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Así Crece

Después de jugar, hay que poner todo en orden

Te contamos cómo enseñar a los peques que las cosas no vuelven a su lugar por arte de magia.

Te contamos cómo enseñar a los peques que las cosas no vuelven a su lugar por arte de magia.

Niños y orden no suelen ser dos cosas que van de la mano. Ellos tienen un concepto distinto al nuestro sobre el orden y se encuentran como peces en el agua en habitaciones caóticas, llenas de juguetes?, apunta la psicóloga Sará Tarrés.

Lo que para los ojos de los  adultos es desordenar, forma parte del desarrollo y la necesidad innata de explorar de los niños. Se la pasan en grande sacando y sacando juguetes, solo por el placer de ver qué hay dentro de esa caja o ese cajón. Observar, tocar, manipular? es su forma de entender el mundo que les rodea. Limitarlos en este sentido significa limitar su desarrollo. Aun así, hay que enseñarles que después de jugar, toca recoger.

No hay que guardar las cosas por ellos

Sin embargo, esto no significa que tengamos que conformarnos y no les hacemos ningún favor cuando recogemos por ellos. Deben aprender que las cosas no vuelven a su lugar por arte de magia, recomienda la especialista. Con dos años, es el momento ideal para enseñarles. Aunque debemos tener en cuenta que no será fácil, ya que para un niño recoger significa el final de una actividad placentera como es jugar. Por eso, recomienda fomentar el orden, sin exigir y sin castigar por no hacerlo. Como todo aprendizaje, les llevará un tiempo. No debemos esperar la perfección; dejarán cosas por ahí o se cansarán pronto. Y castigarlos no va a ayudar en nada.

Una ayuda les viene bien

Como siempre, el mejor maestro es el ejemplo. Si los acompañamos en este proceso y les proporcionamos los elementos necesarios (cajas, botes y otros recipientes), les será mucho más fácil. Es lo que, sin proponérselo, hizo Ana cuando su hijo tenía dos y tres años. ?Arael tenía su zona de juegos, donde sabía que podía hacer y deshacer a su antojo. A mí me gustaba sentarme con él una o dos veces al día para recoger y a él le gustaba ayudarme. El tren a su caja con sus trailes, la batería debajo de la mesa, los animales al cubo verde? Antes de que pudiera darme cuenta, recogía solo, sin que nadie le dijera nada. No sus juguetes nada más, por ejemplo, cuando le ponía la pijama, le decía qué ropa era para lavar y él la echaba al cesto?, nos cuenta Ana.