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Así Crece

Pequeñas frustraciones

La frustración en los niños les enseña a ser tolerantes ante todo aquello a lo que no pueden acceder y a las normas que deben seguir.

La frustración en los niños les enseña a ser tolerantes ante todo aquello a lo que no pueden acceder y a las normas que deben seguir.

La frustración es una emoción que aparece cuando uno no consigue sus objetivos, no puede hacer realidad sus deseos o ve insatisfechas sus necesidades; por eso, se vive con mezcla de rabia, tristeza e impotencia. La frustración en los niños es complicada de asumir porque no siempre saben cómo resolverla (de ahí los berrinches ). Asimismo, su aparición indica que el pequeño no está dispuesto a conformarse fácilmente y, aunque en un primer momento pueda ser el detonante de rabietas y llantos, casi siempre termina poniendo en marcha una serie de procesos cuya finalidad es acomodarse (que no resignarse) a esas dificultades específicas. Así, frente a un «no se puede», los pequeños terminarán generando a medio plazo respuestas más o menos adaptativas; por ejemplo, esperar para intentarlo más adelante, abordarlo de otra manera.

 

Es mucho… debes elegir 

 

¿Ha sido su cumpleaños y cada niño le ha dado un regalo? Aprender a dosificarse es una de esas lecciones que se agradecen toda la vida, aunque para ello sea necesario aguantar cierta frustración contraria al «lo quiero todo y además lo quiero ya», tan normal en la naturaleza infantil. Enseñarles a dosificar les ayudará a apreciar y valorar las cosas.

 

No puedo comprarte todo

 

Tu hijo pasa de interesarse por su realidad más inmediata (objetos que están a su alcance) a tener acceso a un mundo cada vez más amplio. Escaparates llenos de cosas se convierten en el centro de su atención. Parece que no hay manera de un «no» sin temor a que nos arme una escena, pero tendrá que aceptar que no todo lo que desea puede ser posible.

Foto: Pinterest

 

Una para ti otra para él 

 

Si hay algo más complicado que renunciar a algo que uno quiere es tener que dárselo a otro. Sin embargo, la vida está llena de situaciones en las que son los demás quienes se llevan el premio gordo mientras a uno le toca mirar. En el caso de los pequeños, como cuando tiene que turnarse con su hermana para dormir con ese peluche que trajo el abuelo.

 

Hay que dejar de jugar

 

O de mirar la tele para ir a la calle. Ésta es una de las frustraciones cotidianas que más se repiten, pero aprender a parar cuando hace falta y saber pasar de una actividad a otra con calma es una habilidad que tendrá que practicar en muchas ocasiones. Tener unas normas, rutinas u horarios bien establecidos contribuye a que la frustración sea menor.

 

«Espera… ahora te hago caso» 

 

En lo que a atención se refiere, es a esta edad cuando tu pequeño te demanda con mayor intensidad. Es importante atenderlo, pero también es bueno hacer presentes ciertas dosis de espera. No se puede estar a sus órdenes como cuando era más pequeñito. El aguardar le ayuda a comprender que los otros también tienen sus propias necesidades.