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Ser Bebé

Todo a su tiempo

Te encanta que tu hijo conquiste logros. Pero, a veces, este afán de superación se convierte en una obsesión que, en forma de sobrestimulación, te condiciona a ir tras objetivos elevados. Tranquila, no hay prisa, mejor disfruta el camino.

Te encanta que tu hijo conquiste logros. Pero, a veces, este afán de superación se convierte en una obsesión que, en forma de sobrestimulación, te condiciona a ir tras objetivos elevados. Tranquila, no hay prisa, mejor disfruta el camino.

A veces, las mamis, cargadas de buenas intenciones, nos lanzamos a una carrera de fondo para «entrenar» a nuestros hijos en la adquisición de habilidades que, aunque no lo sepamos, llegarán de forma natural y sin tanto coaching. De hecho, a la hora de conseguir determinados logros, la diferencia entre niños muy estimulados y otros que no lo están tanto es, normalmente, cuestión de meses.

Así que no tiene mucho sentido el desgaste que supone para la familia entera (y sobre todo para el pequeño) el entrenamiento en la adquisición del control temprano de estos menesteres. No hace falta que aprendan rápido. El desarrollo de nuestros bebés es fascinante y presenciar cómo evolucionan su pensamiento y sus emociones es todo un lujo. Pero se trata de algo que sucede poco a poco, día a día, a base de muchos fracasos, perseverancia y, por supuesto, amor.

No lo agobies

Cada niño se desarrollará, en el contexto adecuado, sin necesidad de una estimulación demasiado sofisticada. Esto significa que los hitos del desarrollo como gatear, las primeras palabras, ponerse en pie o comenzar a comer sólidos, van a darse de forma natural, simplemente con poner a disposición del pequeño un entorno favorable que permita esos logros, invitándolos a suceder, pero sin forzarlos ni dirigirlos.

Crea las condiciones adecuadas

John T. Bruer en su libro El mito de los tres primeros años (editorial Paidós) explica muy bien el hecho de que el cerebro no se desarrolla por sí solo en la infancia (al contrario de lo que sucede, por ejemplo, con el esqueleto), sino que necesita una serie de estímulos, precisamente porque esos estímulos son tan universales que todos los niños, por el simple hecho de tener unos padres amorosos, van a tenerlos garantizados. No hay que conocer técnicas especiales, solo hay que estar ahí y amar a nuestro hijo. Esto significa proporcionarle:

Un espacio adecuado. La casa (o un lugar en ella) debe facilitar el moverse sin temor a hacerse daño, fuera de objetos a su alcance con los que pueda lastimarse. No tengas a tu hijo quieto o aislado siempre en el mismo sitio o habitación, procura brindarle un ambiente variado. 

Mucho cariño y seguridad. Para crecer, los seres humanos necesitamos una relación sólida y estable con nuestras figuras de apego. Es a partir de esa seguridad y del reconocimiento de papá y mamá, como modelos a imitar, desde donde suceden muchos de los logros de esta etapa. Los balbuceos, las canciones, aprender a decir adiós con la manita e, incluso, el deseo de no querer el puré de carne, tienen que ver con una buena relación con los que más le quieren.

Libertad de movimiento

Si dejas a tu bebé estar en el suelo y le permites moverse, con seguridad empezará a gatear, después se apoyará en las sillas para ponerse de pie y, antes de que te des cuenta, estará caminando solito. Lo mismo ocurrirá si lo sientas en la mesa contigo y dejas que explore los alimentos con las manos (con precaución, claro); en poco tiempo nacerá el interés por probarlos. Y si le hablas y escuchas con atención sus gritos y sonidos, cuando llegue el momento dirá sus primeras palabras. Compartir con tu pequeño la vida familiar de forma natural y sin demasiadas ataduras, lo estimulará.