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Padres e Hijos

¿Tienen sentido hoy los cuentos de hadas?

La imagen del hada, la bruja y el ogro parece que ya no forma parte de nuestro día a día. O, por lo menos, ya no como antes. Cualquier superhéroe está mucho más integrado en nuestra familia: desayunamos los cereales del superhéroe en turno, vemos sus películas y leemos su libro para dormir. ¿Significa eso que han muerto los cuentos de hadas?

Olga Salut, cuentacuentos, empezó contando historias de hadas pero tuvo que cambiarlas por otros personajes (animales y niños, sobre todo). «Parece que las hadas han quedado un poco… ñoñas», afirma. Además, la imaginación hoy en día sigue  patrones diferentes. Y cuando Olga pregunta en un cuento: «¿Cómo devolvemos la luna al cielo?», un niño responde: «Por email». La respuesta hace gracia al principio y después da que pensar: ¿la realidad virtual y las nuevas tecnologías están ocupando el sitio de la magia?

Juan José Barrionuevo, librero infantil, tiene una clave: «Es una pena, pero los héroes de la televisión duran tres meses en la imaginación de los niños». O sea, no son inmortales. Probablemente no superen la prueba de los diez siglos, aventajada con creces por hadas, ogros, princesas y brujas. Pero la realidad es que hoy en día pueden convivir en el imaginario de nuestros niños el gato cósmico que saca cosas del bolsillo mágico, Harry Potter y el hada con varita, los héroes de ahora Iron Man, Capitan América, Hulk… y los príncipes de antes, la televisión y la imaginación. Pues, si conviven… ¿dónde están las hadas? Juan José dice que las tiene en su librería, escondidas en los estantes, esperando que entre por la puerta un niño en busca de magia.

Las hadas, vistas desde la psicología

Cada vez que un padre entona la fórmula mágica «érase una vez…», abre una puerta a la liberación. Promete una historia ocurrida en un tiempo remoto, en cualquier lugar, que habla el lenguaje de los niños: el de la imaginación y los símbolos. Comienza un emocionante relato de peligros y aventuras en la superficie, que conecta en lo profundo con los miedos y contradicciones del niño mejor que ninguna otra cosa. No se puede explicar con la razón (o pierde toda su fuerza).

Sus símbolos han sido pulidos durante cientos de años y tocan el inconsciente profundo de quien los lee. Reflejan siempre una lucha entre el bien y el mal, cuestiones que en los cuentos encarnan personajes diferentes pero que, según los psicólogos, representan las batallas que las emociones de los niños libran en su interior. La bruja vive dentro.

El temor al abandono de los padres (Pulgarcito), el sentimiento de no ser tan querido como los hermanos o de ser injustamente tratado (Cenicienta), la envidia y los celos (Blancanieves)… son emociones a las que se enfrentan diariamente en su difícil tarea de crecer y establecer una relación con quienes les rodean. El cuento les ofrece  un espacio en el cual proyectar sus contradictorios sentimientos y aprender a superar lo que les hace sufrir. Porque los cuentos siempre acaban bien.

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La entrada a la escuela, por ejemplo, es toda una hazaña. Un libro sobre la entrada al cole en el que aparece Manolito preparando la mochila, paseando y saludando a sus amigos, no refleja la verdad emocional que vive el niño en la misma situación. El crudo abandono que sienten Hansel y Gretel cuando sus padres los dejan en mitad del bosque sí puede parecerse a lo que experimentan los pequeños cuando los dejamos en clase.

Por eso, dicen los estudiosos de los cuentos de hadas, cuando los niños piden un cuento una y otra vez, hay que leérselo una y otra vez, seguros de que están extrayendo de él todo lo que necesitan. La bruja que vive dentro está a punto de salir por la puerta con la ayuda del hada, que todo lo hace posible. Para que haya hada-bruja- héroe, en lugar de niño-en-problemas, hay que aprender a conjurar la magia y hablarle a la imaginación.

Que no se pierda su sentido

Es importante que no se pierda la tradición de los cuentos de hadas (o de los cuentos modernos).  No pasan desapercibido a los niños, no para su imaginación ni para su capacidad para reflejarse en los personajes y sus hostorias, e ir aprendiendo a enfrentar el mundo fuera de casa a través de ellos. Por eso la hora de contar el cuento suele convertirse (si todos se implican) en un momento mágico.

Felipe Salinas