
Ha cumplido un año y puede comer de todo. Ya lo dicen los pediatras: hay que sentar al pequeño en la mesa y ofrecerle la misma comida que el resto de la familia. «Pero, ¿lo mismo, exactamente?», se preguntan muchos padres. Sobre todo si su dieta incluye esos productos «alternativos» que cada vez más llenan los estantes de los supermercados: soya, alfalfa, yogures probióticos, tofu... ¿Y qué pasa si somos vegetarianos? ¿Puede serlo también nuestro hijo?
La respuesta a todas estas preguntas es sí. Pero lo importante, dicen los especialistas, no es que los pequeños tomen estos productos, sino que lleven una dieta variada y equilibrada. La mayoría de estos alimentos no son imprescindibles en sus dietas, pero eso no quiere decir que no sean buenos. Te contamos cuándo y cómo puedes ofrecérselos a tu hijo.
No son alimentos indispensables. Si en casa los toman, perfecto, pero si no, no hace falta incluirlos en su dieta.
Soya y derivados
«Tomamos licuados con leche de soya desde hace un año porque dicen que tiene menos grasas. ¿Es cierto? ¿Podemos dárselo a nuestra hija en vez de la leche de vaca?»
Sí, se puede optar por la leche de soya en lugar de la de vaca sin que ello perjudique el desarrollo del niño, pero conviene que esté enriquecida con calcio y vitamina B12. La leche de soya es una fuente excelente de aminoácidos esenciales, es decir, esos que nuestro cuerpo no puede generar por sí mismo y que sólo puede obtener a través de los alimentos. Son muy importantes porque facilitan la renovación de tejidos. O dicho de otra forma, nos ayudan a crecer. Por eso son tan benéficos para los pequeñines que no toman leche de vaca.
Además, la leche de soya tiene otras propiedades: la calidad de sus proteínas es buena y prácticamente equivalente a las de origen animal, su distribución de grasas es muy saludable ya que carece de colesterol, posee una buena proporción de grasa poliinsaturada (la llamada «buena», que tiene muchos efectos positivos, por ejemplo, actúa como antiinflamatorio) y tiene antioxidantes y determinadas vitaminas del grupo B. Conviene, en cualquier caso, escoger bebidas de leche de soya enriquecidas con calcio y vitamina B12, ya que dichos nutrientes son importantes para el óptimo desarrollo de los pequeñines.
Lo fundamental es comprobar la tolerancia del niño a la bebida de soya, ya que en ocasiones puede provocar reacciones adversas por una introducción demasiado precoz. En menores de un año conviene que las bebidas de leche de soya sean «de farmacia», es decir, formulados para cubrir las necesidades especiales en esa delicada franja de edad. Además es importante agitarlas bien, antes de consumirlas porque el calcio agregado a veces se deposita en el fondo del recipiente.
Germinados
«Los viernes comemos en casa de mi hermana y para acompañar los alimentos suele servir ensaladas con germinados como semillas de alfalfa y trigo. ¿Qué son? ¿Puede comerlos mi hijo?»
Las semillas germinadas son los brotes que han empezado a crecer gracias al contacto con el agua, el aire y el calor. Cualquier semilla, salvo la de tomate o la papa, puede germinarse y utilizarse como alimento. Entre las más consumidas se encuentran las de alfalfa, cebada y también semillas de legumbres, como las lentejas. Se comen en crudo y, según los especialistas en nutrición, son extraordinarias por su capacidad para fortalecer las defensas y su alto contenido en nutrientes.
Por eso podemos incluirlas, con moderación, en la dieta de los más pequeños sin ninguna contraindicación. Eso sí, no son productos fundamentales en su dieta. Si en casa los consumimos, está bien. Per si no, no hace falta que se los ofrezcas.
Alergias e intolerancias
En muchas ocasiones, los problemas de alergias e intolerancias se deben a que se introduce un determinado alimento demasiado pronto. Los síntomas aparecen al poco tiempo y generalmente la primera señal de alarma será una diarrea. En otras ocasiones se producen catarros crónicos o problemas en la piel como la dermatitis, sobre todo en el caso de la leche de vaca. Sin embargo, a medida que el niño va creciendo se reducen las posibilidades de aparición de este tipo de alergia. Es importante, en cualquier caso, un buen diagnóstico y un correcto asesoramiento por parte de expertos.
Alimentos enriquecidos, productos de dieta y bajos en colesterol
«Mi esposo tiene alto el colesterol y por eso compramos galletas y margarinas bajas en este lípido y también quesos y leches light. ¿Podemos dárselos a nuestro hijo?»
Aunque no resultan nocivos para los pequeños, los especialistas aseguran que ni los alimentos enriquecidos ni los productos bajos en colesterol o lights son necesarios. El argumento es que los pequeños necesitan una dieta balanceada y, si la siguen, no tiene sentido introducir este tipo de productos.
