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¿Le regalo un perrito a mi hijo?

El deseos de tener una mascota es muy común en los niños; sin embargo, antes de ceder a la tentación de regalarle una, es importante considerar varios aspectos por el bien del animalito y de tu familia. 

BENEFICIOS

•Genera responsabilidad, respeto y solidaridad.

• Ayuda a tu hijo a trabajar la tolerancia y frustración, debido a que la mascota, generalmente, no hace lo que tu pequeño quiere.

• Hace que el niño se sienta útil y motivado porque sabe que tiene alguien a quién proteger y mimar.

•Combate el estrés y los estados depresivos.

• Lo hace más sensible a las necesidades de los demás.

• La muerte de un animal lo prepara para enfrentar, en un futuro, pérdidas mayores.

RIESGOS

•Algunas enfermedades que puedan transmitir; aunque un animal bien alimentado, limpio, desparasitado y vacunado con regularidad puede transmitir muy pocos males.

•Cuadros alérgicos causados por el pelo: asma crónica por el contacto prolongado y directo.

•Mordeduras o arañazos, lo que puede provocar una infección, ya que la saliva siempre está muy contaminada con bacterias.

LO MEJOR: PLANEACIÓN

Antes de adoptar, tomen en cuenta los siguientes factores:

1. ¿Tienen suficiente espacio en su casa para albergarla?

2. ¿Alcanza el presupuesto familiar para alimentarla, llevarla al veterinario y comprarle los accesorios indispensables?

3. ¿Está preparado tu hijo para tenerla? ¿De verdad la quiere o es solamente un capricho pasajero?

4.¿Disponen de suficiente tiempo y energía para hacerse cargo de ella? ¿Están dispuestos a hacerlo?

5. ¿Tiene algún miembro de la familia alergias relacionadas con las mascotas?

¿Está en la edad correcta?

•La mejor edad para tener una mascota es entre los 4 y 6 años, cuando el niño ya sigue las instrucciones e indicaciones de sus papás (si no, existe el peligro de que tome al animal como un juguete y lo maltrate al jugar).

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Cómo y cuándo tu hijo comienza a entender qué es el tiempo

El 2018 ya terminó y es una gran ocasión para adentrarlo al mundo del hoy, mañana, el siguiente año… también de lo aprendido y de lo bueno que está por llegar.

Los niños de tres años viven en presente y no comprenden conceptos como “ahora”, “después” o “mañana”; será a partir de los cinco años de edad cuando empiecen a entender qué es el tiempo y, entonces sí, puedas comenzar a explicarle qué es eso de “el año terminó y empezamos un nuevo ciclo”.

Es así porque un niño muy pequeño no sabe de tiempo: vive en el presente. De hecho, justo esta es la razón por la cual alrededor de los ocho meses, cuando ya han formado un lazo afectivo con su mamá (o quien sea su cuidador primario), se angustian mucho si desaparece de su vista.

Ocurre que por un lado no saben si al dejar de ver una cosa o una persona ya no regresará jamás y, por otro, no comprenden el sentido del tiempo, así que perderlo de vista es algo que resulta muy preocupante.

A los tres años (o incluso mayores) sucede algo similar: si les dices “ahora regreso” no logran entender cuánto tardarás, por lo que te recomendamos relacionar tu llegada con una actividad que ellos realicen como parte de su rutina; por ejemplo: “Estaré aquí cuando acabes la tarea” o “cuando termines de comer…”.

En este sentido, conviene que entiendas cómo tu hijo va forman- do en su cabecita los conceptos temporales y pongas en marcha algunos ejercicios para ayudarlo en esta gran lección.

CUÁNDO Y CÓMO LO VAN APRENDIENDO

La idea del tiempo en su mente va evolucionando hasta que consigue entenderla por completo:

•De 0 a 2 años:

La percepción temporal es un fenómeno afectivo asociado a las necesidades fisiológicas del niño; es decir, ellos se dan cuenta de que la mañana es diferente a la tarde y a la noche en referencia a sus necesidades básicas: sueño y hambre.

•De 3 a 4 años:

Empieza a comprender las nociones de velocidad (lento o rápido). También a entender las prime- ras clasificaciones de orden y sucesión de acontecimientos: nos levantamos, la- vamos las manos, desayunamos, vamos a la calle…

•5 y 6 años:

Comienzan a distinguir de mejor forma el antes del después y también el hoy del mañana o del ayer, aunque todavía pueden confundir ambas palabras y usarlas con el sentido opuesto.

