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Te conozco, me conoces

Te conozco

Te conozco

El pequeño comienza a familiarizarse con sus padres, el olor de mamá le tranquilizará, la voz de papá le dará seguridad.

Ha estado nueve meses en tu vientre, notaste cómo crecía, sus pataditas, su primer hipo… incluso pudiste intuir su carita y ver cómo se chupaba el dedo en las ecografías. Pero no lo conocías. Pues bien, ha llegado el momento.

 

El bebé ya está en casa y, aunque sientas que es una parte de ti, es un ser independiente con el que tienes que familiarizarte. Y él con mamá y papá. Todos los padres primerizos se angustian los primeros días intentando saber qué necesita ese precioso bebé que llora pidiendo algo. Pero… ¿qué? No saberlo desespera. La buena noticia es que esos padres inexpertos interpretarán en poco tiempo el llanto, las caras, los gestos, movimientos de su hijo. Sabrán qué hacer en cada momento.

 

1. ¡Pero qué bonito eres!

 

Acerca la cara a la del pequeño a 20-30 cm (su vista aún se está desarrollando y no puede enfocar distancias más lejanas) míralo a los ojos mientras lo saludas y le dices con ternura lo contentos que papá y mamá están de tenerlo en casa.

 

Tus ojos captarán su atención y fijará su mirada en la tuya, al principio durante breves segundos y cada vez la mantendrá por más tiempo.

 

Debes aprovechar cualquier oportunidad, como los cambios de pañal, el baño o las tomas de pecho, para establecer con tu retoño la conexión visual. Este contacto es clave en el desarrollo de una buena relación entre madre/padre e hijo.

 

2. Caricias en la espalda

 

La espalda es una de las partes de su cuerpo que el bebé no ve, aunque la siente, sobre todo al contacto con sus padres. Tus manos en su espalda le transmiten seguridad, ya que las utilizas para sostenerlo.

 

En una habitación con una temperatura agradable y sin corrientes de aire coloca al niño boca abajo sobre tus piernas, con la espalda descubierta. Frota suavemente tus manos para calentarlas y coloca una de ellas al principio de la espalda.

 

Desliza tu mano con poca presión hacia abajo, hasta el cóccix, y justo cuando llegue al final desliza la otra mano en el mismo sentido. Repite estos movimientos ininterrumpidamente mientras le susurras palabras cariñosas. Este ejercicio relaja al niño antes de ir a dormir.

 

3. Me imitas

 

Acomoda al niño en tu antebrazo. Acerca tu cara a la suya a unos 20-30 cm haz contacto con él y jueguen a caras y gestos: sonríele mucho, frunce el ceño, saca exageradamente la lengua…
Con sorpresa observarás que intenta imitarte.

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