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¿Está resfriado?

Los papás primerizos siempre se preocupan cuando hay un exceso de mucosidad en sus tesoros, ya que puede parecer más serio de lo que es. Lo cierto es que cualquiera puede sufrir un catarro, incluido un recién nacido.

Los papás primerizos siempre se preocupan cuando hay un exceso de mucosidad en sus tesoros, ya que puede parecer más serio de lo que es. Lo cierto es que cualquiera puede sufrir un catarro, incluido un recién nacido.

El hecho de que las fosas nasales del recién nacido sean más estrechas y su sistema inmunológico esté aún inmaduro hace de los bebés un blanco perfecto para los resfriados. Pero sus defensas se fortalecen en cada encuentro con un nuevo virus, pues aumenta su inmunidad. Aunque no hay que hacerse ilusiones: hay unas 250 clases de rinovirus que pueden enfermarlo.

El catarro, molesto para el bebé

Cualquiera puede sufrir un resfriado, incluso un recién nacido. Tal vez el bebé tenga suerte y no se enferme en su primer año, pues recibe anticuerpos a través de la placenta, y la leche materna también aporta anticuerpos contra las enfermedades y es la mejor vacuna. Pero también puede que sufra media docena de catarros, sobre todo si hay algún hermano mayor que lo contagie.

Es normal el desvelo de los padres. Un resfriado ordinario es ya de por sí muy molesto para un bebé. Los adultos podemos sonarnos la nariz y, si es preciso, respirar por la boca; sin embargo, los bebés no pueden limpiarse la nariz y, cuando están comiendo, deben respirar a través de ella, o al menos intentarlo. Por cierto, la lactancia no debe interrumpirse porque la madre esté resfriada.

El tratamiento debe ser de acuerdo con la gravedad del resfriado y a cómo se sienta el niño. Si come y duerme con normalidad, probablemente no se pueda hacer otra cosa que esperar que el catarro siga su curso, y estar alerta ante cualquier cambio que pueda significar algo más serio.

¿Cómo lograr que el bebé esté más cómodo?

1. Si el cuarto es seco, la solución más práctica es usar un humidificador. El aire húmedo facilita la eliminación de las secreciones nasales y es menos irritante que un ambiente seco. Es preciso limpiar el aparato a menudo para que no acumule microorganismos que puedan ocasionar problemas respiratorios.

2. Es bueno mantener el cuarto algo fresco sin pasarse: si el bebé siente frío, se quejará. Es más fácil respirar con aire húmedo y fresco. Lo ideal son 22 grados de día y de 18 a 20 por la noche.

3. La higiene de sus manos. A menudo, las infecciones de ojos se producen cuando las manos del pequeño transportan los virus desde su nariz o su boca a los ojos. Por eso, mantenérselas limpias puede evitar una infección, y también que sus virus se transmitan a los adultos.

4. Debemos extremar nuestra higiene ya que podemos transmitir virus y bacterias, de forma involuntaria, al recién nacido.

Aliviar su congestión nasal

1. Si el tapón nasal del bebé dificulta seriamente su alimentación y el sueño, se puede usar suero fisiológico (no precisa receta médica) para mejorar su respiración.

2. Nunca hay que usar gotas vasoconstrictoras: alivian de inmediato, pero tienen efecto rebote y en poco tiempo la mucosa está más inflamada que antes.

3. Las gotas y sprays descongestionadores tampoco se aconsejan para menores de seis meses; y aunque los hayan cumplido, lo mejor es que sea su pediatra quien recete el producto más indicado.

4. No se debe elevar la cabeza del bebé colocando una almohada para tratar de mejorar su respiración en el sueño. Puede crear un peligroso hueco a través del cual podría rodar. Es mejor elevar la cabecera de la cuna metiendo algo debajo del colchón.

5. Si las secreciones nasales son espesas se pueden extraer con un aspirador nasal. Lo ideal es hacerlo 30 segundos después de administrar las gotas de suero, cuando la mucosidad esté disuelta.

Señales de alerta

Si tiene alguno de estos síntomas, puede tratarse de algo más serio:

1. Cambios bruscos en su comportamiento: un bebé activo y juguetón que se vuelva muy tranquilo.

2. Una fiebre que persista tres o más días o que experimente subidas y bajadas repentinas.

3. Progresivo malestar al dormir, con gemidos o frotamiento de un oído.

4. Respiración difícil, con carraspeo o silbidos y un movimiento inusual del pecho.

5. Hinchazón de los ganglios del cuello, las axilas o las ingles.

Foto: Shutterstock