•Desde los 7 años:

Ya comprenden en su totalidad frases como “la próxima semana vamos de vacaciones” o “hace un mes que no vemos a tus tíos”. Han adquirido la noción de temporalidad incorporándola a su lenguaje con naturalidad.

EJERCICIOS PARA AYUDARLE

Tu hijo necesita madurar y también algo de práctica. Puedes ayudarlo con los tres ejercicios que a continuación te presentamos: distinguir la mañana, la tarde y la noche (a partir de tres años); aprender los días de la semana y el orden en el que van: lunes, martes… Saber que un año es más largo que un mes y una semana es más larga que un día (desde los cinco años). El objetivo que se persigue con estas tres actividades es ayudar a tu pequeñín a adquirir la noción del tiempo.

Ejercicio 1

(A los 3 años)

Haz un dibujo de una actividad que realice en la mañana, una de la tarde y otro de una en la noche. Pide a tu pequeño que relacione cada actividad con el momento del día en que la realiza.

Ejercicio 2

(A partir de los 5 años)

Recorta 14 fichas rectangulares de papel. Deja siete de ellas en blanco y en las otras siete escribe los días de la semana (un día en cada ficha). Coloca las fichas en blanco en fila y pon debajo las fichas de los días, desordenadas. Después, pregúntale: “¿Cuáles son los días de la semana?”. Una vez que haya respondido, ayúdale a identificar el nombre de los días en las fichas. A continuación pídele al niño que coloque el resto de los días de la semana en el orden debido.

Ejercicio 3

(A partir de los 7 años)

¿Qué dura más, un año o un mes? Divide una hoja en cuatro partes y escribe en cada una el nombre de uno de los personajes del cuento que habrás de contar después. De- bajo del nombre anota el tiempo que tarda cada uno en cumplir su misión: Pedro, una semana; Miguel, un día; José, un año; Mateo, un mes. Ahora di a tu hijo: “Te contaré un cuento y luego te haré unas preguntas: un sastre se quedó sin tela para trabajar. Envió a sus cuatro empleados a buscar la tela y prometió que quien volviera primero recibiría un premio: José tardó un año. Pedro tardó una semana. Miguel tardó un día y Mateo tardó un mes”. Cada vez que nombres un empleado debes enseñarle a tu hijo la ficha correspondiente. “Ahora dime cuál de ellos ganó el premio”. Por último, pídele que ordene las fichas de los empleados, empezando por el que tardó menos y terminando por el que tardó más.

SE TERMINÓ 2018, ¡BIENVENIDO 2019!

Como a los niños se les dificulta el concepto del tiempo, si le dices a tu hijo que está por empezar un nuevo año quizá no entienda, ¡nada! Para esto conviene darle una buena lección de vida: aprender a cerrar ciclos; algo que le permitirá vivir su vida más plena, consciente y feliz. ¿Cierto? Te damos algunos tips.

1. Lo primordial para cerrar bien un ciclo es “despedirnos de esa realidad que está por desaparecer”: haz un diario junto con tu pequeño de lo vi- vido en 2018. Recuerden lo que sintieron y enséñale lo que aprendieron de cada anécdota.

2. Misión a emprender: saber qué viene ahora para ustedes. Hagan un collage de lo que esperan que ocurra en 2019, de todo lo que harán, sus nuevos proyectos y sueños. Esto le enseñará a mirar siempre hacia adelante y motivarse con lo positivo que él mismo puede crear en su futuro.

OTRAS IDEAS:

• Deja que te ayude en las tareas domésticas. Reforzará su idea de que existe un momento para cada cosa: “Ahora recogemos el desayuno, después te llevaré a la escuela y, cuando vuelvas, a la hora de la comida, mamá te ayudará a poner la mesa para comer todos juntos”.

• Calendario de pared. Cuelga uno llamativo y tacha cada día que pasa. Podemos también marcar días señalados y pedirle que tache los que faltan, por ejemplo, para su cumpleaños o vacaciones…

• Los cuentos. Hay algunos especialmente indicados para comprender el transcurso del tiempo. Después de leerlos, pregúntale: “¿Qué pasa luego de que la princesa besa a la rana?”.

