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Diabetes gestacional: sí es posible controlarla

La diabetes gestacional (DG) es la complicación número uno a nivel metabólico durante el embarazo, con una incidencia de 7% en nuestro país y una tendencia preocupante pues, según las estadísticas, ha tenido un aumento promedio de 32% en los últimos años. Lo ideal es hacer todo lo posible para prevenirla desde antes del embarazo pero, si la gestación ya está en curso, ten en cuenta las precauciones que a continuación mencionamos, a fin de que el problema no se salga de control.

¿Qué es la DG?

Es un tipo específico de diabetes que únicamente se puede presentar en mujeres embarazadas. Por definición, implica una acumulación anormal de glucosa o azúcar en la sangre, entre otras alteraciones, y suele desaparecer durante el puerperio.

Sus causas no se conocen del todo, pero los expertos creen que durante el embarazo la placenta produce ciertas hormonas (estrógeno, cortisol y lactógeno) que podrían bloquear el trabajo de la insulina (la hormona que secreta el páncreas para regular el nivel de glucosa sanguínea y así controlar la velocidad a la que esta es consumida por las células de músculos, tejido graso e hígado). Lo normal es que al efecto de dichas hormonas el páncreas responda con una producción adicional de insulina, pero ello no siempre ocurre y es cuando se desarrolla la DG.

Problemas que puede ocasionar

Cuando no se trata, la DG repercute en la salud de la mujer y el bebé que espera. A ella la hace más susceptible a las infecciones en las vías urinarias y a presentar preeclampsia, una condición caracterizada por presión arterial elevada y retención de líquidos, entre otros síntomas, que es potencialmente peligrosa tanto para la vida materna como la del bebé en formación. Por ello, cuando se presenta, los médicos suelen interrumpir el embarazo.

Por su parte, los bebés de madres con DG pueden: crecer en exceso y nacer hasta con más de cuatro kilos de peso (macrosomía), lo cual complica el parto y exige un esfuerzo mayor a la mamá; nacer con deficiencia pulmonar que amerite su internamiento en terapia intensiva, hasta que respiren por sí mismos; sufrir hipoglucemia, es decir, una caída drástica en sus niveles de glucosa sanguínea durante el nacimiento, con el consiguiente peligro de padecer convulsiones, y desarrollar ictericia, un exceso en la secreción de la hormona bilirrubina por parte del hígado, lo cual es fácil de remediar, pero puede ser riesgoso.

¿Cómo controlarla?

Dieta. No hay una dieta estándar para la DG, por lo que tu médico, apoyado por un nutriólogo, deberá diseñarte un régimen individual basado en tu peso, talla, etapa del embarazo y resultados de laboratorio. En general, tu consumo de calorías debe provenir 40% a 60%, de carbohidratos complejos o de absorción lenta (cereales integrales y frutas); 20% a 25%, de proteínas (carnes rojas, aves, pescado, leche y derivados, huevo); y 25% a 35%, de grasas insaturadas, como los aceites comestibles de oliva, girasol, maíz, el aguacate, nueces, almendras, avellanas, y ácidos grasos omega 3, disponibles en pescados azules. Otra pauta es hacer tres comidas principales y tomar dos a tres colaciones que pueden consistir en yogur, queso descremado, fruta o verdura.

La distribución calórica diaria ideal es: 15% en el desayuno, 5% en la colación, 30% en la comida, 5% en la colación de media tarde, 40% en cena y 5% en la colación nocturna. Descarta los carbohidratos simples o de absorción rápida (elevan súbitamente tu nivel de glucosa en la sangre): azúcar y todos los productos adicionados con ella (dulces, chocolates, cremas para repostería, postres, catsup, refrescos, helados, leches de sabores, mermeladas, jarabes, miel de abeja).

Ejercicio. Hacer ejercicio te ayudará a suprimir la inyecciones de insulina y/o el uso de medicamentos antidiabéticos, o bien a reducir la dosis al máximo (siempre es bueno evitar las medicinas en el embarazo). Además, reducirás tu probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 en el futuro. Prefiere las rutinas que no impliquen actividad uterina y sí empleen los músculos de la parte superior del cuerpo, o simplemente camina media hora cada día.

Monitoreo de glucosa. Diario debes medir tu glucosa sanguínea con un glucómetro de fácil uso que no requiera calibración (para brindar resultados precisos) y que extraiga una mínima muestra de sangre. El monitoreo diario te permitirá observar el control adecuado de la diabetes, te involucrará más en tu tratamiento, permitiéndote detectar los momentos de descontrol (hipoglucemia o hiperglucemia) para hacer las correcciones necesarias, ya sea a tu dieta o nivel de actividad física, de manera oportuna. Tu meta debe registrar estos valores: en ayunas, menos de 95 mg/dL; una hora después de comer, menos de 140 mg/dL; y dos horas después de comer, menos de 120 mg/dL.

Controles médicos

El intervalo adecuado entre visitas en general es cada 2-3 semanas hasta la semana 34 y cada 1-2 a partir de entonces.

Entre las semanas 29 y 33, el médico mide la circunferencia abdominal fetal para determinar si hay macrosomía (crecimiento fetal excesivo). En caso afirmativo se inicia tratamiento con insulina.

La hospitalización es necesaria cuando hay repercusiones importantes sobre la madre o el feto (mal control metabólico, hipertensión severa o problemas renales, amenazas de parto pretérmino, pielonefritis…).