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Embarazo

¿A quién se parecerá tu bebé?

¿A papá, mamá o a quién se parecerá tu bebé? Las leyes genéticas pueden darnos una respuesta, ¡a veces, completamente inesperada!

De los genes recibidos y de sus infinitas combinaciones surge una selección única que nos hace diferentes a nuestros padres, aunque recogemos muchos de sus rasgos más significativos (también los más ocultos). Pero, ¿qué es exactamente lo que heredamos? ¿Qué heredará tu bebé de ti, tu esposo y sus familias? Veamos  a quién se parecerá tu bebé.

«Mi hija Laura, que va a cumplir seis meses, es una fotocopia de su hermano mayor. Sin embargo, ninguno de los dos se parece a mí. ¿Cómo es posible?», María Machado

Generalmente, el aspecto físico, incluidos gestos y expresiones, viene determinado por los genes que heredamos directamente de nuestros padres y que ellos, a su vez, han recibido de nuestros abuelos. Sin embargo, también puede darse el caso de que un pequeño no se parezca a nadie de su familia (incluso entre hermanos mellizos), ni siquiera a su madre.

La razón es la posibilidad de que durante la concepción, los genes hayan mutado o se hayan combinado de una manera diferente y novedosa; tal suceso deriva en que el aspecto del niño varía con respecto al resto de su familia.

«En la familia de mi marido todos tienen la nariz larga y aguileña. A mí me gustaría que mi hijo heredara mi nariz respingona. ¿Qué posibilidades tiene de que saque una u otra?», Beatriz Espinosa

Existen rasgos característicos que se transmiten directamente de padres a hijos, incluso durante muchas generaciones, y que prevalecen sobre otros: los hoyuelos, la nariz recta, el mentón pronunciado, los labios gruesos, los rostros ovalados o de pómulos marcados.

Pero no puede afirmarse que una “marca de la casa”, como en este caso la nariz aguileña del padre, vaya a ser heredada con toda seguridad; pueden intervenir otros genes de la madre igualmente potentes. Además, durante el primer año de vida, el rostro cambia y sus rasgos definitivos no se apreciarán hasta pasados varios años.

«Yo soy muy morena de piel y cabello, al contrario que mi pareja. Nuestro bebé nació rubio y nos extrañó mucho, ya que siempre habíamos pensado que mis rasgos prevalecerían sobre los de su padre», Fátima Puerto

La pigmentación de la piel y del pelo es poligénica y acumulativa; no depende de un solo gen sino de la combinación de muchos genes de diferentes tipos heredados de varias generaciones. Aunque el color oscuro, normalmente, tiene más peso, es posible que en este caso haya más cantidad de color claro en la mezcla de genes paternos y maternos.

La variación está en función de la cantidad de genes de uno u otro tipo que haya recibido. Si el bebé hereda de toda su familia muchos genes de pelo o piel oscuros, tendrá más melanina, por tanto, será moreno. Cuantos más genes de cabello rubio o piel clara haya acumulado, más rubio y pálido será. Lo que sí se hereda directamente es el pelo pelirrojo, porque tiene un gen independiente que, aunque es recesivo, se manifiesta casi siempre.

«Mi marido es muy alto y fuerte y, de pequeño, fue un niño muy grande. Por el contrario, yo soy bajita. Mi hijo de ocho meses está dentro de la talla y peso normales, ¿será como su padre?», Inés Cabrero

En la talla y el peso de una persona influyen muchos genes heredados de sus padres, incluso de varias generaciones atrás. Cada uno tiene una característica diferente, lo que origina numerosas combinaciones. La suma de todos ellos configura la constitución que tiene el bebé.

Pero, ¡ojo!, también influye la alimentación. El niño puede tener genes para ser muy alto, pero si no está bien alimentado, no se desarrollará correctamente. Ahora bien, si sus genes indican que será bajito, por mucho que coma, su constitución siempre será la que le dicte su ADN.

«Mi hija Julia, de diez meses, tiene los ojos azules, pero su padre y yo los tenemos cafés. ¿Es posible que haya heredado los ojos de su abuelo, quien también los tenía azules?», Ana Coronado.

El color de los ojos no depende solo de un gen, sino de la combinación de dos genes, cada uno aportado por un progenitor. Tanto la madre como el padre tienen un par de genes, cada uno con tres combinaciones posibles: dos genes de ojos oscuros (dominantes), dos de ojos claros (recesivos) o uno de cada tipo.

Un bebé puede heredar cualquiera de ellos y formar su propio par. Si los dos que recibe son genes recesivos, tendrá los ojos claros; si ambos son dominantes, los tendrá oscuros y si son diferentes, seguramente prevalecerá el del color oscuro.

«Yo aprendí a caminar desde los nueve meses de edad y hablaba perfectamente a los 18. ¿Puede mi hija ser tan precoz como yo?», Cristina Segura

Desengañémonos, no existe un gen específico que se herede y determine que un niño vaya a comenzar a caminar o a hablar a cierta edad. Lo que sí existe es una predisposición genética, la cual facilita que unos bebés muestren una maduración del sistema nervioso más rápida o una mayor precocidad intelectual.

Cada bebé tiene su propio patrón de desarrollo psicomotor, que viene determinado por la combinación de genes maternos y paternos. Sin embargo, de nuevo, los aspectos ambientales y educativos desempeñan un papel importante, ya que pueden potenciar o, por el contrario, reprimir esa predisposición genética.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN JUNIO DE 2017, FUE REDACTADO POR ROCÍO GUTIÉRREZ.