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¿Qué tipos de hermanos son tus hijos?

Los hermanos representan las primeras interacciones sociales de los niños. ¿Sabes qué tipo de hermanos son tus hijos? ¡Identifícalos! Ayúdalos a llevarse mejor y a crecer el amor entre ellos. 

Todos los niños son diferentes, así como sus personalidades, por ello te describimos a continuación…

Los tipos de hermanos más representativos:
 

El amigo
Este tipo de hermano siempre está dispuesto a escuchar, cuidar a los hermanos menores y jugar con ellos. Nunca defraudará la confianza de alguien y siempre estará para cuando lo necesiten.

El Bully
Este tipo de hermano es el que golpea o simplemente molesta por juego.

El protegido
Suele ser el hermano más pequeño. Generalmente, es quien resulta más útil para convencer a los papás de algo. Es el más protegido de papá y mamá para que no se aprovechen de él.

El bribón
Es el típico hermano que siempre echa de cabeza y no desaprovecha oportunidad para poner a cualquiera de sus hermanos en evidencia con sus padres.

El cómplice  
Ambos pueden cubrirse el uno al otro, puede ayudar a inventar pretextos y no delega a sus demás hermanos o amigos.

La fashionista
Es la  hermana que siempre está al último grito de la moda, leyendo revistas juveniles y revisando lo ‘trendy’ de la semana.

La popular
Es la típica hermana que siempre está lista para salir con sus amigas y cuando un hermano le pide que le presente a unas de sus amigos, ella no lo permite y se molesta.

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El síndrome del niño sándwich: el hijo de en medio

Descubre cómo el hijo de en medio percibe la relación que tiene dentro de su familia,  cómo puede afectarle y cómo conviene que lo trates dentro de la dinámica familiar para que él crezca seguro de tu amor. 

¿Quiénes son los famosos hijos sándwich?

Así se les conoce popularmente a los niños y niñas que ocupan el lugar de nacimiento en medio de dos hermanos.

Ocurre que en toda familia, cada miembro ocupa un lugar especial aunque no se  perciba como tal:  así como papá y mamá son los protectores y proveedores, la fuente de amor, cuidados y supervivencia para los hijos; los niños también toman un rol:

  • el hijo mayor se atribuye un papel de responsabilidad y ejemplo para sus hermanos.
  • el más pequeño es el consentido y el que debe ser más protegido.

¿Pero, qué ocurre cuando un hijo está en medio de esa situación?

Un niño sándwich puede llegar a percibir que ya no es el consentido porque ya ha nacido  alguien más pequeño que él, también que no es lo suficientemente grande para gozar de la valía que tiene su hermano mayor.

Esta situación podría dañar su autoestima y seguridad, pues el papel que representa en su familia es confuso para él: carece de un rol fijo, pues no son «ni el grande, ni el pequeño».

Tal percepción sí puede ser real, pues en ocasiones, por cuidar al más pequeño de la familia y darle más responsabilidades al mayor, por ser justamente «el mayor», papá y mamá pueden llegar a descuidar las necesidades del hijo de en medio.

Esta realidad ocasiona que el niño de en medio aprenda a solventarse por sí mismo, poco a poco, va haciéndose de herramientas físicas y emocionales, para resolver sus necesidades por sí mismo. Por ello, son niños que suelen volverse más  independientes, autosuficientes y desapegados respecto de sus hermanos.

Esta característica genera que las personas, sus padres, lo perciban como un  niño «para nada problemático», seguro de sí mismo, maduro. Sin embargo, aunque su personalidad y carácter sí se haya moldeado bajo estos aprendizajes, no significa que no tenga la necesidad emocional ni que no esté esperando que sus padres las satisfagan.

De hecho, cada uno de tus niños, necesita satisfacer las mismas necesidades psicológicas. Mira cuáles son en esta nota: 

9 necesidades emocionales de tu hijo que debes satisfacer para que sea feliz

Tu hijo de en medio también necesita de tu tiempo y atención, tal y como se la das a sus otros hermanos.

Si tú tienes un pequeño sándwich, te aconsejamos que lo hagas sentir especial llevándolo a alguna actividad que le guste y en la que pueda destacar, así podrá reconocer su individualidad sin entrar en comparaciones con sus hermanos.

