Ser Familia
Del dicho al hecho
Cuando nace el bebé algunas madres descubren que la maternidad es diferente a lo que pensaban.
Del dicho al hecho
Son todos unos angelitos.

Q uién no se ha prometido a sí misma, cual Scarlett O?Hara, metas del tipo: «Cuando sea madre, nunca le gritaré a mi hijo» o «seré una amiga más». Todos ellos son, sin duda, propósitos muy loables (aunque planificados en abstracto, cuando el niño no ha nacido); sin embargo, en la mayoría de los casos, las madres se topan con pared con la realidad cotidiana que supone la crianza de un hijo.

Para evitar el desfase entre proyectos y realidades, lo mejor es no adelantarse a los acontecimientos y construir, paso a paso, el camino de la maternidad.

¿La razón? La explica la psicóloga Laura García Agustín: «Esto ocurre porque se trata de anticipaciones, conjeturas sobre algo que aún no ha sucedido y, por lo general, la realidad supera a la imaginación. ¿Dónde han ido a parar todos los idílicos propósitos que nos hemos hecho durante los nueve meses de espera? Cuando suponemos, proyectamos nuestros miedos e inseguridades pero también nuestros sueños y anhelos. Sin embargo, como a la futura mamá (especialmente a la primeriza) le falta información sobre lo que realmente sucederá, es habitual completarla o perfilarla con lo que le gustaría que fuera o, también, con lo que teme que sea».

Los problemas o, mejor dicho, las decepciones surgen, por tanto, cuando la mamá se da cuenta de que no siempre es factible poner en práctica todo aquello que tan minuciosamente planificó durante el embarazo. ¿Por qué? Por muchas razones: el pequeño no es receptivo, las circunstancias distan mucho de ser las mismas de las que había antes del parto o, simplemente, porque ella misma se da cuenta de que la realidad es muy distinta, ni mejor ni peor, de cómo la había imaginado. Una vez que el bebé nace, el día a día se impone y va marcando el camino a seguir. Este, a veces, es más fácil de lo previsto o, también, más complejo de lo que se creía en un principio.

Con el propósito de evitar este desfase entre proyectos y realidades, la psicóloga aconseja «no adelantarse a los acontecimientos e ir construyendo el camino paso a paso, según lo que vaya surgiendo».Y, sonriente, añade: «Mi frase preferida para estos casos es: Ya veremos».

Podré seguir perfectamente con mi ritmo de vida (ocio, amistades...)
La realidad: por mucha ayuda con la que se cuente, cuando un bebé llega a casa las horas del día irremediablemente se alteran, y ello implica que las mamás tengan que ajustar sus rutinas y su ritmo de vida a esta nueva realidad. Por otro lado, aunque todas las madres en algún momento se ven desbordadas por el esfuerzo que supone estar todo el día con el bebé y desean con todas sus fuerzas pasar un rato entre adultos, lo cierto es que la mayoría de las veces, cuando tienen la oportunidad de hacerlo, no lo disfrutan plenamente... porque echan de menos a su pequeño.

Lleva tu maternidad con la mente abierta. Déjate llevar por la intuición y los sentimientos.

Seré capaz de conciliar mi trabajo con la atención de mi bebé
La realidad: ¿te sentirás culpable por «abandonarlo» al reintegrarte a tus labores? ¿Resentirás la falta de ingresos económicos, si te quedas en casa? No eres la única futura mamá que puede dudar; ambos mundos (el de las amas de casa y el del ámbito laboral) tienen encantos que pueden seducir a cualquiera. «Por eso, lo mejor es no casarse con una sola idea, sino mantener la mente abierta y dejarse llevar por la intuición y los sentimientos», aconseja Ellen Galinsky, especialista estadounidense en temas de familia, trabajo y sociedad.

Lo más recomendable es aprovechar los meses de incapacidad por maternidad para redefinir, la situación laboral y buscar todas las alternativas reales que, te permitan pasar más tiempo con tu bebé: jornadas de medio tiempo, entre otras.

