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9 necesidades emocionales de tu hijo que debes satisfacer para que sea feliz

Para que desarrolle una autoestima sana, tu hijo necesita que lo ayudes a satisfacer estas necesidades emocionales porque así se sentirá valorado, reconocido y amado; sabrá que sus papás lo aceptan tal cual es, que debe aceptarse a sí mismo y asegurarse de que los demás lo respeten.

De acuerdo con la experta en inteligencia emocional Eli Martinez, autora del libro Crea una vida a tu manera, los niños necesitan  tener satisfechas las siguientes necesidades emocionales vitales par desarrollarse de forma sana.

Necesidades emocionales de tu hijo

Necesidad de amor. Le proporciona la seguridad y confianza básica en él mismo y en la vida, así como la conciencia de ser digno de amor por ser lo que es.

Necesidad de presencia. Cuando sus papá lo ignoran, no pasan tiempo con él, no buscan conocerlo como personita con todos sus talentos, virtudes y defectos, es como si no lo vieran y él lo percibe. Esto le crea la idea de que no es digno de que la gente lo tome en cuenta. Por eso es importante que pases tiempo con tu hijo y, sobre todo, aproveches para conectar emocionalmente con él y te sienta presente.

Necesidad de apoyo. El saber que hay alguien allí para él, que le brinda su apoyo y ayuda cuando lo necesita, lo llena de seguridad y confianza para actuar. Muéstrale y déjale saber que te tiene incondicionalmente.

Necesidad de seguridad. No se trata sólo de satisfacer las necesidades fisiológicas como comer o dormir, se refiere a garantizarle el hogar, una familia estable, salud, un ambiente seguro y armónico durante su crecimiento.

Necesidad de validación. Que sienta que está bien ser, sentir y pensar como lo hace; sin experimentar críticas destructivas, maltrato, enjuiciamiento o falta de reconocimiento por sus logros y esfuerzos.

Necesidad de límites. Cuando los niños no tienen límites pueden tener conflictos de impulsividad, o incluso narcisismos cuando adultos. De hecho, el mensaje que recibe el niño ante padres que no saben poner límites es «no me importa lo que hagas”. El mensaje debe ser: «porque me importas yo deseo tu estabilidad y esta es una lección que necesitas aprender».

Necesidad de respeto. Respeto por sus gustos, disgustos, talentos, habilidades, emociones, pensamientos… aunque sea un niño, necesita que le des cabida a su individualidad.

Contacto físico positivo. El contacto humano es indispensable para transmitir el amor; abrazos, caricias, besos, miradas… es parte de la comunicación no verbal y por tanto, una manera decir te amo.

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Padres e Hijos

5 acciones de los papás que generan ansiedad en sus hijos

La ansiedad, estrés, miedos, inseguridades y problemas de conducta son cada vez más frecuentes en los niños. Y una de las causas que se ha encontrado son algunas acciones de los papás. Te compartimos cuáles son estas acciones para que revises si podrías estar haciendo alguna de ellas. 

Aunque todas estas acciones de los papás  son sin querer y con el afán de proteger a sus hijos, recuerda que los extremos pueden ser contraproducentes.

Estas acciones resultan tóxicas en la crianza y aquí te decimos cuáles son:

La sobreprotección

Ésta les causa daños emocionales a los pequeños y los hace ser incapaces de hacer algo por sí mismos, por lo que son desconfiados y el tener que intentar algo, sin ayuda de mamá o papá les genera ansiedad y sentimientos de inseguridad. Debemos protegerlos, pero darles libertad de explorar, de vivir, de conocer y de tomar sus propias decisiones.

Permisividad

Cuando los padres permiten que los niños hagan lo que quieran también puede ser una causa de ansiedad ya que en el fondo tienen un sentimiento de abandono emocional por parte de sus padres así como una poca atención en sus obligaciones como padres y eso lo resienten los niños.

Autoridad implacable

Es el polo opuesto de la permisividad y en estos casos una autoridad fuerte hace que los niños sientan ansiedad porque no les permitirán ser ellos mismos, quieren hacer cosas pero todo les causa miedo por ser regañados y  también sentirán abandono emocional porque pensarán que su criterio y sus opiniones nunca son correctos.

Constantes críticas

Las críticas constructivas hacen en los niños y adultos que aprendan y crezcan, pero cuando son agresivas y constantes no resultan para nada benéficas. La crítica constante en forma de acusación, comparación o señalamiento negativo genera sentimientos de inseguridad e incapacidad a los niños. Además, será tanta su inseguridad que dejarán de esforzarse para lograr nuevas metas.