Recuerda que cada uno de tus hijos necesita reconocer sus propios dones, habilidades, talentos… autoconocerse para valorarse y tener una autoestima sana:

Potencia su autoestima desde pequeño

Y cuando estén en familia, procura darle su lugar como a sus otros dos hermanos: hazlo sentir que es un niño valioso e importante y que también es el gran amor de tu vida.

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Cómo enseñar a tu hijo a relacionarse sanamente consigo mismo

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¿Príncipe destronado? Ayuda a tu hijo mayor a adaptarse a la llegada de su hermano

La llegada de su hermano es un cambio muy fuerte para el primer hijo, pero tu amor y paciencia pueden facilitarle el proceso de convertirse en el hijo mayor.

Los niños mayores se adaptan mejor a la llegada del nuevo bebé cuando los papás compensan con atención y tiempo extra la dedicación de las mamás a los recién nacidos. Aquí algunos tips para que tu hijo no se sienta excluido con la llegada del nuevo integrante de la familia.

¿Cómo ayudar a tu hijo mayor a adaptarse a la llegada de su hermano?

1. Permítele tener contacto con el bebé, si es posible desde su nacimiento, explicándole que puede acariciarlo con cuidado para evitar que se lastime, y supervisa siempre que sea así.

2. En el primer encuentro, dirígete al bebé para presentarle a su hermano mayor, mencionando que este es un niño al que toda la familia quiere mucho y del que podrá aprender muchas cosas.

3. Nunca lo rechaces, reprendas bruscamente o corras de la habitación por motivos relacionados con el recién nacido. Si es tosco con el bebé, solo recuérdale que su hermanito es muy chico y necesita que él, como hermano mayor, lo quiera y cuide. Insiste en que por más grande, sabe muchas cosas que el bebé necesita aprender.

4. No lo compares con el bebé de modo que enfatices defectos o virtudes de cualquiera de los dos.

5. Pídele que cuide a su hermanito por periodos cortos, siempre y cuando estés segura de que no tendrá con él una conducta hostil, y muéstrate muy agradecida cada vez que lo haga, si es posible con un pequeño premio, como su postre favorito.

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9 argumentos que necesitas considerar antes de tener un segundo hijo

En realidad, tal y como la psicoterapeuta Adriana Tribiño apunta, “nadie más que los padres pueden saber si están preparados o no para tener un segundo hijo, o tercero”. De todos modos, a la hora de tomar la decisión, conviene pensar y anaizar algunas cuestiones, como:

Antes de tener un segundo hijo necesitas considerar que…

  1. Todas las rutinas volverán a cambiar

Traer un nuevo miembro a la familia supone cambiar otra vez el estilo de vida: horas de sueño, más trabajo para papá y mamá, relaciones con las amistades, etc. Sí, pero… es algo por lo que en este caso la pareja ya había pasado anteriormente y en realidad ahora se consideran mucho más experimentados como para hallar el modo de sobrellevar los cambios que un hijo más impondría.

  1. Es pronto para saber si realmente se desea otro

Si se tienen los hijos demasiado seguidos, la madre no está totalmente recuperada y las criaturas suelen nacer más débiles. Sí, pero… esta opinión sólo es cierta en caso de que no se lleguen a esperar siquiera 18 meses. Pero, tal y como ha revelado un estudio reciente de la Universidad de San Francisco, California, publicado por el New England Journal of Medicine, el intervalo ideal entre hermanos es de 24 a 35 meses. Basta ese tiempo para que el cuerpo de la madre se recupere y los niños tengan un buen peso al nacer.

  1. Se necesita más dinero

Llevar a tres niños al colegio a la vez, darles de comer y vestirles es todo un desafío monetario. Y a no ser que se tenga una economía boyante, los tres, tanto los dos anteriores como el nuevo, verán mermada su calidad de vida, sobre todo cuando sean mayores. Sí, pero… es cierto que se necesita más dinero, y también que el dinero no lo es todo en esta vida. Además, los padres veteranos no tienen que hacer una inversión tan grande como los novatos.

Pueden aprovechar la cuna, el coche, el baño, y otras muchas cosas como juguetes y libros de los dos anteriores. Claro que el tercero se convierte así en el eterno heredero de cosas usadas, pero no es tan grave. En cuanto al colegio y la universidad siempre se puede contar con la enseñanza pública, que es gratuita.