• Diario hablado. Invita a tu hijo a contarte su día desde la mañana y hasta ese preciso momento. Le ayudará a comprender mejor que existe un orden cronológico en el transcurso de su día.

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Enséñale a tu hijo a cumplir sus metas

Esta es una pequeña guía para ayudar a tu niño a crearse metas, ¡y cumplirlas! Sin duda, lo ayudarás a saber formar (en su momento) un proyecto de vida que le dé mucho bienestar. ¡Será una gran aventura para ambos!

Desde temprana edad es importante que le enseñes a tu niño a plantearse y alcanzar metas porque ello le permitirá tener el “hábito” de hacer realidad sus sueños, lo cual no sólo le dará la visión a futuro necesaria para establecer un proyecto de vida, también para sentirse satisfecho consigo mismo al percibirse capaz de conseguir lo que quiere y necesita. Además, conservar la mente y pensamientos dirigidos a un objetivo lo animarán; está comprobado que son una razón para vivir, son parte del sentido de vida.

Los psicopedagogos señalan que es importante que al enseñarles a los niños a establecerse metas, éstas deben ser acordes a su realidad y alcanzables para ellos, aunque con nuevos desafíos que los motiven. También deben contener tareas específicas para lograr su meta y enseñarlo a evaluar los resultados. Te dejamos este paso a paso con espacios muy prácticos para que tu niño y tú se diviertan aprendiendo esta valiosa lección de vida. ¡A crear!

Lección 1:
Explícale qué es una meta. Puedes decirle: “es algo que deseas con todo el corazón, que para lograrlo te pones algunas tareas chiquitas y otras grandotas, las haces en el tiempo que digas y anotas en el calendario cuándo las harás.”

YO QUIERO…

LLENA ESTA HOJA CON TU NIÑO PARA QUE APRENDA A TENER CLARO LO QUE QUIERE Y CÓMO LO VA A LOGRAR.

Enséñale a tu hijo a cumplir sus metas
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PASO 1: definan la meta; tiene que ser algo en verdad muy importante para tu niño para que así sienta que vale la pena el esfuerzo que hará. Ayuda mucho formular este deseo en positivo, algo que quiere hacer, en lugar de algo que no desea hacer. “Deseo que haya unicornios en mi fiesta de cumple” en lugar de “ya no quiero disfrazarme de princesa en mi fiesta”.

PASO 2: escojan sus metas chiquitas, aquellas tareas que deberá hacer para obtener su meta grandota: cuándo hará estas tareas, dónde y cómo. (ve a la hoja de trabajo).

PASO 3: asegúrate de que su meta sea algo que pueda hacer y que realmente dependa de él; platícalo con él para valorarlo y sondear su actitud frente a las tareas.

PASO 4: de ser necesario, ayúdalo a dividir su meta en etapas; por ejemplo, si lo que desea es aprender a nadar, habla con el instructor para formar un plan: primero debe perder el miedo al gua, luego flotar, sumergirse… Conforme vaya logrando estas metas sencillas se entusiasmará más y tomará más ímpetu.

PASO 5: cuando logre las metas secundarias, celébralo y recompénsalo.

Por Jessica López Cervantes

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5 errores a la hora de proteger a tu hijo

5 errores a la hora de proteger a tu hijo

Cuidarlo sí; sobreprotegerlo no. Hay que velar por su salud, pero sin cortarle las alas.

5 errores a la hora de proteger a tu hijo

Nos resistimos a aceptar que ese pequeño terremoto que corretea por el parque entusiasmado y que no deja de abrir y cerrar cajones en casa ya no es el bebé indefenso que hemos tenido en la cuna desde hace doce meses.

Ahora es una persona mucho más independiente que acaba de descubrir todas las posibilidades que ofrece el mundo. Todas le gustan y con todas quiere experimentar: tocando, chupando, oliendo… ¿Peligroso? No necesariamente.

Los niños son mucho más fuertes de lo que parecen; somos los padres los que nos empeñamos en tratarlos como si fueran débiles.

Cometemos errores de sobreprotección creyendo que de este modo nuestro pequeño estará mejor cuidado e incluso más sano, y no nos damos cuenta de que muchas veces nos equivocamos.

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1. Higiene: ¿baño todos los días?

La higiene es importante, pero no hay que caer en la obsesión. Para muchos, el baño diario forma parte del ritual de irse a dormir y es su ratito de relajación y juego con sus padres. Pero si pasa un día que no puedas bañarlo, no pasa nada, a menos que esté lleno de arena de pies a cabeza. Procura que los genitales estén limpios tras los cambios de pañal y que se lave bien las manos antes de comer y al irse a dormir.