No dejarlos decidir

Hay que permitir a los niños que sean capaces de poder dar su opinión y tomar sus propias decisiones siempre teniendo una comunicación directa con él, así ellos se sentirán que son importantes para la familia.

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Ser Familia

El momento en que tu hijo entiende que es parte de una familia

El momento de entender qué es eso llamado familia y que él es parte de una familia ha llegado. Te contamos cómo tu hijo comienza a identificar quién es abuelita o abuelito, su tía, sus primos… Igual que la importancia y el papel que cada uno toman en su vida.

Parte de una familia

Hay una certeza que va mucho más allá de entender o no entender: para un niño pequeño su familia lo significa todo, lo es todo. Su salud, bienestar y desarrollo emocional dependen de ese grupo tan cercano de personas que lo cuidan y lo quieren.

Sin embargo, a esta edad no comprende conceptos tan enrevesados como tío, sobrino, primo… y no digamos ¡suegra! Aunque ni falta que le hace comprender tales conceptos. Le es suficiente con saber lo que es una mamá, un papá, una abuelita y un hermano.

Claro que entender que abuelita es la mamá de mamá sobrepasa su capacidad de comprensión. “A ver, ¿no son los niños los que tienen mamá? ¿Es que alguna vez mi mamá fue tan pequeña como para tener una? Además, las mamás son jóvenes, así que ¿cómo va a ser mi abuelita una mamá? ¿Y cómo va a ser una mamá si es una abuelita?

Aunque eso es lo de menos, porque ellos sí “saben” (y perfectamente por supuesto) quién es su abuelita: esa señora que los quiere y los mima y a la que no cambiarían por otra. Porque para un niño (y en buena parte también para un adulto) los vínculos de parentesco no son una cuestión de razonamiento, sino de emociones.

Él sabe a quién querer

Los padres (o quien haga esa función) ocupan el primer lugar en esa escala de personas importantes, luego vienen los hermanos, los abuelos y, en un grado más lejano, los tíos y primos.

A los tres e incluso cuatro años de edad, los niños no tienen claro el parentesco que los une con sus tíos y sus primos; pero, aunque no tengan en mente que la tía Lola es la hermana de mamá, sí perciben el trato que sus padres dan a esa persona.

Puede que la importancia de los parientes de segundo y tercer grado no parezca tan clara como la de los padres, sin embargo, cumplen un papel importante, porque aportan al niño el sentimiento de seguridad que supone el percibir que pertenece a un clan más amplio, a una familia que le da raíces, que lo quiere y con la que puede contar, disminuyendo las sensaciones de soledad y abandono que rondan a todas las personas, especialmente a los niños.

Por ejemplo, en un mundo a veces propenso al vértigo de la soledad y el anonimato, los abuelos suelen cumplir un papel destacado, pues permiten a los niños tener una vivencia de continuidad en el tiempo. Los abuelos son los representantes más cercanos y visibles de ese clan familiar del que hablamos, de ese grupo vinculado por el calor de unos sólidos lazos y unas profundas raíces; quienes muchas veces cumplen la función de padres porque son sus cuidadores principales.

La familia se quiere y con eso le basta

Lo que hace a un niño saber (es decir, sentir) que forma parte de una familia no es tener en la cabeza un árbol genealógico, sino vivenciar que un especial lazo afectivo lo une con unas cuantas personas, aquellas que lo cuidan y satisfacen de modo constante sus necesidades.

Esta es una relación que ahora es de fuerte dependencia y que establece un modelo que va a condicionar sus relaciones para el resto de su vida. Porque la familia aporta al niño seguridad básica, o sea, la íntima convicción de que este mundo podrá satisfacer sus necesidades y deseos.

Eso le da también la capacidad de establecer en el futuro relaciones íntimas satisfactorias y, en general, buenas relaciones con los demás. Esta relación especial con los más cercanos se llama apego; cuanto mejor cumpla la familia su función, más sano será este en el pequeño.

Por esto, tu función como mamá o papá es garantizar a tu hijo mucho contacto físico; él desea proximidad e interacción con esas personas con quienes forma apego. Se apoya en ellas para explorar el mundo. Busca su ayuda, sobre todo en momentos de ansiedad y tristeza, y siente angustia al separarse de ellas (aunque a esta edad ya pueden soportar separaciones de cierta duración). 