  1. El espacio de tu casa

¿Cómo va a caber un tercer niño en una casa en la que hay sólo dos dormitorios? ¿Y qué hacer si se tienen ya dos niños y de pronto llega una niña? Sí, pero… durante el primer año sera más fácil, pues el bebé puede dormir en la habitación de los padres. Pero, sobre todo si es niña, una de las prioridades para los futuros padres será hallar una casa con tres dormitorios.

  1. Salir de viaje o a comer con los tres será una locura

¡Se acabaron los viajes largos y los restaurants los domingos! Si ya con dos era casi imposible salir de casa, con tres sera como en el circo: más difícil todavía. Sí, pero… para salir de viaje todo es cuestión de organizarse. Hacer las maletas con algo de antelación y pedir la colaboración del niño mayor. En cuanto a comer en un restaurante, se trata de algo pasajero pues con un poco de paciencia, en tres o cuatro años los tres niños pueden convertirse en comensales de primera.

  1. Existirá más rivalidad entre los hermanos

La competitividad y celos entre ellos serán mayores si son tres que dos. El mayor y el menor pueden aliarse en contra del mediano y la convivencia doméstica se convertirá en un campo de batalla. Sí, pero… lo importante es que entre un hijo y otro haya al menos tres o cuatro años de diferencia para que el niño tenga tiempo de disfrutar de la atención de sus padres, de ese modo no rivalizará tanto con el hermano recién llegado. Por otro lado, cuando hay tres hermanos se entretienen y divierten más jugando entre ellos.

  1. La ilusión no será la misma que con el primero

El tercero no procura las mismas satisfacciones que los dos primeros porque todas las monerías de los bebés se han convertido en rutinas. Sí, pero… los sentimientos de amor y responsabilidad que se tuvieron hacia los dos hijos anteriores no disminuyen, y tampoco es cierto que a cada hijo no se le quiera tanto como al primero. Sin embargo, lo que sí resulta probable es que los padres no tengan tanta ansiedad ni que consultar todos los manuales sobre parto y lactancia que encuentren en las librerías; pero, en este caso, la experiencia sólo juega a favor.

  1. No será fácil encontrar quién los cuide

Al ser tres, las niñeras preferirán ir a otras casas donde sólo haya uno o dos niños, pues el trabajo será menor. Sí, pero… a veces un solo niño puede dar más trabajo que tres si no está bien educado. Y además el mayor puede representar una ayuda para cuidar y entretener a los pequeños.

  1. Con más niños que adultos, la casa será un caos

Tres niños descontrolados representan un peligro continuo. Mientras uno se cae estrepitosamente por la escalera y el otro juega con la pelota en el salón a punto de romper el televisor, el tercero no parará de llorar porque quiere más biberón o le molestan los dientes.

Sí, pero… no hay que pretender que todo sea perfecto e idílico. Con los niños ya se sabe que la vida es impredecible, así es que lo mejor es no anticipar problemas que todavía no han surgido e ir resolviendo las crisis según aparezcan, una a una.

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Si bien la decisión de tener un segundo necesita ser bien pensada y planeada, un segundo hijo tiene muchos beneficios, sobre todo para los niños, como hermanos. por ello, es importante ayudarlos a tener una relación afectiva sana. 

Crea entre tus hijos una buena relación de hermanos

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Amor de hermanos, ¡un mundo de emociones que los beneficia!

Se creía que la rivalidad y los celos eran los sentimientos predominantes entre los hermanos de corta edad, pero existe todo un mundo emocional entre ellos que beneficia en mucho su desarrollo social. Es que el amor entre hermanos es único.

EL MAYOR

El nacimiento de un hermano convierte automáticamente al niño que había (único o menor, hasta ese momento), en mayor. Ocurre que los padres suelen subirlo un escalón y considerarlo más maduro y capacitado para ciertas tareas; entonces empieza a adquirir virtudes que no le conocías:

¿De dónde le ha salido esa paciencia a la hora de ponerle el suéter a su hermano, hacer una sencilla torre de cubos sólo para que el bebé la derribe, dejarse ganar en una pelea…? ¿Y por qué muestra tan orgulloso a sus amigos a su hermano pequeño? El hermano mayor suele considerar que debe cumplir ciertas expectativas en cuanto al cuidado de su hermano menor, por lo que se muestra más proactivo.

