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Sonrisas sin leche

La intolerancia a la lactosa no es común en los niños, sin embargo, cuando se presenta puede afectar la nutrición de tu pequeño.

La intolerancia a la lactosa no es común en los niños, sin embargo, cuando se presenta puede afectar la nutrición de tu pequeño.

¿Qué es la lactosa?

 

Es un azúcar que está presente en los lácteos, principalmente en la leche. Es un disacárido; es decir, se compone de dos moléculas de azúcares más simples: lactosa y glucosa. Por su parte, en el intestino delgado se producen diferentes enzimas que ayudan a transformar lo que comemos en unidades más pequeñas y sencillas. En este caso, hay una enzima llamada lactasa que se encarga de descomponer la lactosa; si esta enzima no estuviera presente, la lactosa no se desdoblaría y entraría  tal cual al organismo, ocasionando problemas digestivos.

 

Tipos de intolerancia

 

La menos común se llama congénita. Se encuentra en bebés pretérmino (no terminaron las 38 semanas de gestación). En ellos ya están formados los órganos digestivos, pero les falta ese grado de especialización. Es decir, ya tienen los intestinos pero no produce lactasa, la enzima que desbaratará la lactosa.

 

La adquirida, que se le conoce como primaria. Esta también se vuelve permanente porque al niño se le rodea de un ambiente donde no están incluidos los lácteos. El cuerpo es tan sabio que si tú no le das un alimento determinado, entonces él mismo deja de producir la enzima necesaria para descomponerlo, porque no la necesita en funcionamiento. Es por ello que si tú adaptas a tu hijo a que no consuma lácteos, al momento de querérselos dar, es obvio que le harán daño porque no están presentes las enzimas necesarias para procesarlas.

 

También existe la secundaria. Se presenta luego de una operación o tratamiento con antibióticos, pues estos barren la flora intestinal, por lo que al pequeño puede resultarle pesado digerir la leche. Lo recomendable es introducir otro tipo de lácteos, como el yogur, para que se restablezca el organismo y pueda volver a tolerar la leche entera.

 

Recomendaciones generales

 

Si tu hijo presenta intolerancia a la lactosa, es importante adquirir el hábito de leer las etiquetas de los productos que vaya a ingerir. Existen otros alimentos que pueden contener lactosa, además de la leche, el queso y similares.

 

Mantener un registro de alimentos. Resulta conveniente usar un diario para escribir en él los alimentos que tu hijo ha consumido y si alguno de ellos le ha provocado alguna alteración estomacal. De esta forma podrás tener un mejor manejo de los alimentos específicos que causan síntomas particulares.

 

Verificar si se trata de una condición temporal. Aunque a la mayoría de los niños que se les diagnostica intolerancia a la lactosa presenta esta condición de por vida, otros sólo sufren de ésta de manera temporal (intolerancia secundaria). Por ello, se recomienda que un doctor evalúe al niño para determinar si se trata de esta condición.

 

Mezclar la leche con otros alimentos. En ocasiones existen niños que no toleran beber la leche sola, pero que sí pueden consumirla mezclada con algún cereal. Esta situación se debe a que estos alimentos no permiten que la lactosa llegue al intestino de forma rápida, lo cual ayuda a que el organismo refuerce las pocas enzimas de lactasa que se pueda tener.

 

Seleccionar alimentos deslactosados o bajos en lactosa. El consumo del yogur con cultivos vivos podría resultar una buena opción para los niños con intolerancia porque los microorganismos en el yogur ya han predigerido mucho de la lactosa.

 

Tomar en cuenta la ingesta de calcio. Los niños se encuentran en una etapa crucial de crecimiento, pues sus huesos necesitan seguir agrandándose y estar fuertes. Por ello requieren el consumo constante de calcio. Si tienen intolerancia a la lactosa, es necesario aportar este mineral de otra fuente, como vegetales verdes (brócoli), galletas enriquecidas con calcio, charales, leguminosas y sardinas, entre otros.