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6 tips para mejorar su estado de ánimo

Tu peque ya no es un bebé y quiere comportarse como los niños «grandes». Si le llevas la contraria, ya no hacen berrinches pasajeros, sino que se ponen de mal humor.

Tu peque ya no es un bebé y quiere comportarse como los niños «grandes». Si le llevas la contraria, ya no hacen berrinches pasajeros, sino que se ponen de mal humor.

Ha desaparecido la felicidad espontánea que tenían de bebés y a veces parece que el mal genio domina su personalidad. A los cinco y seis años, los niños ya quieren tomar sus propias decisiones. Si se les contradice pueden volverse muy necios.

Cuanto más les negamos algo más lo quieren, ya que a través de estos gestos reafirman su propia identidad. Creen que no hay derecho a que los adultos les impongan las reglas. Han aprendido a encender la tele, comer solos o ponerse la pijama, pero tienen que hacerlo cuando un adulto se lo pide. "¡Qué injusto! Pues entonces voy y me enfado".

¡Cómo se ponen!

El carácter de tu hijo tiene mucho que ver con su forma de enfadarse, pero también influye mucho el entorno que en el que vive y la educación que recibe de sus padres.

1. Si en casa percibe comportamientos agresivos es probable que grite, arroje objetos, llore… Si los papás no hacen estas cosas, se limitará a poner malas caras y a encerrarse en sí mismo.

2. Si del mal humor pasa a los arrebatos, debemos llamarles la atención con contundencia, especialmente si infringe las normas como pegar, insultar o romper.

3. Cuando no entienda razones, podemos darle espacio para que se tranquilice y reflexione sobre su mal comportamiento.

Halagos en vez de reproches

1.Si tu hijo pasa por muchos episodios de mal genio al día es posible que quiera llamar tu atención. Está demostrado que los adultos prestan mayor atención a los niños cuando despliegan malos gestos que cuando no lo hacen.

2. Debemos reforzar el buen comportamiento del pequeño, diciéndole cosas como: "Me alegra mucho que hayas recogido tus juguetes", o "vi que cuando se le cayó el osito a tu hermana se lo recogiste y se lo diste, fuiste muy amable". No hay que mezclar halago con crítica, diciendo cosas como: "Qué bien que hoy te laves los dientes, no como otras veces", en cuyo caso la frase pierde su efecto positivo.

3. Prestarle mayor atención a su buen comportamiento no significa que haya que ignorarlo cuando esté de mal humor. Todos nos irritamos y no hay que reprimir esa sensación. La frustración y el enfado son parte del crecimiento. Por suerte, los malhumores de los niños se esfuman en cuanto aparece un estímulo más interesante.