Por Luciano Montero, psicólogo

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Ser Familia

10 cosas que puedes hacer estas vacaciones para darle amor a tu hijo

Aprovecha este tiempo libre en casa, con tu hijo y familia para llenarlos con tu amor, hacerles saber que son lo más importante que tienes en tu vida. Te compartimos estas 10 ideas para darle amor a tu hijo.

¡Es el momento! Ahora que estás tranquila, sin la prisa de la escuela, los deberes en el trabajo, la presión de tu jefe, el tránsito vehicular y todo lo demás de tu cotidianidad, te será más natural transmitirles tu afecto, porque no estas pensando en los miles de pendientes; te sientes más en calma. Así que… respira, trae a tu cabeza los sentimientos bonitos que tu hijo, tu pareja, tu familia te inspira y recuérdales que estás ahí para ellos. ¿Cómo? Es muy fácil…

  1. Deja que duerma contigo en tu cama y abrázalo ahí acostados.
  2. Juega con ellos almohadazos y llénalos de mordizcos, cosquillas y besos.
  3. Salgan a pasear al perro, a llevarlo al veterinario a una revisión, a correr junto con él; báñenlo y revuélquense con él.
  4. Cocinen postres; deja que tu hijo experimente con ingredientes, pregúntale qué le gustaría ponerle a la receta.
  5. Juega con tu hijo a lo que a él le gusta; aprovecha para conocerlo más, pregúntale de sus amigos, pídele que te cuente qué hace en su día a día, qué siente, qué piensa…
  6. Vean películas en casa acurrucados en un sofá, preparen palomitas, mini hamburguesas, papitas, platanitos o camote frito.
  7. Hagan un picnic en casa o campamento con su tipi, cuenten historias chistosas o de miedo, platícale de tu infancia, de tus travesuras, de tus papás, tus amigos…
  8. Invita a los abuelos a desayunar a tu casa o vayan todos a un restaurante; hagan una tarde de cine o una mañana de caminata por un parque; piensa en eso que no has hecho aún con ellos y hazlo junto con tu hijo.
  9. Lleva a tu hijo a la colonia donde vivías de pequeña, muéstrale tu escuela, el parque donde jugabas, tu calle…
  10. Desayunen, coman o cenen en casa, prepara la mesa, ponla bonita, cocina algo especial; se trata de que tu hijo recuerde sus vacaciones como un tiempo en que él, mamá, papá y sus abuelos están unidos, en familia. Y si son solo tú y él, es lo mismo; el caso es que tu niño sienta que las vacaciones son para estar en familia, demostrarse su amor y llenarse de memorias repletas de felicidad.

Y asegúrate de decirle… ¿Sabes que te amo? Pues sí, eres el regalo más sorprendente y maravilloso que la vida me pudo dar. Gracias por ser parte de mi vida. Te amo.

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Padres e Hijos

¿Estás enseñando a tu hijo a conectar con sus emociones (o a ignorarlas)?

El mensaje acerca de las emociones que tu hijo está recibiendo de ti importa mucho para que él sepa construir (o no) una buena relación consigo mismo. Descubre la forma como estás enseñando a tu hijo a conectar con su emociones.

La experta en inteligencia emocional, Eli Martinez explica en su libro Crea una vida a tu medida, que los padres tienen los siguientes estilos a la hora de educar las emociones de sus hijos.

Estilos de enseñar a tu hijo a conectar con sus emociones

¿Cuál es el tuyo?

Despreciativo. Los niños aprenden que no está bien sentir, que las emociones son inválidas o inapropiadas: ¡no seas un chillón! ¡eres un berrinchudo feo!

Condenatorio. Lo mismo que el anterior, pero el niño asimila también la idea de que él está mal, que hay algo malo en él por sentir, por lo que empieza a experimentar culpa y vergüenza frente a sus emociones, tanto positivas como negativas. ¡Y las esconde!

No intervencionista. Los padres aceptan a sus hijos de modo incondicional pero no ponen límites a su emociones destructivas; el niño se vuelve ingobernable. Por ello es importante que los padres sepan contener las emociones de sus hijos; siempre busca ayudarlo a reconocer sus emociones hablándole de las tuyas y a expresarlas de manera positiva: si estás enojada diciendo por qué, por ejemplo, sin agresión o violentarte.

Competente. Se genera un clima de comunicación, asertividad y empatía, hay una clara expresión emocional, contención, seguridad y confianza entre papás e hijos. Se crea una intimidad emocional, por lo tanto, el niño aprende que está bien expresar sus emociones, siempre con ecuanimidad y cuidando su propio bienestar emocional.

