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Necesita los elogios de mamá y papá

Necesita los elogios de mamá y papá

Necesita los elogios de mamá y papá

Dejar que hagan las cosas solos, que superen los retos sin la ayuda de sus padres, fortalece su autoestima.

A los tres años los niños poseen ya mucho más control que el año anterior sobre su cuerpo y sus movimientos son más eficaces. Pueden subir y bajar escaleras con velocidad, caminar hacia atrás, correr, girar y hasta andar en triciclo. Y a medida que van pasando los meses, su agilidad y sus posibilidades no hacen sino aumentar y aumentar.

¿Cómo deben actuar los papás?

1. No hay que ridiculizar al pequeño ni burlarnos de sus alardes e inocentes errores. Si actuamos así, estaremos sembrando las semillas de la vergüenza, del temor al ridículo, y ese es uno de los sentimientos más paralizantes, que puede convertirse en un rasgo permanente del carácter y arrastrarse de por vida.

2. Los niños necesitan recibir halagos incondicionales, independientemente de que los resultados de sus esfuerzos sean exitosos o no. Si les falta ese apoyo, la sombra de la duda y los sentimientos de inferioridad e insuficiencia pueden echar raíces en su personalidad difíciles de eliminar.

3. Tienen un optimismo inquebrantable, una confianza en sus posibilidades inasequible al desaliento, y es bueno que sea así. Influye en ello el egocentrismo propio de esta edad, que no distingue entre la realidad y el deseo. Es necesario el aliento incondicional de los adultos que a los pequeños les hace sentirse un poco supermanes y supermujeres.

4. Hay que mostrarse asombrados e impresionados por sus hazañas. Si les decimos lo orgullosos que estamos de ellos, encontrarán un gran placer en seguir superándose a sí mismos.

5. No hay que corregir su fantasía y su lógica infantil con nuestra lógica de adultos. Si un niño nos dice: "Y entonces le gané al león", no se va a hundir el mundo porque le respondamos con un condescendiente: "Muy bien , Manuel!

6. Tampoco hay que impulsar a los niños a vivir permanente en la fantasía. Cuando admitimos que nuestro hijo ha vencido al león, será bueno que incluyamos un tono de cierta complicidad, que le indique que en el fondo sabemos que, tanto para él como para nosotros, se trata de una especie de juego. Sin que esto quiera decir que debamos ser burlones ni sarcásticos.

7. Debemos pasar tiempo con los niños, conversando y respondiendo a las preguntas que les vayan surgiendo, con lo que les estaremos sirviendo de puente hacia el mundo real. Pero sin prisa, porque la fantasía alcanza en estos años su punto culminante y está bien que sea así.

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