiendo responsabilidades acordes a su edad: desde recoger sus juguetes, hacer la cama a vaciar la bacinica (si aún es pequeño). Lo importante es ver a qué cosas se puede llegar y a cuáles no.
El secreto está en no dedicar a los hijos el tiempo «que sobre», sino tomar conciencia de la importancia de hacer sitio en la agenda. No sólo se trata de jugar, se puede comer o cenar juntos, compartir un paseo, un cine, un teatro infantil... Podemos llevarlos con nosotros a lavar el coche, a la peluquería o a una librería. Se trata de disfrutar con ellos y buscar actividades para compartir. Es todo cuestión de querer.
Jesús Pérez, psicoterapeuta.
En el caso donde haya una nueva pareja, esta no debe pretender ser el padre o la madre, porque esos niños ya los tienen. Debe atenerse a su papel, que es estrictamente ese, el de la nueva pareja del padre o la madre, incluso si la pareja llega a convivir con los niños bajo el mismo techo. Es lógico que trate de ganarse a los niños y lo ideal es que logre una buena relación con ellos, pero eso es algo que no puede forzarse. Eso sí, los niños deberán respetar a esa persona y concederle un grado razonable de autoridad si viven juntos, y eso es su propio padre o madre quien debe aclarárselo.
Familias de nueva creación
Raquel se divorció del padre de sus dos hijos hace seis años. Después de más de un año saliendo con otro hombre, padre de otra niña, han decidido irse a vivir juntos.
Raquel reconoce que la relación con su «ex» es mala y tiene miedo a que las cosas se estropeen, y que si la nueva pareja no funciona, los niños se sientan abandonados. «¿Debo esperar aunque quiera volver a ser feliz? ¿Será posible educar bajo el mismo techo a niños de padres diferentes?», se pregunta.
Es cierto que la situación se complica cuando se forman parejas con hijos de anteriores relaciones. Si conviven juntos, las normas deberán funcionar igual, pero hay que tener también en cuenta la relación de los niños con sus padres o madres que no están en la casa. Es importante que cada persona negocie con su «ex» cómo educar a los niños y no meterles en los chantajes que pueden generarse en una separación.Convivencia civilizada. Es necesario que los padres de niños menores, aunque estén divorciados, mantengan una comunicación abierta, porque esa persona va a ser padre o madre para toda la vida. Por eso lo mejor sería llegar a una separación civilizada, que permitiera una relación cordial (no necesariamente amigable). Tener un encuentro común con los pequeños (al menos una vez al año) hace que los menores se sientan bien, no como «personitas entre dos frentes, pues sólo crearán estrés en los menores».
Una relación estable. Cuando un padre o madre decide irse a vivir con una persona, debe tenerlo muy claro. No puedes introducir a alguien en la vida de tus hijos y echarle de ella a los pocos días. Esto le produciría a los niños gran inestabilidad y por supuesto, angustia.
Involucrarse en la educación. Antes de formar una nueva familia, la pareja debe acordar cómo se va a gestionar la convivencia con los hijos de ambos. Igual que en una familia tradicional, no deben existir fisuras en ningún momento ni se debe desautorizar. Además, hay que ver si la pareja está dispuesta a asumir el rol de padre o madre o sólo la de figura tutelar.
¿Dos padres y dos madres? Para que los niños no se sientan confundidos entre los papeles de padre/madre natural y tutor en casa (ejerciendo el mismo rol) es necesario que la nueva pareja refuerce en todo momento la vinculación con sus padres naturales, y que entiendan que tú también les quieres y participas en sus actividades porque te preocupas por ellos. Es una situación compleja, y no todas las personas están dispuestas a asumir ese rol.
Los padres divorciados deben tener una buena comunicación y evitar poner a sus hijos en situaciones que los hagan estar entre la espada y la pared.
Para la pedagoga y profesora de Educación Infantil Paloma Ágora, lo importante para que un niño sea feliz en su familia, y triunfar en su educación, «no es el hecho de que la familia sea convencional, monoparental o de nueva creación. Lo que marca la diferencia, y puede hacer que un niño se sienta mal y falto de apoyo, es el hecho de no sentirse parte de ella, querido y valorado».
Además, según sus palabras, «los padres a veces nos estresamos, y lo reflejamos en nuestros hijos, porque no nos dedicamos tiempo a nosotros mismos, a elaborar los procesos personales por los que vamos pasando como pareja y como jefes de familia. En cualquier caso, es fundamental disfrutar de un tiempo libre y de ocio, tanto en pareja como individualmente. Ser capaces de mantener esto, una vez que se tienen hijos, es difícil y en la mayoría de las ocasiones lo descuidamos, lo que nos lleva a la frustración y la infelicidad. Los padres han de ser ingeniosos para mantener a salvo a su pareja y continuar evolucionando con ella y con los hijos».