2. Abrigarlo mucho

Es uno de los errores que comentemos con más frecuencia, sobre todo por miedo a que se resfríen. Pero los pediatras lo dejan muy claro: un catarro se produce por contagio, no por pasar frío. Cuando un bebé se desarropa durmiendo es porque tiene calor. Seguramente lo hemos acostado con un body de manga larga y una pijama más abrigadora, además del edredón, y no es extraño que trate de zafarse de la ropa que le sobra.

3. ¿Cómo ayudarlo a superar obstáculos?

Dejándole ensayar y permitiéndole fallar, porque aprender significa equivocarse una y otra vez. Cuando unos padres animan a su hijo a superar los errores, le están transmitiendo la idea de que puede alcanzar sus metas.Los refuerzos positivos le permiten seguir adelante.

4. Usar cualquier medio para que coman

Esta etapa suele coincidir con la introducción de una dieta más variada y con alimentos menos triturados y a la mayoría les cuesta un poquito acostumbrarse. Por eso muchos padres se agobian, porque su bebé, «ha dejado de comer». No es así, ellos saben lo que tienen que comer y cuánta cantidad, y si mantienen la actividad propia de esta edad y están alegres significa que están sanos y no les hace falta comer más.

Además, a partir de los doce meses los niños comen menos porque crecen a un ritmo mucho más lento que cuando eran lactantes. Por tanto, sus necesidades nutricionales también son menores.

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5. No llevarlo a la guardería por miedo a que se enferme

Cuando un niño va a la guardería, casi siempre es porque sus papás trabajan y no pueden tenerlo en casa. También puede ocurrir que opten por contratar a una niñera o que lo cuiden los abuelos para que, al no ir a la guarde, estén a salvo de contagios y enfermedades. Es cierto que llevarlo a la guardería tiene el riesgo más que probable de que se pongan malitos con más frecuencia, sobre todo el primer año. Pero no nos engañemos: quedándose en casa los niños también se enferman. No se recomienda, mantener al niño dentro de una burbuja de cristal para evitar enfermedades e infecciones que son absolutamente normales a su edad y que tarde o temprano va a sufrir.

Retrasando su incorporación al mundo real e impidiendo el contacto con otros niños lo único que conseguimos es demorar su socialización. 

¿Has caído en alguna de estas acciones?

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5 tips para decirle NO a tu hijo

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Todo le llama la atención y no tiene noción del peligro. ¿Conclusión? Hay que estar todo el día detrás de él para evitar accidentes.

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La lista de cosas peligrosas o inadecuadas que se le pueden ocurrir a un pequeño es tan larga como los minutos que anda por ahí correteando.

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El universo de posibilidades a cada paso es ilimitado: «Oh, un árbol, voy a ver qué hay dentro de este agujerito. Vaya, ¿qué son estos animalitos negros? ¿Se comen?». Así debes explicarle que hay cosas que no se pueden hacer:

1. Dale información adecuada y precisa

«Si metemos los dedos en los cajones o entre las puertas y cerramos, los deditos se machucan» (lo puedes ilustrar con una zanahoria, que aunque resulta un poco impactante, cuando el pequeño ya ha tenido algún accidente, funciona).

2. Enseñarle a hacer las cosas bien

Subir y bajar un escalón, bajarse de la cama (con la barriga apoyada en el colchón y deslizando los pies hacia abajo), empujar las puertas suavemente, cerrar los cajones con las manitas en el tirador, son algunas acciones que puedes «ensayar» con él.

3. Modificar el espacio

El que amerita la ocasión. Todavía es pequeño para eludir según qué tentaciones y por ese motivo es mejor que retires de su vista todo aquello que puedas anticipar como un futuro «no toques eso» (desde objetos de porcelana hasta aparatos eléctricos  o medicinas).

También es el momento de proteger los espacios (venden cierres para cajones y tapas de inodoro, topes para las ventanas, protectores para enchufes, etc.).

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4. Distracción

A veces es necesario llevar a cabo un «cambio de escenario». No se trata de un castigo y por tanto no debes enfadarte ni plantearlo como tal («nos vamos al parque porque no paras de tocar la computadora de papá»), si no de un cambio de aires que ayude al pequeño a interesarse por otras cosas más adecuadas.