¡Cuál es tu estilo? Asegúrate de que tu hijo esté aprendiendo una sana expresión de sus emociones, así como a reconocerlas y a aceptarlas aunque sean negativas,
por que son parte de su humanidad.

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Así Crece

¿Por qué todo niño necesita pasar tiempo a solas con papá «sin mamá»?

La idea del tiempo a solas con papá no es tan descabellada como puede parecer, de hecho, es apremiante. Lo corroboramos al platicar con la psicoanalista Paty Osuna, quien nos explica las razones. Te las compartimos. 

A solas con papá «sin mamá»

Paty Osuna nos explicó: “El padre no se puede vincular de la misma manera cuando está presente mamá; ella genera distorsión entre él y su hijo porque ella es la persona más importante en la vida de cualquier pequeño, en el sentido de que es a quien naturalmente se dirige cuando siente alguna necesidad”.

La trascendencia del tiempo a solas con papá radica en que al no estar mamá, el padre se va convirtiendo en un recurso más al que el pequeñito puede recurrir también para satisfacer sus necesidades. Es importante que los niños formen un vínculo fuerte con cada uno de sus padres, ya que ello les da más seguridad y confianza en sí mismos.

La especialista nos cuenta… “Pasa algo importante, sobre todo en las familias pequeñas: cuando la mamá regaña al niño y se enoja, él se siente muy mal; pero cuando tiene un tercero que lo consuele y oriente, aprende a enfrentar mejor la situación. Saber que tiene a papá, aunque en ese momento físicamente no esté, lo reconforta. En cambio, cuando esta conexión no existe, ¿cómo crees que el niño se siente? Siempre puede haber otro, claro, su abuelo o tía, pero lo ideal es que sea papá ese tercero”.

Patricia Osuna nos explica que los ideales a alcanzar se determinan por lo que de niños creemos que los papás esperan de nosotros. Cuando ellos reconocen nuestros logros, nos llenamos de orgullo porque sentimos que nuestro esfuerzo importa; esto nos da la confianza necesaria para desempeñarnos exitosamente en la vida.

El hecho de que papá conviva con los hijos favorece que los conozca; luego, que reconozca sus logros y entonces, favorezca la expectativa de éxito; lo cual es determinante para que un niño sea un adulto exitoso.

“Los estudios relacionados con el éxito laboral de la mujer han revelado que las féminas sumamente destacadas, como una presidenta de compañía, una lideresa de algún movimiento social o líder en algún campo, tienen en común la presencia de un padre que las ha impulsado; o que tuvieron cuando pequeñas cierta mirada complaciente del varón que fungió como su padre, aunque no necesariamente haya sido el biológico”, argumenta la especialista.

La mayoría de las mujeres piensa que cuando papá se queda solo con sus pequeños es probable que la casa acabe como campo de la tercera Guerra Mundial. Sin embargo, es interesante hacer este ejercicio porque “la forma de hacer las cosas de papá” aporta a los hijos otra manera de solucionar problemas. A veces, ellos son muy creativos; otras, aberrantes, como sea, mediante esta “otra manera” los niños se percatan de que siempre hay más de una solución; asimismo, se les transmite la capacidad de aventurarse a experimentar, lo cual enriquece su mundo.

Por ejemplo, ante un conflicto, llámese comprar una casa, las mujeres hablan: “hay que irnos a informar de todas las opciones”; los hombres, al ser más kinestésicos, por la testosterona tienden a la acción: “hay que comprar este modelo y ya”. Estas distintas formas de los padres enseñan al chiquito que es posible enfocar un mismo problema desde ángulos variados.

Quizá a mamá le ha pasado que un día, cocinando un huevo como siempre, de repente, su niño le dice “mami, mi papá lo hizo así la otra vez, te digo cómo”; sin imaginarlo, el pequeño pone ante sus ojos otra forma de cocinar el huevo, una que a ella jamás se le había ocurrido. Pues bien, este tipo de soluciones alternas se presentan gracias a que el niño tuvo la oportunidad de convivir a solas con su papá.

Ahora que conoces los beneficios de dejar a tu niño al cuidado de su papá,
¿por qué no establecen un sábado o domingo al mes como «el día a solas con papá».
Será toda una aventura para tu familia.

