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Ser Mamá

5 cosas que te están impidiendo disfrutar el ser mamá

Estás cada día de tu vida con culpa por dejar a tu hijo con sus abuelos o por llegar tarde a casa; estás en tu oficina y en la mente tienes todos los pendientes de la escuela de tu niño o las recomendaciones que su maestra te dijo para que avance en su desempeño; quizá piensas que nadie te puede ayudar porque “si no lo haces tú no saldrá bien”… Lo mejor en este caso es que te preguntes si realmente disfrutas el ser mamá.

Revisa estos nueve puntos que tal vez te están impidiendo gozar de tu maternidad, de tu hijo y de tu familia al máximo. Ponlos en análisis, ve si te checan y pon manos a la obra: ¡hay que cambiarlos!

¿Disfrutas el ser mamá?

Eres muy autocrítica.

Sueles fijarte en todos tus defectos como mamá. Te exiges y te esfuerzas tanto que cuando no cumples lo que te propusiste o esperabas te deprimes. Lo mismo ocurre cuando tu hijo no cumple con las expectativas escolares, pues eso te hace sentir que es por tu culpa. Nada es perfecto, justo esta es la idea que debes comenzar a trabajar.

Sueles autoabandonarte.

¿Cuándo fue la última vez que dijiste “amorcito, aquí está tu hijo, me voy a pasear”. Estás tan al pendiente todo el tiempo de tu hijo que te olvidas de tus necesidades. Las necesidades de tu niño son primordiales, pero nada pasa si al menos una vez al mes te permites olvidarte que eres mamá. Di “no puedo”. Para lograrlo necesitas trabajar mucho tu angustia por la opinión ajena, la crítica de los demás, o de si te dan o no su reconocimiento.

Te autosaboteas.

Tiendes a mirar lo que tienen los demás y perder de vista todo con lo que tú cuentas. De hecho, piensas que los otros son mejores que tú: tu amiga es mejor mamá, tu vecina es mejor mamá, ellas tienen hijos bien portados… En tu cabeza tal parece que solo habita la carencia. Necesitas empezar a llenarte de lo bello que ya tienes en la vida: tu hijo, único e irrepetible.

Te aíslas.

En tu afán de ser la mamá perfecta y que todo lo puede, puedes estar alejando a los demás de tu mundo, pues además te sientes poco valorado y ayudada. Pero si no les dices cómo te sientes y, sobre todo, que necesitas de su ayuda, ellos nunca sabrán que te hacen falta. Expresa lo que necesitas.

Autodevaluación.

Al final, tanto cansancio te lleva a cometer errores en todos tus entornos y a no rendir lo necesario. Tu gran temor se hace realidad. Y entonces, te descalificas más y eso te deprime más. No te permitas llegar a este punto. Aprende a conocerte y date el respiro que necesites cuando te haga falta, para parar y descansar.

FOTO GETTY IMAGES

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