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Así Crece

Enseña a tu peque a manejar la frustración con ¡la técnica tortuga!

El que los niños no sepan manejar la frustración es normal y se debe a la misma inmadurez de su edad.

El que los niños no sepan manejar la frustración es normal y se debe a la misma inmadurez de su edad.

Según los especialistas, el intentar complacer en todo a los niños y evitar que sientan frustración ante cualquier situación no es un buen camino para su desarrollo. Las frustraciones son causadas por necesidades o impulsos no satisfechos y forman parte del crecimiento de los niños.

 

Los expertos comentan que el saber cómo manejarlas es crucial y recomiendan: no darle todo lo que pide, no ceder ante sus berrinches, marcarle objetivos razonables, educarlo para que se esfuerce por lo que quiere, de esta forma convertirá la frustración en aprendizaje. Además, es recomendable que aprendas la técnica de la tortuga Manolita y la pongas a trabajar justamente en el momento que necesitas que tu peque tenga autocontrol, sea en el lugar que sea.

 

Si ves que se avecina el berrinche, comienza a contarle esta historia:

 

Vamos a hablar de una pequeña tortuguita llamada Manolita que se mete en muchos problemas. Cuando está en el colegio y los ejercicios no le salen bien, los rompe.

Cuando la profesora la regaña, se enoja. Si en el patio la empujan sin querer, le da patadas al culpable.

Cuando Manolita se comporta así no se siente bien. Después de romper cosas o darle patadas a otra pequeña tortuga se siente muy mal, muy triste.

Piensa que podría haber hecho algo mejor pero, en el momento, la rabia no la dejó pensar mucho.

Un día, Manolita que estaba triste por las consecuencias de lo que había hecho ?su profesora no la dejó salir al recreo por portarse mal?, se encontró con una tortuga con mucho más años que ella, muy sabia.

Esta le dijo:

?Manolita, ¿no te das cuenta de que la solución a tus problemas se encuentra en tu caparazón? Cuando sientas que te enfadas mucho, métete en tu caparazón y cuenta hasta diez.

La pequeña Manolita pensó en esto y decidió ponerlo en práctica la próxima vez que le ocurriese algo.

Cuando en el recreo la empujaban sin querer, se metía dentro de su caparazón, contaba hasta diez y cuando salía ya no sentía ganas de responderle con patadas a nadie.

¡Era fantástico!

La profesora se puso muy contenta. Manolita ya no rompía sus deberes y parecía que la relación con sus compañeros había mejorado.