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Instinto maternal, la fuerza que te ayuda a cuidar de tu bebé

Hay mujeres que afirman que decidieron ser madres cuando el instinto maternal llamó a su puerta, otras dicen haber tenido ese deseo desde siempre y algunas más, que no lo han sentido, ni lo sentirán. También, hay quien afirma que el verdadero instinto maternal aparece en cuanto se mira la carita del bebé; aunque, en realidad, ese torrente de sentimientos que nos despierta el recién nacido tendría más que ver con el vínculo y el amor que sentimos hacia él.

¿Qué es entonces el instinto maternal? ¿El deseo de tener hijos? ¿Ese sexto sentido que afirman tener muchas madres para detectar que su bebé las necesita? ¿Es algo reservado solo a las mujeres, o los hombres también sienten algo especial que los lleva a ser padres?

La realidad es que los expertos no se ponen de acuerdo ni en cómo definirlo. En general, los autores aseguran que si entendemos como instinto maternal la idea de que todas las mujeres quieren ser madres, este no existe; pero si, por el contrario, nos referimos al instinto como la cualidad para cuidar al bebé sin experiencia previa, acertamos. El debate está servido.

¿Impreso en los genes?

La psicóloga Natalia Valverde, del Centro Calma de Madrid, España, explica que “para algunos estudiosos del tema, tener hijos es la meta biológica por excelencia de las mujeres y donde encuentran su máxima plenitud. Sin embargo, otros piensan que el deseo de tener hijos nos viene dado por la sociedad”. Por ejemplo, la reconocida filósofa francesa Elisabeth Badinter, madre de tres hijos, afirmó desde 1981 que “al contrario que los animales, los humanos no poseen instinto maternal y que este es un mandato cultural”.

La socióloga israelí Orna Donath ha desatado un encendido debate en las redes sociales con su libro Madres arrepentidas. Orna, de 41 años, harta de que le digan que se arrepentirá de no haber tenido hijos, ha declarado que “el instinto maternal no existe y que hay una fuerte presión social para ser madre”. La socióloga afirma que “el sentimiento de protección que desarrollamos por un bebé no tiene por qué ser equivalente al instinto maternal y que, en todo caso, si existiera no sería algo exclusivo de las mujeres, pues la prueba está en las parejas gays que adoptan hijos”.

La doctora Ersilia González Carrasco, pediatra neonatóloga del Hospital Severo Ochoa, en España, también opina que el papel de la biología es indiscutible, “ya que al fin y al cabo somos animales con roles de reproducción para la supervivencia de la especie”. Por su parte, Mar Escarpa, responsable de matronas del mismo hospital, añade que “en las mujeres, este instinto es una respuesta biológicamente condicionada por las creencias, la cultura y la sociedad. Por eso, cada vez son más las mujeres que ven el hecho de convertirse en madres como una elección y no como algo incuestionable dentro de sus vidas”.

Entre ambos argumentos, el biológico y el cultural, la especialista Natalia Valverde opina que tanto uno como otro son las dos caras de la misma moneda: “por un lado, está nuestro instinto de procrear, las mujeres venimos al mundo preparadas para quedarnos embarazadas y cada mes, desde la menarquia a la menopausia, la menstruación nos lo recuerda. Por otro lado, qué duda cabe, la presión social está ahí y parece que el mensaje es que si no tienes hijos, no eres normal y algo te pasa…”

¿Un vínculo único?

La otra acepción del instinto sería la que lo entiende como vínculo y que tiene que ver con lo que el pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott llamó “preocupación maternal primaria”, que es un estado emocional en el que la madre reciente no hace más que pensar en su bebé. Además, le aparece una sensibilidad especial para detectar lo que le pasa y así poder calmarlo y darle lo que necesita (“¡es increíble, me despierto segundos antes de que mi pequeño llore! Parece que tuviera un sexto sentido”, dicen muchas madres). Todo surge de manera espontánea, sin preparación previa.

“Esto suele ocurrir así la mayoría de las veces, pero puede ser que la madre no sienta una unión especial con el recién nacido o perciba que no lo entiende – explica Natalia Valverde-. Aunque normalmente, con el tiempo, va conociendo a su hijo y lo va queriendo cada vez más”. La experta también opina que el instinto maternal tendría, en realidad, más que ver con el vínculo y el sentimiento de protección hacia los hijos que con el deseo de ser madre: “el vínculo madre-hijo (o padre-hijo) es un instinto biológico que garantiza la supervivencia y la protección de la especie. Es algo inconsciente. No se provoca, sino que ocurre. De hecho, los lazos emocionales son cruciales para el desarrollo del bebé porque capacitan a los padres para preocuparse por su cuidado”.

