
Cuando Enrique llega a casa cada noche, sabe bien lo que le espera. Leonor, su mujer, sale a su encuentro y le da un cariñoso beso en los labios. Acto seguido, su hija Paula, un torbellino de tres años, se precipita por el pasillo gritando: «¡Papi, papito, papuchi!» y se lanza a sus brazos. Él la eleva por encima de su cabeza, le hace cosquillas, se la hecha al hombro y la lleva hasta la cama, donde la deja caer mientras la pequeña grita de júbilo. Se siente muy bien, ya está en casa.
¡Qué más da el dónde y el cuándo! ?Lo único importante es buscar cada día un momento para estar juntos a solas.
De pareja a padres, los rituales evolucionan
El ritual de saludos de Enrique y Leonor ha evolucionado desde cuando eran novios hasta ahora que son padres, pero se mantiene vivo. Al principio era un beso tímido, después ansioso, más tarde, muy apasionado y, casi siempre, preludio de una fogosa relación sexual... A medida que la niña ha crecido y se ha incorporado al rito, el beso se ha vuelto menos ardiente, pero infinitamente más íntimo y confidente. «Te podría decir que sé cómo le fue en el día a Enrique o si viene con ganas de hacer el amor, sólo por cómo me besa al llegar», confiesa con una sonrisa pícara Leonor. «Cuando estoy de viaje llamo a casa cada noche, echo de menos los besos de mis dos mujeres y necesito que me los den, aunque sea a través del teléfono», cuenta Enrique.
Los rituales nos dan paz y seguridad, nos hace sentir que tenemos un lugar y pertenecemos a un grupo. Es importante mantenerlos, siempre y cuando se hagan de verdad, creyendo en ellos.
Desde que se conocieron, Carlos y Esther disfrutan contándose el uno al otro las anécdotas del día e intentan seguir compartiendo a pesar de que tienen dos hijos y mucho trabajo. «Antes de que nacieran los niños, la mayoría de las noches íbamos a nuestro bar preferido a tomar unas copas y platicar ?dice Esther?, pero eso ahora es imposible. «Hemos tenido que adaptarnos a nuestras circunstancias actuales. El que llega primero a casa les da de cenar a los niños y después nos toca a nosotros. A veces picamos algo o, si estamos muy cansados, preparamos unos sándwiches y nos los comemos en el sofá. Pero nunca renunciamos a nuestro rato de plática. Y no creas, hablar bajito para no despertar a los niños tiene su encanto, le da una aire de intimidad y clandestinidad muy excitante».
La norma principal es la flexibilidad
Mantener un ritual a la fuerza, cumpliéndolo sin miramientos como si fuera una orden militar, no tiene sentido y puede ser contraproducente. Cuando algo se hace por obligación, resulta desagradable y llega a enrarecer la relación.
La flexibilidad es muy importante, porque, por ejemplo, ¿de qué sirve salir a cenar como cada semana si uno de los dos va a llegar muy tarde o si no se siente bien?
No se trata de cumplir una costumbre, sino de respetar el verdadero sentido de los rituales: disfrutar estar juntos como dos enamorados. Y para eso, a veces, no hace falta salir de casa. «Intuía que Jorge me estaba esperando con cara de pocos amigos, porque después de haber dejado al niño en casa de mis suegros, le llame para decirle que no podríamos salir a cenar y a bailar, como cada viernes, pues mi jefe me había pedido que terminara un trabajo urgente cuenta Olga, secretaria y madre de un niño de cuatro años?. Así que, en el camino, compré un disco que él quería (una recopilación de música de cuando éramos novios) una botella de vino y su pizza preferida. Tras unos cuantos arrumacos conseguí que se olvidara de que no habíamos salido a cenar. La noche resultó maravillosa (después de cuatro años volvimos a tener la casa sólo para nosotros) e instauramos un nuevo rito: de vez en cuando engañamos a todos y nos quedamos en casa reviviendo lo que hacíamos durante los primeros meses de casados. Es fantástico».
