Categorías
Así Crece

¿Demasiado generoso y bueno (con los amigos)? Tu niño necesita aprender a decir No.

Parece que siempre quiere agradar, no defiende sus cosas y es incapaz de decir no. ¿Qué le pasa?

Hay niños que parecen doblegarse siempre a la voluntad de los demás y, aunque todos deseamos que nuestros pequeños sean solidarios y amables, hay momentos en los que tanta bondad se convierte en un problema (sobre todo para su autoestima): siempre acaba jugando a lo que quiere su amigo, reparte el almuerzo con medio salón o se lleva un buen regaño porque sus compañeros lo convencieron para que escondiera la chamarra de la profesora.

No defender sus ideas o sus cosas (que no es lo mismo que ceder de vez en cuando) no tiene que ver ni con la timidez ni con la bondad, sino con la falta de asertividad, que es la capacidad de defender las posturas personales.

En ocasiones les cuesta pronunciar «no» porque no saben argumentar bien su negativa o porque los demás niños inician un debate del que es difícil escapar («pero si solo es un muñeco, tienes muchos más», «yo te regale el otro día una estampa y era mi favorita» o «dice mi mamá que debemos compartir»).

Hay que explicarle a tu hijo que, en ocasiones, puedes decir «no» a los demás sin tener que justificarse demasiado; por ejemplo: «Estos muñecos son especiales para mí y no los regalo». Dejarlo ejercitar sus negativas en casa es clave para que aprenda a expresar «no» cuando sea necesario fuera de ella. Una cosa es ayudar a alguien cuando lo necesita o hacer un favor a un amigo, y otra muy distinta es hacerse cargo constantemente de los problemas de los otros.

Además de explicarle esta diferencia a tu hija, debes ayudarla a entenderlo con tu ejemplo, intentando no sobreprotegerla y contribuyendo para que comprenda que una cosa es «ayudar a alguien» (por ejemplo, si un día se le rompe a la abuelita el paraguas de camino a casa, le prestarán el suyo con todo cariño) y otra muy distinta es hacerse cargo constantemente de sus cosas (hacerle la tarea porque se quedó jugando hasta tarde u ocuparse siempre de recordarle dónde deja las cosas que luego no puede encontrar).

Una de las lecciones que tu hijo debe aprender durante la infancia es que él –y nadie más que él– es el responsable de sus acciones y sus decisiones. Así, cuando alguien le pida que haga alguna travesura, es su decisión hacerlo o no y, por tanto, le corresponde asumir las consecuencias.

Por eso, siempre que puedas, debes intentar sugerir a tu hijo (en vez de ordenar) que haga o deje de hacer determinadas cosas (recoger los juguetes antes de ir al cine, echar la ropa sucia al cesto, bañarse y ponerse la pajama sin hacerse el remolón para tener más rato de juego antes de irse a dormir…), dejándoles a ellos la posibilidad de decidir y comprobar por sí mismos las consecuencias de sus decisiones.