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Familias de padres solteros: una realidad en aumento desde hace 20 años

Las denominadas «familias convencionales» se han visto rebasadas por las «familias de padres solteros» durante los últimos veinte años.

Es una realidad que durante los últimos 20 años, en el continente americano, principalmente en Centroamérica y Sudamérica, se está volviendo cada vez más común que se compongan las familias de padres solteros, encabezadas por las madres, encabezadas por los padres o encabezadas por los abuelos que crían a los nietos.

Si bien la vida en una familia de padres solteros es algo ordinario hoy en día, esta situación puede significar un alto nivel de estrés para el adulto y los niños ya que esperan que su familia funcione como una en la que están presentas ambas figuras, es decir, la madre y el padre.

Asimismo, la madre o el padre, o los abuelos, pueden sentirse angustiados por la responsabilidad de hacer tareas titánicas para cuidar a los niños, mantener su trabajo y las cuentas al día y hacer los quehaceres de la casa. Además, las finanzas y los recursos de la familia suelen verse drásticamente reducidos después de la separación de los padres.

Las familias de padres solteros afrontan muchas otras presiones y posibles áreas problemáticas que las familias convencionales no afrontan. Por ejemplo, los problemas de visita y custodia; los conflictos continuos entre papá y mamá; menor oportunidad para que padres e hijos compartan tiempo juntos para la dispersión y recreación; los efectos de la separación en el ámbito académico de los niños y su relación con sus compañeros de escuela.

Por último, también es un factor importante que acarrea constantes problemáticas cuando los familiares lejanos no tienen contacto con los niños, como es el caso de los abuelos maternos o paternos. Las nuevas relaciones o citas de los padres también puede desencadenar una serie de obstáculos en el desarrollo integral de los menores.

La madre o el padre pueden ayudar a los familiares a confrontar estas dificultades hablando entre todos de sus sentimientos y trabajando juntos para tratar de resolver los problemas. El apoyo de amigos, compañeros de fe y otros miembros de la familia también puede ayudar. No obstante, si los miembros de la familia aún están muy abrumados y tienen problemas, puede ser momento de consultar a un experto.

TEXTO: RODRIGO GONZÁLEZ