Leeré cuanto libro de puericultura caiga en mis manos y aplicaré  al pie de la letra lo que se dice en ellos
La realidad: «Actualmente existe una gran cantidad de información excelente y muy práctica en los libros que, además, está al alcance de todos, así como magníficos profesionales especialistas en educación infantil y en comportamiento humano que pueden guiar de forma correcta la educación de los niños sin sorpresas desagradables y ofreciendo los mejores resultados educativos», comenta la psicóloga. Sin embargo, una cosa es contar con la documentación adecuada y otra muy distinta aplicarla en el día a día. Pocos niños se ajustan al «perfil de manual», así que lo mejor es poner en marcha estos consejos con la mentalidad más amplia y la mayor flexibilidad posible. Recuerda siempre que son pautas, no dogmas, y que cada niño tiene unas necesidades y unas circunstancias concretas que no siempre están detalladas en los manuales.

Más que madre, seré su amiga
La realidad: no sólo es algo poco factible sino que, además, todos los expertos coinciden en que se trata de una actitud muy poco recomendable. Con los amigos los niños comparten inquietudes comunes, confidencias y, en definitiva, un mismo mundo y un mismo idioma. En cambio papá y mamá están a otro nivel y, además, es su responsabilidad ejercer como padres. La consecuencia más clara de pretender ser amigos de los hijos en vez de actuar como padres es la pérdida de la autoridad. Además, si los hijos los ven como amigos, es muy probable que se tomen libertades que no serán adecuadas y esto, a la larga, perjudicará claramente la relación.

Nunca jamás le gritaré ni le alzaré la voz...
La realidad: este es sin duda uno de los propósitos más loables, pero quizá también es el más difícil de llevar a la práctica. No te sientas mal si lo haces, recuerda que eres humana y que toda paciencia ?incluso las de las madres más amorosas? tiene un límite. Eso sí: es muy importante explicarle al niño, una vez se haya tranquilizado, por qué has actuado así.

Seguiré los consejos de mi madre.  Ella ha criado muchos hijos y bien dice el dicho: más sabe el diablo por viejo...
La realidad: nunca están de más los consejos de los veteranos en lo que a la crianza de los niños se refiere, pero es lógico que, a medida que se va adquiriendo  experiencia en la educación de los hijos, las madres se den cuenta de que pueden ir volando solas.

Tal y como explica la experta, «hay esquemas muy válidos, pero otros están ya muy caducos y han demostrado su ineficacia. Lo mejor es mantener una actitud activa y positiva a la hora de educar y de integrar nuevos conceptos y estrategias de probada eficacia. Toda información es útil, pero las cosas han cambiado mucho, y lo que hacían madres y abuelas puede perjudicar más que ayudar. Eran otros tiempos y se educaba a golpe de intuición, por lo que a veces salía bien y otras mal».

Le daré toda la libertad del mundo
La realidad: ya desde que su retoño es un bebé, todas las mamás empiezan a ser conscientes de que todo niño necesita unas pautas y límites que, más que tener un efecto restrictivo, lo que hacen es ayudarle a saber cómo comportarse y distinguir lo que está bien y lo que está mal

Un niño sin control es como un barco sin timón, navega sin rumbo ni dirección. Además, un niño sin límites, tienen mucha menos seguridad en sí mismo, ya que carece de referentes. «Hay que educar en el respeto, con unos valores morales sólidos, siempre desde el cariño, pero sin olvidar la autoridad necesaria para que el niño interiorice las normas que necesitará a lo largo de la vida. Estas pautas son la mejor fórmula para obtener un éxito que se mantendrá en el tiempo, con el menor costo para todos, padres e hijos», indica la psicóloga.

Sin embargo, no todo son expectativas frustradas. En el día a día, el ejercicio de la maternidad reporta muchas sorpresas y cambios favorables.

La sensación de seguridad en una misma sube los ánimos («si yo sola soy capaz de sacar a esta personita adelante, puedo con todo») y ello se refleja en todos los ámbitos de la vida y en la personalidad. Se aprende a priorizar: el límite que separa lo urgente de lo importante y de lo superfluo se aprecia con claridad. Y lo más bonito, muchas mujeres aseguran que, desde que son mamás, les resulta más fácil ponerse en el lugar de otros, son menos egoístas y más sensibles ante cuestiones sobre las que tal vez antes apenas reflexionaban (el hambre en el mundo, la educación...).

Resumiendo: Pese a todos los obstáculos que hay que superar y los reajustes que se deben hacer, la maternidad nos convierte en mejores personas.

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