«Es una forma de traspasar a los niños los problemas de los adultos, problemas que aún no tienen», explica el nutriólogo Joseba Koldo Apesteguía. «Los padres deberían comenzar por cambiar sus hábitos nocivos y así dar ejemplo a sus hijos. Eso supone un esfuerzo para los adultos, pero este sacrificio tiene una serie de claras recompensas en la salud propia y en la de sus hijos. En el presente y sobre todo en el futuro», asegura.
Alimentos integrales
«Mi médico me ha recomendado sustituir el arroz y el pan de siempre por el integral. ¿Son también benéficos estos productos para los niños?»
Sí, les aportan más vitaminas, minerales y fibra que los que han sido refinados, es decir, los que han sido sometidos a procesos especiales para su conservación. Un alimento es integral cuando se encuentra en su estado natural y, por tanto, conserva todas sus características nutricionales originales. Por eso, tanto el arroz como el pan integral tienen más propiedades que los arroces o panes blancos o «normales».
El problema es que la mayoría de los productos que se venden en el supermercado como integrales no lo son al cien por ciento: a muchos panes que se venden como integrales tan sólo se les ha añadido salvado y, según los especialistas, muchos arroces publicitados como integrales se encuentran a medio camino entre el arroz blanco y el integral. Para estar seguros de que son integrales en su totalidad hay que comprar los de origen orgánico en tiendas naturistas o especializadas.
Sin embargo, no todos los niños toleran bien los productos integrales, sobre todo si tienen el intestino delicado o si son menores de un año. De ahí que se puedan incorporar a su dieta, pero no en grandes cantidades y siempre vigilando la reacción del pequeño. Si tiene algún síntoma que te llame la atención después de comer, como diarrea, es que su cuerpo aún no está preparado para digerirlo bien.
Algunos problemas de alergias o intoleracia se deben a que se introdujo un determinado alimento demasiado pronto.
Probióticos
«Últimamente, en el supermercado veo muchos productos en los que se resalta que tienen probióticos. ¿Qué son y en qué alimentos se encuentran? ¿Son buenos para los niños?»
Se encuentran en yogures, leches, postres lácteos... En realidad, son un tipo de microorganismos vivos que contienen ciertos alimentos y que resultan benéficos para el organismo porque ayudan a regenerar la flora intestinal. ¿Por qué? Debido a que los probióticos aumentan las defensas.
En concreto, estos microorganismos actúan inhibiendo el crecimiento de bacterias patógenas, producen mayor cantidad de ácido láctico, reducen la permeabilidad intestinal, aumentan la concentración de Inmunoglobulina «A» y linfocitos «T» (encargados de aumentar las defensas del organismo) y eliminan con más rapidez determinados tipos de virus.
No son, en cualquier caso, la panacea, y estos beneficios pueden obtenerse con una dieta equilibrada. De cualquier manera los especialistas indican que lo ideal es no introducir proteínas lácteas hasta el año de vida. Esto incluye los derivados lácteos. Es decir, lo mejor es que la leche que tome el bebé hasta los doce meses sea la de su mamá.
Alimentación vegetariana
«Mi marido y yo no comemos ni carne ni pescado. ¿Puede nuestro hijo seguir una dieta vegetariana o le influirá negativamente en su desarrollo?
La respuesta de los especialistas en nutrición infantil, como la Academia Americana de Pediatría, es clara: las dietas vegetarianas, lacto-vegetarianas (incluyen la leche) y ovo-lacto-vegetarianas (permiten la leche y el huevo además de los vegetales) cubren las necesidades de bebés, niños y adolescentes y promueven un crecimiento normal siempre que estén bien diseñadas.
Cuando los bebés vegetarianos reciben cantidades adecuadas de leche materna o de fórmula y sus dietas contienen buenas fuentes de energía y nutrientes como hierro, vitamina B12 y vitamina D, el crecimiento a lo largo de la infancia es normal.
Solo las dietas extremadamente restrictivas, como la frugívora (a base de frutas) o crudívora (apoyada en frutas y vegetales crudos lo menos pelados posibles), se han asociado con un deterioro en el crecimiento. Por tanto, no pueden recomendarse para bebés o niños.
En cuanto a la introducción de alimentos sólidos, es la misma para bebés vegetarianos que para bebés no vegetarianos. Así, cuando llega el momento de introducir alimentos ricos en proteínas, los bebés vegetarianos pueden tomar tofu machacado o en puré, legumbres (en puré y tamizadas, si es necesario), yogur de soya o de leche de vaca u otros derivados de la soya, yemas de huevo cocidas y queso cottage o requesón, aunque siempre se debe priorizar la leche materna (o la de fórmula, en su defecto).
Más tarde, pueden introducirse otros productos como cuadritos de tofu, queso de vaca o de soya y pequeñas piezas de hamburguesas de soya. Los alimentos ricos en energía y nutrientes como las cremas de legumbres y el aguacate machacado, por ejemplo, pueden incorporarse en cuanto el niño es más grandecito y toma una mayor cantidad de leche materna.
Con un año el niño puede comer de todo. Lo fundamental ?es que su dieta sea equilibrada.