Los papeles están claros y nadie tiene nada que demostrar: el mayor es mayor y tiene garantizada la admiración del pequeño nada más por existir, y el pequeño es pequeño y sólo por eso su hermano entiende que se le dedique más atención, sobre todo si él disfrutó de la atención que necesitaba de sus papás.

EL PEQUEÑO

Los niños con hermanos mayores suelen aprender antes a hablar y algunos también a caminar (sobre todo si el mayor está comprometido con los primeros pasos de su hermano). En general, no hay mayor estímulo para su desarrollo intelectual y psicomotriz que su querido hermano mayor. Lo admira profundamente y, si los padres favorecen una buena relación entre ambos, suele confiar a ciegas y tomarlo como referencia para cualquier cosa.

También admirará a los amigos de su hermano, sus gustos y aficiones: se pasará unos años imitándolo. Los pequeños crecen compartiendo sus juguetes con el mayor (es más, deseando compartirlos), en un mundo menos adulto y más divertido del que probablemente disfrutó su hermano.

Los menores crecen siempre acompañados y el camino para ellos suele ser más sencillo, ya que su hermano ha abierto las puertas: con tu primogénito aprendiste a tener menos miedo y más confianza en las posibilidades de los niños; el pequeño recogerá los frutos de ese trabajo.

ASÍ ES SU AMOR

No es raro ver a un niño ofrecer su chupón a su hermanito que llora; abrazarlo y besarlo tratando de consolarlo. Los niños enseguida desarrollan afecto hacia un bebé: se disgustan cuando se alejan, los saludan cuando vuelven, los prefieren como compañeros de juego y se acercan a ellos buscando seguridad ante la presencia de extraños; además, les encanta imitarlos.

Los expertos opinan que la calidad de la relación entre hermanos varía: aunque siempre habrá una dosis de rivalidad, celos y otra de cariño, la predominancia de uno u otro tipo de sentimientos puede hacer que la balanza se incline del lado conflictivo o positivo. Esto es importante porque el ambiente que los papás creen entre los hermanos desde el principio influirá en su relación futura y en el desarrollo de su personalidad.

Un hermano es un contrincante, claro está: un adversario en los juegos, un rival en los favores de mamá. Pero también es un confidente, un aliado frente a los papás, el amigo más fiel. Todos estos ingredientes, los positivos y los que no son tanto, hacen posible que se fragüe a fuego lento durante los primeros años de vida una relación especial… para siempre.

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Crea entre tus hijos una buena relación de hermanos

 

 

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Límites para dos, ponle fin a la rivalidad entre hermanos

Tus hijos compiten por todo: quién tiene más papas fritas en su plato, a quién le dieron el mejor regalo, a quién ama más el perro… su rivalidad es desesperante para ti, así que quizá te preguntas «¿toda la vida será así, ¡qué puedo hacer!?

Algo necesitas saber: su rivalidad es por ti. A lo mejor no te habías dado cuenta de que eres parte de la ecuación, pero es así casi siempre: el fin oculto de la rivalidad entre hermanos y de sus peleas es conseguir que des la razón a uno, quieren ser tu favorito.

Por eso, tu respuesta ante este sentimiento es fundamental justo ahora que están creciendo, pues si bien siempre sentirán tal rivalidad (hasta cuando sean adultos, porque es biológica, es decir, pelean por su territorio, que eres tú), si sabes ponerles límites desde ahora, ellos sabrán manejar este sentimiento y sobre todo, aprender de él, sacar lo mejor de él.

¿Cómo encauzar esta rivalidad?

Un ejemplo: Vas al cuarto de tu hijo mayor, ves al menor llorando, y al grandecito abrazando su juguete: «No me deja jugar, siempre quiere mis juguetes», dice el mayor.

¿Cómo reaccionar a la situación para no crecer la rivalidad, sino que aprendan lo que no deben hacer?

Al grande podrías decirle: «Sé que es duro querer jugar solo y que no te dejen; a lo mejor podrías irte en lugar de pegar».

Y al pequeño: «Comprendo tu deseo por jugar con tu hermano, pero si dice que no, debes hacerle caso».

Hay una premisa en cualquier situación de rivalidad: hay suficiente para todos. Si les transmites que hay suficiente para todos (suficiente amor, sobre todo), harás la rivalidad más llevadera. Dales seguridad evitando compararlos o tomando partido por uno u otro, atendiendo a cada uno en sus necesidades, mostrando que los aceptas en sus diferencias.

