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¿Los sustos pueden hacer daño a los bebés?

Conoce los mitos y realidades que rodean a los sustos durante el embarazo y posteriormente en los pequeños.

Conoce los mitos y realidades que rodean a los sustos durante el embarazo y posteriormente en los pequeños.

Uno de los mitos más frecuentes en el embarazo, así como luego del nacimiento, es que los sustos afectan terriblemente a un bebé. De hecho, muchas personas consideran que pueden llegar a causarles malformaciones o alguna enfermedad desde que están en la pancita si se asusta la mamá durante la gestación.

 

A la fecha es un poco polémico el tema, ya que algunos especialistas indican que entre la madre y el feto no existen conexiones nerviosas, por lo que los estímulos nerviosos maternos no ejercen ninguna acción directa sobre el bebé. Por ello, pretender relacionar las situaciones penosas por las que pueda pasar una embarazada con problemas para su hijo no tiene ninguna base científica.

No obstante, también existen estudios en los cuales se demuestra que sufrir altos niveles de estrés y ansiedad en el embarazo pueden llevar a un parto prematuro, principalmente. Además, las emociones fuertes pueden más bien dar lugar a una amenaza de aborto debido a un reflejo que puede provocar espasmos y contracciones del útero, cosas que en el momento del parto pueden inhibir o suspender las contracciones.

 

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Por otra parte, luego del nacimiento, suele ser frecuente que cuando un bebé

muestra un comportamiento anormal, como llorar desconsoladamente, está muy nervioso o no desea comer, se atribuyen estos efectos a los sustos o espantos.

 

La razón popular es que tales sustos les genera intranquilidad y ansiedad, así que se suele recurrir a ciertos rituales o remedios caseros para curarlo. Lo anterior, en realidad, es totalmente falso, puesto que dichas reacciones se deben a otras causas, las cuales se deben determinar por su bien.  

 

Cabe destacar que los sustos, cuando son parte de un juego que sorprende a los pequeños, no son en realidad dañinos para ellos, pues cumplen con una función psíquica que contribuye a su desarrollo cognitivo, social y emocional, y que ayuda a la construcción de la personalidad de los pequeños.

 

Los especialistas indican, incluso, ?que jugar a asustar por sorpresa, tanto si el niño es el que asusta o el asustado, permite la liberación de angustias, miedos o temores reprimidos a lo largo del día de un modo lúdico y controlado. Por lo que el niño se sentirá mejor tras el juego, cuanto menos se juega más se reprimen los sentimientos, por lo que hay que dejar que fluyan.?

En general, propiciar esta clase de reflejos a través del juego ayuda a los expertos a tratar algunos de los miedos infantiles, como son el temor a estar solo o a lo que hay detrás de las puertas cerradas de armarios o trasteros. Aunque se debe utilizar con cautela con aquellos niños muy sensibles puesto que el objetivo es divertirse no atemorizar o agudizar los más. ¡Ahora ya lo sabes!

 

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