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3 falsas creencias en la crianza de los hijos

¿Alguna vez te has descubierto con el pensamiento de que tienes un niño malo porque es desobediente, berrinchudo, chantajista, grosero? La especialista Teresa García, psicoterapeuta en su libro No hay niño malo nos invita a reflexionar en este tema, pues nos cuenta que la mayoría de las personas se dejan llevar por falsas creencias en la crianza de los hijos acerca de cómo debe ser un niño y de cómo debe ser educado.

Creencias en la crianza de los hijos

Claro que amo a mi hijo, le doy todo. Los patrones más frecuentes entre los padres para hacer sentir a su hijo querido es decirle te quiero, abrazarlo y besarlo o, regalarle cosas, pero no son las mejores formas.

La verdad: Ellos se sienten queridos cuando están contigo, escuchas su plática o historias, compartes sus juegos, sobre todo, cuando conectas con lo que sienten: “Veo que estás preocupado, asustado, ¿quieres platicarme?”. El amor se siente y los pequeños son totalmente sensoriales; ellos tienen sus emociones a flor de piel, justamente por ello muchas veces reaccionan tan intensamente.

Lo que necesitan de sus padres es que estén con ellos durante su emoción: cuando están enojados, tristes, alegres; ellos no entienden su sentir, solo lo sienten, por lo que requieren de un adulto que les diga qué es eso que están viviendo.

Tu papel es… nombrar la emoción: “oye, sé que estás enojado, está bien, tienes todo el derecho a sentirte así”.

Se portan mal para llamar la atención, manipular o hacernos enojar. Creemos que cuando un niño hace un berrinche o comete una falta de respeto es porque quiere imponernos su voluntad y solemos reaccionar con un regaño, gritos o un castigo; o simplemente lo ignoramos “hasta que se cansa”. Tras esta conducta hay una carencia.

La verdad: Los niños reaccionan con las emociones desbordadas porque no las saben manejar, por lo tanto, su reacción es un impulso. Ellos necesitan de sus padres empatía, por ello es esencial que estos se pregunten qué le está pasando realmente al niño; en el instante, lo que importa es identificar lo que él está sintiendo, después será posible hablar de su reacción y de lo que esta hizo sentir a los demás.

Tu papel es… redirigir su conducta impulsiva, no sus emociones: “entiendo que estás enojado, pero no puedes aventar los objetos, mejor vamos a rugir como leones, o tengamos una guerra de almohadazos”.

Si no lo castigo, me va a tomar la medida. La idea de controlar la conducta de los hijos para cuidarlos bien y hacerlos chicos de bien conduce a sobrevalorar la obediencia, cuando lo importante es formar personitas seguras de sí mismas. Entonces, se trata de ayudarlos a desarrollar conexiones neuronales que les vayan permitiendo tomar mejores decisiones, lo cual significa que se les debe permitir practicar.

La verdad: Un niño que controla a su padres habla de unos papás inconsistentes; quizá, caen continuamente en darle lo que pide de mala forma para que se calme, lo cual le enseña que puede hacer lo que quiera.

Tu papel es… enseñarle que siempre habrá consecuencias y límites, a través de la negociación y dejándolo tomar decisiones controladas por ti. Por ejemplo, no vas a negociar si el niño se lava o no los dientes, pero sí con cuál de los cepillos se los lava. Ante las opciones, ellos perciben que pueden decidir, esto los hace responsables de sí mismos.

Tere García argumenta que la educación de los pequeños debería partir de su comprensión, así como de un constante trabajo de autoanálisis por parte de los padres para determinar los mejores modos de criar a su hijo, pues cada niño tiene un modo muy particular de ser. En este sentido, cada padre debe conocer a fondo a su hijo con el fin de poder acompañarlo en su crecimiento.

FOTO GETTY IMAGES

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