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Terrores nocturnos

El niño grita y parece atemorizado. Si sigue dormido probablemente no sea una pesadilla. Descubre qué es a continuación.

El niño grita y parece atemorizado. Si sigue dormido probablemente no sea una pesadilla. Descubre qué es a continuación.

Los terrores nocturnos se consideran un trastorno del sueño y se encuadran dentro de las parasomnias (conductas que aparecen mientras se duerme). Se trata de un fenómeno benigno relativamente frecuente que suele manifestarse en torno a los tres años de edad. A pesar de su espectacularidad, los terrores son benignos en 99.9% de los casos.

 

¿Qué hacer?

 

Los terrores se dan en la transición de una fase de sueño profundo a otro más ligero. Se caracterizan porque se produce un despertar incompleto: el niño parece despierto, tiene los ojos abiertos, hace movimientos, se incorpora, pero está profundamente dormido. 

 

Ante un episodio de éstos, lo primero que debes hacer es mantener la calma: el peque no se entera, pero tú sí y puedes asustarte bastante, aunque no debes gritarle, zarandearlo, echarle agua… lo que sí puedes hacer es garantizar su seguridad. Algunos niños sólo se incorporan en la cama, mas otros hacen movimientos bruscos, así que aparta cualquier cosa con la que pueda dañarse y evitarás que se caiga o lastime. Si los terrores siguen, prepara la habitación para evitar que se haga daño. Después, recondúcelo hacia el sueño a través de una suave contención física. Habla lo menos posible, en voz muy baja para no despertarlo. En poco tiempo volverá a dormir.

 

¿Por qué se producen?

 

Los terrores nocturnos se dan en niños predispuestos genéticamente cuando se encuentran en determinadas condiciones:

 

El niño está especialmente cansado.

 

Duerme menos horas de las que necesita.

 

Se encuentra en una situación de estrés.

 

Se va a dormir tarde o tiene los horarios trastocados.

 

Los niños con apneas del sueño o con migrañas también son más susceptibles de sufrir terrores. Suelen aparecer por primera vez hacia los tres o cuatro años y pueden persistir hasta la adolescencia, asimismo, lo normal es que desaparezcan antes.
Afianzar buenos hábitos de sueño es la mejor prevención. Debes compro- bar el estado emocional del niño, preguntarte si está viviendo una etapa estresante y ayudarle a resolver lo que le preocupa.

 

Si no es posible cambiar los hábitos de sueño (cuando es inca- paz de dormirse temprano y tiene que levantarse pronto), la siesta puede ser una buena opción.