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Así Crece

Un día en la alberca

El objetivo es que adquiera confianza para disfrutar de un rato de juego y placer.

El objetivo es que adquiera confianza para disfrutar de un rato de juego y placer.

El bebé disfruta mucho de su bañerita, pero la alberca es una experiencia nueva, hay más agua y está más fría. Aquí conviene actuar con cautela: si metes al bebé de golpe, corres el riesgo de que se asuste y luego será más difícil convencerlo de que ahí la puede pasar muy bien. No lo sueltes hasta que se sienta seguro. Una vez que adquiera confianza, puedes dejarlo jugar libremente, pero quédate en todo momento a su lado para sujetarlo. No alargues el chapoteo más de 20-30 minutos. Esta nueva exploración debe ser agradable, si lo notas incómodo, sácalo.

 

1. Perder el miedo: no sumerjas su cabecita para evitar que le entre agua a sus oídos. Moja poco a poco su pelo con una regadera pero no dirijas el chorro a su carita. Salpica sus brazos y piernas, deja que él te salpique agua con sus manitas. El objetivo es que el nene se sienta feliz y disfrute. Al principio es normal que se resista a meterse a la alberca, pues es una experiencia desconocida. Para darle confianza entra antes que él, así verá que no pasa nada. Es esencial que el nene se sienta seguro y protegido. En tus brazos sabe que todo está bien. Si no quiere chapotear no lo obligues. Podría asustarse y tomarle miedo al agua.

 

2. Jugar con mamá: el bebé no necesita juguetes sofisticados para entretenerse en el agua. Basta con un vaso que pueda llenar y vaciar o una bandeja de plástico que haga las veces de barquito. Si metes un colador de verduras en la alberca, al levantar el brazo el agua cae rápidamente. El experimento se puede hacer con un embudo. ¡Se divertirá en grande!

 

3. Ejercicios: si tu peque ya camina, ayúdale a recorrer la piscina caminando para que perciba la resistencia que le ofrece el agua. Al moverse dentro de ella es mucho más difícil  que hacerlo sobre tierra firme. Una vez que el peque haya perdido el miedo a la alberca, puedes sujetarlo boca abajo, con una mano entre las piernas y otra en el pecho y llevarlo como si nadara. Con ese ejercicio fortalecerá los músculos de su espalda y pecho.

 

4. La salida del agua: ten mucho cuidado al sacarlo de la alberca, la piel mojada es muy resbaladiza. Lo ideal es que te ayude otra persona. Sécalo bien, enjuágalo con agua dulce para eliminar el cloro de la alberca y luego aplícale una crema hidratante en todo su cuerpo con un suave masajito. ¡Le encantará!