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Niños tiranos

Niños tiranos

Niños tiranos

¿Tu hijo siempre se sale con la suya? Te decimos cómo poner límites.

Tu niño encantador y obediente se ha convertido en un pequeño tirano. El que manda en casa en realidad es él. Si no consigue lo que ordena, se enoja y los berrinches son su forma de relacionarse. ¿Estás a tiempo para corregir que sea un niño malcriado? La respuesta es sí. Sólo debes contar con dos armas fundamentales: firmeza y paciencia.

 

CASO 1 «Nuestra hija María, de cuatro años, hace lo que quiere. Si en el desayuno le damos cereal dice que no le gusta, así que al día siguiente lo intentamos con yogur, y entonces prefiere cereal. Es así con todo: si no consigue lo que quiere, se tira al suelo y patalea hasta que, cansados, cedemos».

 

Diagnóstico: sufre un consentimiento excesivo. Dicho de otra forma: María ejerce sus cualidades de niña mimada.

 

Síntomas: son fáciles de detectar. Los padres están agotados, ya no saben qué hacer con su hijo, se mantienen permanentemente alerta para prever posibles conflictos, adaptan rutinas y horarios a fin de evitar problemas con el niño, viven con tanta tensión que les quedan pocas ganas para jugar o divertirse en familia.

 

CASO 2 «Siempre que estamos a punto de salir Juan monta un drama para ponerse el suéter. Por qué se comporta de esta manera ¿Qué puedo hacer?»
Cómo actuar:llama al niño, baja a su altura y explícale que van a salir a la calle, que hace frío y que tiene que ponerse el suéter él solo.

 

Solución: dale un modelo, ponte muy despacio tu suéter y, al tiempo que lo haces, enumera los pasos: «Primero la mano derecha, luego la izquierda…». Deja el suéter a su alcance para que él lo tome y vuelve a describir los pasos con tranquilidad. Ayúdalo si lo necesita. Y algo muy importante: felicítalo constantemente. En el plazo de una semana, lo hará él solo.

 

CASO 3 «Mi esposo y yo trabajamos mucho, prácticamente todo el día y sólo vemos a nuestra hija Nadia a la hora de la cena. En el poco tiempo que nos queda para disfrutar de ella, la niña termina por hacer lo que quiere».

 

Qué se hace mal: no pasa nada por cumplirle a Nadia un capricho de vez en cuando. Pero cuando esta concesión se convierte en una rutina, es muy difícil hacer que la niña comprenda el significado del «no».
Estos padres se sienten culpables por pasar menos tiempo del que quisieran con su hija. Y entonces confunden su amor incondicional con cumplir siempre y en todo lugar sus deseos. Ese sentimiento de culpabilidad provoca que su firmeza y autoridad desaparezcan.

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