
Todas sabemos que la gestación puede traernos algunas molestias. Pero la mayoría de nosotras también hemos experimentado cambios maravillosos durante el embarazo, tanto en el aspecto físico como en el emocional, especialmente durante el segundo y el tercer trimestres, pasadas las típicas alteraciones del primero. Tan sólo tenemos que detenernos de vez en cuando a escuchar nuestro cuerpo y nuestras sensaciones, para comprobar que el hecho de crear una vida nueva en nuestro interior nos transforma de manera muy positiva. El embarazo es para muchas mujeres la etapa más bonita de su vida.
Una piel más tersa, una belleza especial en el rostro, además la pancita trae muchas?cosas buenas.
Nos libera del estrés
Un estudio realizado por la Universidad de Navarra demuestra que las hormonas que se segregan en el embarazo (fundamentalmente la oxitocina) nos ayudan a controlar el estrés, a sentir más confianza en nosotras mismas y a crear vínculos afectivos más intensos. El mismo estudio ?concluye que el embarazo ?potencia mecanismos físicos de regeneración celular, es decir, el embarazo nos rejuvenece y nos hace mucho más felices
Sensaciones físicas
Los cambios más evidentes ocurren en el abdomen y en los pechos (que es lo que vemos a simple vista) pero, en realidad, todo nuestro organismo, de la cabeza a los pies, se ve inmerso en una marea de modificaciones físicas. Al fin y al cabo, las hormonas dirigen una buena parte de nuestras vidas.
Las hormonas nos embellecen.
Los estrógenos generados por el embarazo hacen que el cabello luzca más abundante, la piel ?luminosa y joven, y el rostro más bello: tanto los labios como la nariz se engrosan ligeramente, ?la cara se redondea y los ojos brillan de un modo especial.
La sexualidad puede mucho mejor.
Nos olvidamos de la regla durante mucho tiempo, no hay que preocuparse de usar anticonceptivos. Además, las hormonas mejoran la lubricación genital y aumentan la sensibilidad de las zonas erógenas. Las relaciones pueden ser más placenteras.
Sentimos una energía especial.
Este nuevo estado nos da fuerza interior. Nos sentimos llenas de vida, con ganas de hacer cosas distintas, estamos vitales.
Pueden desaparecer o mejorar algunos problemas de salud, como el acné y otras molestias relacionadas con el ciclo menstrual.
Somos capaces de cualquier cosa, para cuidarnos y cuidar al bebé.
Dejamos de fumar, mejoramos nuestra alimentación, salimos a pasear... Llevamos una vida muy sana y el resultado es que estamos más saludables que en ningún otro momento de la vida. Numerosos estudios demuestran que los embarazos pueden ser un factor protector frente a muchas enfermedades, como el cáncer de mama y los trastornos del aparato reproductivo (dismenorrea, ovarios poliquísticos o endometriosis).
Sensaciones emocionales.
Aunque para muchas mujeres el embarazo no es un estado idílico, todas experimentamos sensaciones únicas por el hecho de crear una vida y desarrollamos una fuerza y una sensibilidad desconocidas. Estos momentos tan intensos nos van a proporcionar mucha felicidad.
Nos sentimos mimadas.
Los seres queridos (pareja, padres, amigos, hijos...) se preocupan de un modo especial por vernos felices. Nos cuidan, nos miman, nos dan todo el cariño y las atenciones que merecemos.
Los problemas pasan a un segundo plano.
Nuestro futuro hijo ocupa casi toda nuestra atención y, aunque podamos estar pendientes de otras preocupaciones, las afrontamos con menos estrés, porque nuestra energía está focalizada en esta nueva vida.
Nos sentimos importantes.
Aunque nos podamos topar con alguna dificultad, en general la sociedad mira con respeto a una mujer embarazada. Nos ceden el sitio en el transporte público, los supermercados tienen cajas especiales para nosotras y la barriguita despierta mucha simpatía.
Nos sentimos felices.
Si estamos ante un embarazo deseado, no hay nada que nos pueda dar más ilusión. La perspectiva de conocer al pequeño, de saber cómo será, el hecho de sentir sus movimientos, de percibir su vida dentro de nuestro cuerpo... Fantaseamos con su olor, con su calor, es decir, empezamos a ser madres.
Reforzamos nuestros vínculos.
Nos unimos y nos identificamos de una forma muy especial con las mujeres que tenemos cerca (madre, hermanas, cuñadas, amigas). Ellas nos aconsejan, nos transmiten sus conocimientos, la sabiduría tradicional, y hacen que nos sintamos queridas.