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Ser Bebé

Dulces sueños

Dormir es un placer, pero también cumple una función regeneradora, en especial para los bebés, a quienes da energía y ayuda a crecer.

Dormir es un placer, pero también cumple una función regeneradora, en especial para los bebés, a quienes da energía y ayuda a crecer.

Sin duda, el reloj biológico de los bebés va más rápido que el de los adultos y por eso, muchas veces, sus horas de sueño y la nuestras no coinciden. Esto se explica del siguiente modo: el ciclo biológico, que en los adultos se repite cada 24 horas, en ellos ocurre cada tres o cuatro, teniendo en cuenta que los periodos de vigilia y de sueño está regidos, sobre todo, por la alimentación. En esas pocas horas, el cuerpecito del niño hace su propio día (come, duerme y evacua) y así sucesivamente. En los primeros mese de vida, el bebé aún no distingue la noche del día y sus ciclos vitales se desarrollan  así de rápido, bajo la guía de su apetito.

 

Horas de sueño

 

Recién nacido: 18 horas
En sus primeros meses de vida, un bebé puede llegar a dormir hasta 18 horas, nueve nocturnas y el resto durante el día. Desde luego, su horario no coincide con el de sus padres, Su ritmo biológico es muy acelerado y, en tres o cuatro horas, repite todo lo que un organismo adulto hace en 24 horas.

 

Tres a seis meses: 15 horas
Puede dormir 15 horas, probablemente seis seguidas durante la noche (para el alivio de sus padres) y el resto durante el día. Aunque su horario aún no está del todo sincronizado con el de los adultos, en esta época es cuando se da un notable avance.

 

Siete a 12 meses: 13 a 14 horas


Puede llegar a dormir hasta 11 horas de noche y tres de día, y recocer claramente los periodos de vigilia y sueño. Es el momento de sentar las bases para dormir bien, propiciarle un poco de luz en las siestas, y silencio y oscuridad por la noche. No pasa nada si se le deja una tenue luz nocturna, la oscuridad total no le gusta a ningún bebé.

 

Uno a tres años: 10 a 13 horas
Cada niño debería dormir entre 10 y 13 horas al día. Entre el segundo y el tercer año, la mayoría abandona la siesta. Es útil que al acostarse cuente con la compañía de un objeto de consuelo (peluche o mantita). El ritual previo a la hora de dormir cobra fuerza ahora, así que dedícale ese tiempo con ternura y tranquilidad, y sal de su cuarto justo antes de que el sueño le venza.

 

Cuatro a cinco años: 10 a 12 horas
Los horarios adquieren mayor importancia para mantener los buenos hábitos. Ya no necesita la siesta, pero es bueno que descanse un ratito después de la comida. Es vital nunca usar la instrucción de irse a la cama como castigo; al contrario, es bueno aprovechar ese momento para dejarlo expresar lo que le pasa por la cabeza, leerle su cuento favorito, decirle que al día siguiente le esperan mil cosas buenas y prometerle que ahí estarás para disfrutarlas con él.