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Insultos y palabrotas

Han descubierto que hay palabras que no dejan indiferente a nadie, y ¡les encanta! A pesar de ello es importante enseñarles que decir palabrotas no es lo correcto. Aquí te decimos como hacerlo.

Han descubierto que hay palabras que no dejan indiferente a nadie, y ¡les encanta! A pesar de ello es importante enseñarles que decir palabrotas no es lo correcto. Aquí te decimos como hacerlo.

Si tu peque usa palabrotas para ofender o ridiculizar hay que hablar con él para corregir esa costumbre cuanto antes y así, evitar problemas tanto en el colegio como en casa.

 

Qué hacer, qué no hacer

 

1. No debes dar excesiva importancia a una palabrota aislada. A veces hacer como que no la escuchaste es el mejor método para que el niño la olvide. No pasa nada porque se le escape alguna vez, no se va a convertir en un malhablado por eso.

 

2. No reírse. Oír una grosería en labios de un chiquitín puede ser muy gracioso, algunos tienen una chispa especial que te hacen soltar la carcajada. Pero si te ríes, siempre, seguro que repetirá la palabrota una y otra vez, habrá descubierto un medio magnífico de hacerse el simpático.

 

3. No olvides que los insultos son vehículos de las emociones. Cuando no saben cómo expresar su enojo, es más fácil concentrarlo en una palabrota. Puedes ofrecerle alternativas que no sean tan mal sonantes, como un “tonto”, que le permita desahogarse.

 

4. Debes reaccionar ante los excesos, si el niño repite una y otra vez una grosería o si su lenguaje es claramente ofensivo. En ese caso habrá que marcarle unos límites muy claros.

 

5. Debes graduar tu reacción según la importancia y la reincidencia. A veces bastará un “eso no se dice”, otra veces habrá que optar por “no vuelvas a hacer o decir eso” y en otras habrá que tomar medidas más severas, como no dejarlo ver la tele, reducir el tiempo de juego o mandarlo unos minutos a un rincón, haciéndole ver claramente el motivo.