5. Distinguir entre situaciones negociables y aquellas que no lo son

Si tu hijo es menor de 3 años, no puedes hablar de «negociación», pero sí puedes hacer un acto de reflexión sobre qué cosas puedes permitirle y cuáles claramente no.

Explícale con palabras sencillas a tu hijo las consecuencias de ciertas cosas.

¿Le pones límites a tu hijo?

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Datos importantes que debes conocer sobre el TDAH

Datos importantes que debes conocer sobre el TDAH

Es un trastorno que las personas no entienden y que muchas veces es mal diagnosticado.

Se da con mayor frecuencia en niños que en niñas, pero su incidencia no presenta diferencias entre diversas áreas geográficas, género, grupos culturales o niveles socioeconómicos.

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Datos importantes que debes conocer sobre el TDAH

Actualmente, se estima que el TDAH afecta a entre un 5% y un 10% de la población infantil y juvenil, y que representa entre el 20% y el 40% de las consultas en los servicios de psiquiatría infanto-juvenil.

Es un trastorno heterogéneo del desarrollo de naturaleza neurobiológica, es decir, es un desorden biológico que tiene amplias repercusiones en la conducta de quien lo padece.

Se caracteriza por una atención dispersa, impulsividad e inquietud motriz exagerada para la edad del niño.

La característica principal es la falta de atención. Cualquier detalle lo distrae, a mayores estímulos su dificultad para concentrarse aumenta.

En casa tienen dificultades para seguir órdenes, parece que no escuchan cuando se les habla, son desorganizados, nunca saben dónde han dejado sus cosas, sus juguetes, pierden el material escolar y son descuidados.

En la escuela cometen errores por no fijarse en los trabajos o en las diferentes actividades a realizar.

Con frecuencia saltan de una tarea a otra sin terminarla, ya que evitan situaciones que implican un nivel constante de esfuerzo mental.

Actúan de forma inmediata, sin reflexionar, sin pensar en las consecuencias o en el riesgo o el peligro, ni para sí mismos, ni para los demás.

Si tu hijo presenta alguna de estas características y le cuesta trabajo aprender, puedes llevarlo con algún terapeuta o psicólogo para salir de dudas.

¿Crees que tu hijo pueda tener TDA o TDAH?

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¿Por qué mi hijo quiere saberlo todo?

¿Por qué mi hijo quiere saberlo todo?

Por Berenice Villatoto y Mayra Martínez

Preguntar y preguntar, eso es lo que mejor se le da a los niños de entre tres y cuatro años. ¿Por qué quieren saberlo todo? ¡Descúbrelo!

Es cierto que, aunque la mayoría de las veces es un interés genuino lo que mueve a los niños a preguntar sobre ciertas cuestiones, a veces, sus preguntas tienen truco o no saben parar a tiempo (recibiendo más información de la que necesitan). Por eso es importante saber «leer entre líneas» para dar las respuestas más adecuadas.

¿Por qué mi hijo quiere saberlo todo?

Así, ante cualquiera de sus preguntas, debes preguntarte a ti misma, antes de responder:

1. ¿Qué necesidad/deseo/intención le mueve a preguntar esto?

Por ejemplo, si un niño de tres o cuatro años te pregunta si vamos a morir, no se refiere a si nos vamos a morir algún día, sino si le vamos a faltar ahora. Por su edad, es una pregunta que está más relacionada con el temor a separarse de nosotros o a no tenernos cerca justo en este momento, que con el concepto de enfermedad o muerte real y, por tanto, la respuesta es muy distinta a la que daríamos a un niño más grande.

2. ¿Es suficiente con la información que le he dado, la ha comprendido bien, o sigue preguntando porque no entiende?

Si los «por qués» no paran, a veces es mejor detenerse y explicar bien un punto, hasta que quede bien claro, antes de pasar al siguiente (que cada vez será más complejo y por lo tanto, menos comprensible).

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3. ¿Pregunta porque quiere saber o porque quiere iniciar una conversación?

En ocasiones, una pregunta es la mejor manera de iniciar un diálogo con los papás. Por eso, no siempre lo importante es la respuesta: a veces es más enriquecedor escuchar las opiniones, reflexionar, dudar o reírse de lo poco (o mucho) que uno sabe.