Quizá, por ello, se han escrito ríos de tinta acerca de la importancia de fortalecer este vínculo desde la gestación (hablando al bebé aún en gestación, poniéndole música, acariciando la pancita…), sobre todo, no despegándose del recién nacido desde el mismo momento en que llega al mundo. El ginecólogo francés Michel Odent, conocido por impulsar la necesidad de que madre e hijo hagan piel con piel ya en el quirófano, asegura que esta práctica favorece enormemente el vínculo y además ayuda a iniciar la lactancia.

¿Creación biológica?

En todo este proceso de apego, en el que la madre y el bebé se van enamorando uno del otro día a día, también juegan un papel muy importante las hormonas. El trabajo realizado por un grupo de Neuroanatomía Funcional (NeuroFun) de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Jaime I de Castellón, en España, llegó a la conclusion de que hormonas como los lactógenos placentarios y la prolactina generan en la mujer algunos cambios en la función mental durante la etapa de gestación, que provocan se incremente la motivación para proteger, alimentar y cuidar a los hijos.

La doctora Fermina Liza Román Alameda, en su blog Psicología perinatal afirma que “lo que conocíamos antes como instinto materno, hoy día sabemos que no es otra cosa que la liberación hormonal, siendo la oxitocina o la popularmente llamada “hormona del amor” la protagonista de los sentimientos y cualidades maternales necesarias para defender y preservar la vida del bebé que acaba de nacer. El estrógeno y el cortisol también intervienen en los vínculos de apego”.

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7 claves para una buena comunicación con tu bebé in utero

Un bebé in utero percibe los sonidos del exterior desde la semana 16, pero sus oídos se desarrollan por completo hasta el sexto mes. Por eso, es necesario que sepas cómo hablarle a través de la pancita de su mamá, para que  te comience a percibir, a escuchar y a vincularse contigo.

Claves para comunicarte con tu bebé in utero

  1. Evita la idea de que el hablar con tu bebé in utero puede ser ridículo, es necesario para vincularte con él y para que él vaya reconociéndote como parte del exterior.
  2. No le susurres, porque el líquido amniótico amortigua los sonidos del exterior. Háblale con un volumen suficiente para que una persona ubicada al otro lado de la habitación te pueda escuchar, así él te escuchará perfecto.
  3. No le hables cuando estés aburrido. Tu bebé in utero detecta el tono de voz y su intención; no oye palabras, aún desconoce significados, pero sus sentidos tan despiertos le permiten percibir la entonación y sentir la emoción del mensaje.
  4. Déjalo descansar; entre 15 y 20 minutos, hasta dos veces al día es recomendable que le hables. Los bebés in utero necesitan bastante tiempo para descansar, incluso más que los recién nacidos.
  5. Establece una rutina. Procura hacerlo a la misma hora cada día para que tu bebé se acostumbre a que algo sucederá.
  6. Anúnciale tu llegada. Da unos toquecitos en la pancita de mamá para dejarle saber a tu bebé que ya estás ahí y utiliza su nombre, si ya sabes cuál será.
  7. Diviértete al hablarl: juega con él, cuéntale chistes, háblale de tus gustos, ponle tu música favorita, dale un masaje a través de la pancita de mamá, platícale lo que estás haciendo…

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Ser Bebé

Decirle No a llevarlo en brazos también le da una importante lección

Aunque llevarlo en brazos genera un vínculo especial entre los padres y su hijo, la cuestión es ceder justo lo necesario: saber si tu hijo requiere brazos demasiado a menudo y si es capaz de soportar un no por respuesta.

Es muy cierto que a veces no exigen brazos por necesidad, siempre que los piden los desean, ¿y quién puede decir que la necesidad es un argumento de más peso que el deseo?

Pero, aunque es importante abrazarlo para vincularlo mejor a mamá o a papá, darle seguridad emocional, también lo es permitirle experimentar el malestar para que aprenda a tolerarlo.

Él necesita que lo ayudes a que soporte las esperas y el cumplimiento de sus deseos; a tolerar la frustración. 

A los dos años, su nivel de comprensión del lenguaje es avanzado, y ya puede entender que tú también estás cansada. Pero que lo entienda no es razón suficiente para que deje de pedirte que lo cargues. Su autocontrol es escaso y no puede soportar su malestar, a pesar del tuyo.

En cualquier caso, explícaselo, porque algunas veces resulta que… ¡funciona!