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¿Cómo ayudar a tu hijo a ser tolerante y por qué es importante?

La tolerancia es aceptar a otros, aunque no compartan nuestra manera de pensar o actuar, siempre que no perjudiquen a nadie. ¿Cómo ayudar a tu hijo a ser tolerante?

¿Y por qué es importante ayudar a tu hijo a ser tolerante?

Como padres nos corresponde transmitir a nuestros hijos una serie de valores que contribuirán a formar su carácter y serán para ellos un punto de referencia en la vida y una fuente de felicidad. No se trata de darles sermones: los pequeños asimilan y aprenden con las palabras, pero también, y sobre todo, observando el comportamiento de las personas que más admiran y aman, es decir, sus papás.

Enséñale estos valores humanos y lo ayudarás a ser tolerante

Solidaridad:

Nace del sentimiento de estar unido a los demás y engloba otros valores como la consideración (tener en cuenta las circunstancias de los demás al pensar en ellos) y la justicia. Ayudar a aquellos que lo necesitan es una acción que nace de la capacidad de ponerse en su lugar. Dado que a esta edad los pequeños comienzan a tener una vida social más activa, es un buen momento para estimularlos a pensar sobre lo que sienten los otros, tanto personas como animales y plantas.

Por ejemplo: “A ese perrito parece que no le gusta que su dueño lo lleve dando jalones de la correa, ¿tú que crees?” o “Vamos a regar esta planta, necesita agua para dar flores”. Podemos mostrarles que, con acciones muy sencillas, ellos también pueden hacer el bien a los demás: “¿Te gustaría llamar al abuelo? Por las tardes está solito, seguro que le haría mucha ilusión escucharte”.

Compasión

Ser sensibles a las desgracias ajenas y mostrar interés por el sufrimiento de los demás, favorecer siempre la resolución de los problemas mediante la paz y la palabra, respetar el medio ambiente y valorar a los demás por el simple hecho de ser personas, son actitudes que no deberían faltar en casa. Se adquiere a través del aprendizaje de otros valores como la humildad, la cooperación y el altruismo.

Humildad

Enseñaremos a los pequeños a ser humildes si les ayudamos a aceptar sus limitaciones y las de los demás, mostrándoles que el valor de las cosas y las personas va más allá de lo que parecen o el dinero que cuestan. Compartir juguetes o cuentos y pedir cosas prestadas, aprendiendo a cuidar lo ajeno y a devolverlo, son acciones que debemos fomentar a esta edad para evitar que den demasiada importancia a sus pertenencias.

Cooperación

Con el trabajo en equipo, los niños aprenden que, si todos aportan un poquito, se obtienen grandes resultados. Por ejemplo, podemos animar a los pequeños en el parque a que entre todos hagan un gran castillo de arena. En casa, es importante acostumbrarlos a cooperar en las tareas domésticas, y a compartir las cosas con cariño, sin esperar nada.

Honestidad

La honestidad nos permite aprender de nuestros errores (porque los reconocemos), relacionarnos con los demás de una manera auténtica (y que nos acepten como somos), y enfrentarnos a la realidad con valentía y confianza en nosotros mismos. Ser honestos va más allá de decir la mentira o la verdad: empieza por uno mismo y por eso lo primero que tenemos que hacer es ayudar a los niños a saber qué es lo que piensan, lo que sienten, lo que quieren… y guiarlos para que obren con coherencia.

Del mismo modo, en la familia, un clima de sinceridad y confianza, donde no haya represalias por decir lo que pensamos y sentimos, facilita que los niños compartan con nosotros sus miedos, dudas y equivocaciones.

Coherencia

Ser coherentes también implica reconocer los errores y pedir perdón cuando es necesario. Esto los ayudará a saber que todos nos podemos equivocar, por lo tanto, podrás ser  tolerantes.  Es nuestra labor ayudar a nuestros hijos a enfrentarse a las consecuencias de sus faltas, como hacerles devolver un juguete que tomaron en el parque.

De esta forma aprenderán que ser honestos a veces requiere un esfuerzo, pero merece la pena. Nuestra actitud en estas situaciones debe ser comprensiva: advirtámosles de los errores cometidos, pero no nos enojemos con ellos. En la vida cotidiana hay muchos momentos en los que podemos ir mostrándoles lo que es la honestidad y animarlos a ejercerla, pero no hay nada como nuestro ejemplo

Amor

Es, entre otras cosas, la capacidad para dar y recibir afecto, y esto se consigue educando a los niños no sólo con la razón, sino también con el corazón. Para los niños, la familia es la primera y fundamental fuente de amor; por eso es bueno hacerles sentir que forman parte de un clan, que son únicos e importantes, y que tienen su lugar en el mundo y el apoyo incondicional de quienes los quieren.

También es primordial que crezcan en un ambiente en el que los afectos se expresen sin miedo, con palabras y gestos de cariño: observar un abrazo o un guiño entre nosotros, una conversación amable por teléfono o una animada reunión es el mejor ejemplo que podemos darles.

Sabiéndose amados, los niños aprenderán fácilmente a ser optimistas y alegres. Esto se fomenta haciendo hincapié en el lado positivo de las situaciones y ayudándolos a superar los inconvenientes, inculcándoles la confianza en sí mismos y en los demás: «Como hemos perdido el autobús, podemos ir paseando y detenernos un rato en el parque». O bien: «Ya verás cómo mañana tu amiga y tú harán las paces».

Otra buena enseñanza es provocar sentimientos positivos en los otros: «Vamos a decirle a papá cuánto lo queremos». La simpatía es una de las mejores virtudes de las personas afectuosas: lograr que nuestros hijos sonrían es el mejor modo de que, en el futuro, puedan hacer felices a los demás.

FOTO GETTY IMAGES

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