4. ¿Sus preguntas están expresando un temor/preocupación

Ya sabemos que muchas veces, lo que tememos nos atrae. Ese es el motivo por el que algunos pequeños se enredan en preguntas que nos llevan, sin quererlo, a tener que darles detalles que, en realidad, no necesitan (sobre la operación de cadera de la tía Ana, por ejemplo, o sobre ese accidente que vio en la tele). En estos casos lo ideal es dejar de responder y legitimar su temor: «Veo que este tema te asusta y te preocupa, lo que te puede calmar es saber que tanto tú como nosotros estamos bien y ¡que esta tarde nos vamos al teatro y será divertido!».

Trata de platicar con tu hijo con un lenguaje sencillo y sin redundar en el tema.

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¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

Por Berenice Villatoro y Mayra Martínez

Aunque parezca imposible, puedes lograr que tu hijo preste atención? ¡A la primera!

«¿Cuántas veces tengo que decírtelo?» «Estoy cansada de que no me escuches». Es frecuente oír este tipo de frases en una casa con niños de 3 a 5 años. La mayoría de los padres confiesan que sus hijos no les hacen caso y que, por mucho que les repitan las cosas, parece que los pequeños no escuchan o no quieren escuchar.

¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

Estas frases normalmente suelen ganar en volumen. «¡Te he dicho que vengas en este instante!». Mamá se pone roja y su presión sanguínea aumenta. Pero su tierna criatura parece que no la escucha. Entonces, al borde de un ataque de nervios, abre unos ojos y una boca muy grandes: «¡No quiero repetírtelo más veces! ¡Que vengas ya!». Entonces el angelito pone cara de susto y comienza a llorar. Para que no te ocurra esto, te damos los siguientes tips:

1. Pedir solo una cosa a la vez

Y no demasiado complicada. A esta edad tu hijo aún es pequeño para retener y ejecutar varias órdenes, y menos si son complejas. Además, una instrucción como «recoge tu habitación» puede necesitar ser más precisa, y paso a paso, por ejemplo: «guarda los juguetes», «pon la ropa sucia en tu cajón».

2. No gritar una orden desde otra habitación

Cada vez que le digas algo a tu hijo, hazlo físicamente cerca de él y mirándolo a los ojos mientras le hablas. Asimismo, también pídele que él también te mire, de ese modo será más difícil que te ignore. Un pequeño contacto físico, por ejemplo, tocarle el brazo o el hombro, también ayuda, sobre todo cuando el niño está absorto en alguna actividad.

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3. Ser claros, breves y concisos

Si cada orden va precedida de un largo preámbulo, tu hijo ya se habrá desconectado de la conversación cuando vayas por la tercera coma de tu discurso. En vez de darle un sermón, ve directo al grano y dale instrucciones breves, concretas y operativas.

4. Comprobar que te ha entendido

Pídele que te repita lo que le has dicho. Por ejemplo: «Tienes que lavarte las manos antes de sentarte a comer. Vamos a ver, ¿qué es lo que tienes que lavarte antes de comer?». Algunas órdenes no son tan concretas y habrá que suplicarle que te explique lo que significan. Porque «recoge tu habitación» puede no significar lo mismo para él que para ti. Quizás sea necesario enumerar los pasos y componentes de esa tarea. Y también comprobar que el niño los ha comprendido y es capaz de repetirlos.

5. Conducirlo físicamente

Cuando tu hijo, pese a tu amable petición, no accede a dar por sí mismo el primer paso para cumplir lo ordenado, a veces es oportuno conducirlo hacia la actividad deseada, por ejemplo tomándolo de la mano. Pero es muy importante hacerlo sin discutir y sin recriminarle su desobediencia.

Estas tácticas, realizadas con tranquilidad y diplomacia, es como darles el empujoncito que tu hijo necesitan.

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¿Qué hacer cuando tu hijo te desafía?

¿Qué hacer cuando tu hijo te desafía?

¿Sientes que tu hijo te lleva al límite? Calma, sólo significa que está experimentando.

Aunque tu hijo sea pequeño, lo mejor que puedes hacer al prohibirle o negarle algo es darle una explicación. Quizá tu hijo no comprenda el motivo de tu enojo o de la regla, pero lo más importante es que tengas buena actitud al hacerlo.

¿Qué hacer cuando tu hijo te desafía?