¿Están peleando?

No puedes desaparecer para que no se peleen, tampoco dividirte ni siquiera puedes ni debes tratarlos por igual, puesto que son diferentes. Pero puedes responder a su rivalidad de forma que su conflicto les sirva para crecer y aprender. ¿Cómo?

  1. Ponte en calma. Porque, de lo contrario, se puede despertar, a su vez, toda tu agresividad. Y si respondes con gran enfado, sólo avivarás el fuego entre ellos.
  2. Separa a los niños. Hace falta cierta distancia, física y emocional, para afrontar la situación.
  3. Siéntate con ellos. Asume una actitud, no de juez, sino de observador, sin tomar partido por ninguno de tus hijos ni intentar encontrar culpables.
  4. Mostrar comprensión hacia ambos y dejar que asuman su responsabilidad: qué hiciste uno y qué hizo el otro hermano. Ayudánlos a encontrar su parte en el conflicto.

¿Qué no funciona?

  • Buscar al culpables. Aunque lo intentes con imparcialidad, es inútil. Si entras en esa dinámica («a ver, quién empezó, qué hiciste tú, y tú cómo respondiste»), sólo conseguirás que intensifiquen sus peleas, ¡con la esperanza de ser elegidos inocentes!
  • Tomar partido. Es como echar leña al fuego y una fuente de injusticias. Porque, además, en el fondo jamás sabrás quién empezó y qué pasó. A lo mejor quien llora es el pequeño, pero quizá inició provocando con un gesto sutil, sabedor de que cuando grita acudes y regañas a su hermano. O al contrario. Tal vez el mayor provocó al menor con serenas y calculadas palabras («no jugaré jamás contigo»), y éste, que aún no sabe controlarse, pegó.
  • No funciona negar o inhibir la agresividad. Nuestra cultura reprime la agresividad, pero negarla o prohibirla sólo la alimenta.

Tips prácticos 

  • Deja que expresen sus sentimientos.
  • Si insisten en reclamar tu atención cada vez que se pelean, debes decirles que dejen de molestarte por tonterías.
  • Concéntrate en la solución y no en los detalles. Evita preguntas del tipo «¿por qué has pellizcado a tu hermano?».
  • Averigua por tu cuenta qué puede estar originando conflictos y establece la solución más conveniente para ambos niños.
  • Ignora los chismes. Lo mejor en esos casos es decirles: «Siento mucho que te lleves tan mal con tu hermano «.
  • Nunca les grites cuando se pelean; ni los castigues.
  • Tampoco le pongas etiquetas al niño de «peleonero», «diablito»…
  • Enséñales el valor de las palabras y que con ellas se pueden expresar los sentimientos y la ternura, pero también, producir mucho daño.
  • En el caso de niños excesivamente agresivos, toma nota de sus manifestaciones violentas para averiguar qué las provocó y encontrar el modo de evitarlas.
  • Enseña a tus hijos a permanecer en calma ante una provocación.
  • Felicítalos cuando cooperan entre ellos, jueguen y se lleven bien.
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Crea entre tus hijos una buena relación de hermanos

La rivalidad entre los hermanos suele ser natural porque están compitiendo no solo por el amor de mamá, también por su fuente de supervivencia. Justo por ello, está en tus manos ayudarlos a tener una buena relación de hermanos.

Te damos algunos consejos para ayudarlos

Establece alianzas: si mamá tiene que atender al bebé, papá y el hermano mayor pueden hacer todos esos planes que tenían pendientes.

Evita las injusticias de terceros (familiares o amigos): al mayor más regalos porque, total, el pequeño no se entera. O viceversa.

Protégelos de las comparaciones que minan la autoestima y generan competitividad entre hermanos: «mira, el bebé está calladito, a ver si tú haces lo mismo».

Abre la comunicación: escúchalos al mostrar sus sentimientos respecto a sus hermanos. Enséñales a expresarse y a hacerse respetar sin violencia.

Hazlos sentir orgullosos del lugar que cada uno ocupa en la familia: adecua los derechos y obligaciones a la edad y el carácter de tus hijos.

Pasa tiempo en exclusiva con cada uno de ellos.