Tips para Frases en clave y apelativos cariñosos
Cuando se trata de mantener viva y chispeante la relación de pareja, hay que luchar para conservar un tiempo exclusivamente para el nosotros?. Si no, poco a poco, las responsabilidades de la vida familiar terminarán por acaparar toda la atención.?
Cuando es el momento para el nosotros? está prohibido hablar de hijos, lavadora, renta... El momento ?nosotros? es importantísimo para la relación porque si no se mantiene viva la comunicación, no funciona.?
«Vimos una película en la que los protagonistas se llamaban el uno al otro Pocholín y Pocolina. Nos hizo tanta gracia que empezamos a llamarnos así en la intimidad, cuenta Claudia. Ahora es una clave para decirnos ?te deseo, vámonos a casa?. Basta con que uno diga: ¿Te acuerdas de Pocolín y Pocholina?».
La ilusión es básica
La confianza y la intimidad no deben confundirse con la dejadez y la falta de ilusión. Muchas veces la vida diaria se vuelve tan estresante que no nos damos cuenta de que, poco a poco, vamos renunciando a pequeñas chispitas de magia que son fundamentales para mantener vivo ese sentimiento que unió a la pareja. Los rituales deberían conservarse siempre en todo su esplendor. Esos momentos son la burbuja de oxígeno que nos da fuerza para aguantar los problemas de la vida diaria.
Vestirse coqueta y arreglarse un poco para cenar (están prohibidas las pijamas, batas a no ser que sean muy, muy sugerentes), apagar la tele, poner una música suave; encender una vela (aunque sea para comer unas simples quesadillas) o servir el vino en copa (los vasos de plástico carecen de glamour y encanto) son algunos pequeños detalles que transforman un rato de sosiego al final del día en un momento especial.
También es muy importante conservar la ilusión de antaño en el tema de los presentes. «Manuel y yo mantenemos la costumbre de sorprendernos el uno al otro con los regalos de reyes y cumpleaños, al igual que hacemos con nuestro hijo explica sonriente Josefina, madre de un niño de cinco años?. Es un juego divertido. Nos ponemos trampas para ver si conseguimos alguna pista e investigamos todos los escondites... Este año mi paquete contenía unos preciosos aretes antiguos. Y me encantó el mensaje que me transmitieron: que Manuel me escucha cuando le hablo y lo que me gusta es que no me compró algo para salir del paso, si no que, a pesar de estar muy ocupado, ha sacado tiempo para encontrar eso que sabía que me hacía mucha ilusión. Es otra forma de decir ?te quiero?».
Los terapeutas de pareja coinciden en que no se debe abusar de los ritos porque pierden su significado. Las flores para pedir perdón resultarán empalagosas si se usan sistemáticamente para disculparse, hay que reservarlas para ocasiones especiales. Y nunca se debe seguir un ritual, ni utilizar una frase clave o cariñosa por ritual. No hay nada más triste que un «mi vida» dicho con indiferencia, flojera o rencor...
Más frases en clave y apelativos cariñosos
Muchas parejas, como Claudia y Joaquín, tienen palabras o frases rituales que les sirven para comunicarse utilizando una especie de canal privado: «Te invito un helado de chocolate», le dijo Elisa a Juan después de su primera bronca, y ahora esta dulce invitación se ha convertido en una clave secreta para pedir perdón. «Me voy a ordenar el cajón de los papeles», dice Ernesto cuando quiere terminar una pelea que se le está yendo de las manos. «Creo que gotea la llave del baño», exclama Ismael o Julia cuando uno de los dos tienen que contarle algo confidencial al otro o le desea hacerle algún cariñito erótico: «Un día nos pusimos a arreglar una gotera y acabamos haciendo el amor en el suelo del baño, mientras los niños estaban en la sala ?cuenta Julia? fue en verdad muy excitante».?
Sea cual sea el ritual de la pareja, lo importante es que ambos quieran mantenerlo vivo y, para eso, a veces, deberá evolucionar. Los recaditos de amor que Teresa le mete en el portafolio a Jorge ahora incluyen algún mensaje práctico, como «Acuérdate de recoger tu tarjeta del sastre», pero no olvida nunca lo más importante : «Con traje o mejor sin él, sigo queriendo pasar el resto de mi vida contigo...».