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Primer día en la guardería

Es común que el primer día de tu bebé en la guardería sea difícil tanto para ti como para él, pero recuerda que todo es un proceso de adaptación y pronto estará disfrutando de esta nueva etapa.

Es común que el primer día de tu bebé en la guardería sea difícil tanto para ti como para él, pero recuerda que todo es un proceso de adaptación y pronto estará disfrutando de esta nueva etapa.

Cuando los padres deciden inscribir a su hijo en la guardería infantil siempre se hacen algunas preguntas: ¿No es demasiado pequeño? ¿Le afectará estar entre extraños? ¿Está bien que vuelva al trabajo y no cuide de mi hijo? No hay que preocuparse. Si la guardería infantil es de calidad, el niño comenzará a socializar y es una buena preparación para la escuela.

Pasar de las caricias y atenciones de papá y mamá a tener que compartir el tiempo con otros niños, tiene su lado positivo. Lejos de suponer una amenaza para el desarrollo del pequeño, le enseñará conductas valiosas y necesarias para vivir en sociedad como compartir las cosas o empezar a experimentar las primeras nociones de amistad.

Relaciones con otros niños

La guardería aporta una nueva faceta al pequeño al ampliar sus relaciones interpersonales: comienzan a tener sentimientos de pertenencia a un grupo y perciben que allí hay reglas y horarios que tienen que cumplir todos los niños juntos.

A lo largo de toda su educación fuera del entorno familiar, se irán dando cuenta de que no son el centro de todo, aunque sigan siendo los reyes de la casa. Y también de que hay «otros iguales» con los que jugar, divertirse y compartir, pero también con los que pelearse, de quienes proteger sus juguetes, a quienes llorar?

Desarrollo de la comunicación

Los pequeños se comunican entre sí con su propio lenguaje. No es que hablen entre ellos sin que los adultos se den cuenta, pero sí emplean otro tipo de registros y de gestos.

Si su forma de actuar cambia cuando tiene que dirigirse a otro niño, su relación con los adultos también se modifica. Después de varios intentos infructuosos, entiende que el lenguaje y la comunicación que utiliza con los mayores debe variar según las circunstancias y el lugar. ¡Seguramente papá y mamá serán más sensibles a sus gestos de afecto que los educadores, así que si quiere algo, tendrá que pedirlo de forma diferente, esperar su turno o, simplemente, conformarse con no tenerlo.

Foto: Pinterest

Guardería y familia

Que nuestro hijo vaya a la guardería infantil no significa que su educación ya esté encarrilada y nosotros podamos desentendernos. Es cierto, en una edad donde se aprende tanto y tan rápido, la guardería supone un aumento importante del número de estímulos de los que aprender. Pero para que este proceso sea del todo beneficioso, se necesita coherencia y continuidad.

Es bueno jugar con ellos, para facilitar la adaptación de los niños a la guardería y atenuar la confusión y la inquietud que toda nueva situación produce.

Esta coherencia debe incluir todas las esferas del universo del bebé. Por ejemplo, para que tenga una dieta equilibrada hay que saber qué ha comido en la guardería. También es importante que las normas que sigue en la guardería tengan una continuación en el hogar. Es decir, si allí no le dejan jugar con juguetes eléctricos porque no son adecuados para su edad, en casa tampoco deberían poder hacerlo.

Y otra cosa: un diálogo fluido con sus «profesores» es la mejor forma de cerciorarse de que nuestro hijo está teniendo un buen desarrollo físico, cognitivo y emocional.

La importancia del juego

Por otro lado, la guardería es la diversión en estado puro. Todos esos juguetes y esos mayores que se inventan actividades, bailes, canciones… la convierten en el paraíso del juego. Aunque a esta edad, dirigir e imponer ciertas actividades es misión imposible. Por eso, es el lugar perfecto para que jueguen a su aire e interactúen con otros niños. Pero no sólo es diversión, el juego compartido a estas edades es, además, un intercambio que facilitará aprendizajes posteriores: el diálogo, los sentimientos de comprensión y de posesión, etc.

Y todo eso supervisado por adultos calificados, que conocen el desarrollo del niño y que están atentos a cualquier problema que pueda surgir.