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Así Crece

Su primera amistad, para competir y compartir

Al llegar a los dos años, es muy probable que tu niño inicie su primera amistad. Con esta edad no podemos esperar una amistad incondicional, si no una regida por los verbos compartir y discutir. Serán relaciones intermitentes, sin compromiso y a la vez apasionadas.

Después de disfrutar juntos un momento de perseguir en el parque una lagartija, pueden pasar sin transición a jalarse de los pelos y quitarse los juguetes pero, un segundo más tarde, ordenar felizmente cada uno sus piedrecitas en un rincón y a solas.

Los primeros amigos son también sus primeros competidores, la amenaza a sus posesiones. Son otros seres que deletrean la palabra «mío» tan alto y claro como ellos. ¡Por fin van a enfrentarse a uno de su tamaño! Pero también son esos otros que nunca les preguntan «¿qué?», y no necesitan valerse del lenguaje para lograr un  entendimiento; aunque, paradójicamente, la presencia de un amigo supone un impulso en el desarrollo del lenguaje.

¿Cómo eligen a sus compañeros?

Es posible que el punto de encuentro sea cualquier cosa: una pelota, la pala o el rompecabezas. El niño se encontrará frente al objeto y, a la vez, frente a otro niño con el que comparte aficiones. Su primer amigo se parece a él y esto tiene la desventaja, claro está, de que ambos quieren lo mismo, lo que suele saldarse con una pelea. Pero de ese desencuentro puede nacer el encuentro.

Eso sí, aunque compartan cosas, no compartirán objetivos. Aún no están maduros para que sus caballos compitan uno contra el otro, o para perseguir juntos a un enemigo común. Se divertirán corriendo sin normas, sin saber quién engaña a quién o de qué se trata el juego. Aún falta un año para que compartan consignas de la manera que conocemos. Mientras, ensayan el juego en paralelo.

Las inevitables peleas no son negativas, todo lo contrario. A través de ellas se elaboran las normas que rigen toda relación. ¿Un rato tú y otro yo? Así se dan cuenta de que pueden disfrutar del juguete ¡aunque no lo tengan en exclusiva! Los otros le enseñarán a ser generoso de verdad: lo que los adultos hacemos con ellos no suele ser compartir, sino conceder o denegar.