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Una cabecita muy delicada

Una cabecita muy delicada

Una cabecita muy delicada

¿Por qué cuando nacen no la tienen redonda? ¿Cuándo se normaliza?

Lo más llamativo en los bebés recién nacidos suele ser su cabeza. Para empezar, si el parto fue vaginal, es probable que presente una deformidad sutil e, incluso, algún hematoma. También sorprenden sus dimensiones: a simple vista, parece desproporcionadamente grande (representa casi una tercera parte del total de su cuerpecito), además de ser muy pesada.

 

Es evidente que el niño tardará tiempo en sujetarla y guiar sus movimientos. Y lo más sorprendente: al acariciarla, notarás unas zonas blandas que se deprimen al presionarlas y a veces laten visiblemente.

 

Todos estos aspectos, deformaciones y traumatismos ocurridos durante el parto, control cefálico, tamaño y osificación del cráneo deben ser examinados en los chequeos que el médico hace al bebé. Observar si las secuelas del parto desaparecen, si el niño adquiere mayor dominio de la cabeza, si el cráneo crece a un ritmo adecuado y si las fontanelas se van cerrando, son comprobaciones rutinarias, pero de suma importancia, para verificar que todo va bien.

 

¿A qué se debe  su forma alargada?

 

?La imagen de una cabeza voluminosa que va deslizándose y asomando lentamente, milímetro a milímetro, a través de la abertura de un estrecho suéter de cuello de tortuga sirve para hacerse una idea del esfuerzo que realiza un bebé para nacer. Tal proeza es posible gracias a que los huesos del cráneo son blandos y todavía no se han unido totalmente entre sí, lo cual le permite a la cabeza amoldarse perfectamente al canal del parto.

 

A consecuencia de ello, la cabecita del recién nacido suele estar deformada, a lo ancho o a lo largo, según la posición adoptada durante el nacimiento. Para los médicos, se trata de deformidades fisiológicas y, por tanto, irrelevantes y transitorias (desaparecen en las primeras horas o días de vida).

 

De hecho, el alargamiento de la cabeza es característico de los recién nacidos que llegan al mundo por vía vaginal. Es totalmente indoloro y no deja secuelas. En ocasiones, el pequeño sí presenta secuelas de un parto difícil. Cuando la compresión es muy intensa o se emplea ventosa para extraerlo, se pueden formar edemas o hematomas en la cabeza. A pesar del nombre tumores de parto y del aspecto a veces, una llamativa protuberancia de color morado y del tamaño de una mandarina, estos traumatismos no necesitan tratamiento ni revisten gravedad. Al bebé no le duelen y se le puede manipular con tranquilidad; eso sí, hay que procurar no tocar en exceso las zonas lesionadas. En un par de semanas cuando mucho, al reabsorberse los líquidos acumulados, la cabecita del pequeño se vuelve más lisa y redondeada.

 

¿Y después? ¿Hay que tener alguna precaución especial? ?

 

Se recomienda evitar que el niño permanezca en una misma posición para que la cabeza no se aplane, así que si esta presenta una deformación muy notoria, se aconseja cambiarlo a menudo de postura. La configuración definitiva del cráneo depende más del crecimiento del cerebro que de cómo se acueste al bebé.

 

¿Cuándo se cierran las fontanelas??

 

Las fontanelas, también llamadas fontículos, son seis, aunque sólo se suelen palpar dos: la menor, que es triangular y se sitúa en la parte posterior, encima de la nuca; y la mayor o anterior, que tiene forma romboidal y se encuentra en la zona central y más alta de la cabeza.

 

La exploración de las fontanelas abiertas no sólo informa al médico del proceso de osificación del cráneo, también permite detectar trastornos. Por ejemplo, un fontículo abombado puede ser síntoma de una meningitis, mientras que una fontanela hundida podría indicar deshidratación. Ahora bien, no hay que inquietarse ante cualquier cambio: si la fontanela está tensa o palpita, puede deberse a una presión momentánea (por ejemplo, si el niño llora con fuerza).

 

En todo caso, si observas algún detalle llamativo, debes comunicárselo de inmediato al pediatra. No hay una razón que justifique el temor que causa en algunos adultos tocar las fontanelas; el cerebro del pequeño  está protegido por capas de piel y tejido, y se puede manejar al bebé con absoluta normalidad, sin miedo a dañarlo.

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