Tu hijo no necesita largos sermones para entender que está haciendo algo que podría lastimarle, él requiere que le expliques de forma sencilla: “cuando le pegas a tu hermanito, le duele y se pone triste, por favor, no lo hagas”.

  1. Da tu mejor ejemplo. Tu hijo actúa según lo que observa en casa, tu ejemplo y las explicaciones deben coincidir. Por ejemplo: ¿quieres que tu hijo entienda que no debe pegar, cuando tú le pegas?

  2. No lo dejes hacer lo que quiera. A pesar de que tu hijo haga un gran berrinche, no debes consentirlo en todo.

  3. Es difícil, pero trata de tener paciencia. Tu hijo necesita de ti que le inculques normas y valores.

  4. Siempre con amor. Hagas lo que hagas al momento de corregirlo, siempre hazlo con amor.

  5. No lo etiquetes. Nunca le digas a tu hijo frases como: “eres malo”, tu hijo se está formando una imagen de sí mismo y él se creerá todo lo que le digas. Cuida mucho tus palabras y sobre todo, los apodos o adjetivos que le pones.

  6. No dudes de ti. Si tu hijo percibe que tu orden es dudosa, la evitará. Muéstrate firme y asegúrate de que tu hijo cumpla lo que le pides.

  7. No prohibas todo. Las prohibiciones constantes limitan a tu hijo y se hará rebelde.

  8. Distráelo. Si no quieres que tu hijo algo en especial, distrae su atención, llévalo a otro lugar, ofrécele una opción diferente.

  9. No todo es no. Toma medidas para que evites decirle “NO” todo el tiempo, por ejemplo, quitar todo lo que se pueda romper en tu casa…

  10. Dile palabras alentadoras. Cuando tu hijo haga algo bien, felicítalo y así con cada uno de sus avances. Muestra tu orgullo y felicidad honestas sin caer en exageraciones.

Evita a toda costa esto:

  • Avergonzar, ridiculizar y culpabilizar ya que se quedarán como una huella que lo atormentará por toda su vida.
  • Nunca le digas eres: “malo”, “tonto”, “torpe”, “inútil”…
  • Evita los enojos que duren más de unos minutos.
  • Nunca le hagas sentir que “no lo quieres”.

Cuando se trata de disciplinar a tu hijo, no castigues a su persona, sino sus acciones y ten en mente de que siempre debes apoyar sus cualidades.

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La edad del ¿por qué?

Desde los tres años, los niños pasan por una etapa en la que cuestionan todo. Como papás, deben darle las respuestas adecuadas con paciencia y sentido común

Por Armando Ayala

La etapa de los porqués se modifica con el tiempo según la edad del niño, aunque hay chicos a los que esta fase les dura hasta los seis años; lo que no debe cambiar nunca es tu disposición a contestarle bien, con amor y respeto. Sólo recuerda que a los niños no les gustan los discursos ni las explicaciones largas, además de que prefieren descubrir por sí mismos el mundo, pues así aprenden y ponen en práctica sus recién descubiertas habilidades.

La edad del ¿por qué?
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SI A VECES TE ABRUMAN SUS PREGUNTAS INTERMINABLES, SIGUE ESTOS TIPS:

  1. Valora las dudas de tu hijo, son una señal de que está madurando y de que siente curiosidad y ánimo de aprender.
  2. Siempre míralo a los ojos cuando te habla. Si desvías tu mirada pensará que ha cometido un error y que merece tu indiferencia.
  3. Usa palabras sencillas, fáciles de entender y adecuadas a la edad de tu hijo.
  4. No te alteres. Sé directa y natural, usa tu sentido común.
    Habla con voz normal. Los susurros o murmullos le dan un carácter prohibido a cualquier asunto y los gritos son un rechazo directo.
  5. Usa ejemplos sencillos para que comprenda mejor la respuesta.
  6. Recurre a situaciones que hayas vivido o leído.
  7. Si no conoces del tema, no inventes respuestas. Consulta un libro o busca artículos especializados en internet.
  8. Evita la frase “no tengo tiempo”. Deja lo que estás haciendo para escucharlo.
  9. Procura que vuelva a acudir a ti cuando tenga otra duda. Tu hijo debe saber que siempre estarás ahí para resolver sus preguntas: eso lo animará a seguir indagando y aprendiendo.

 

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICÓ POR PRIMERA VEZ EN LA EDICIÓN IMPRESA DE LA REVISTA PADRES E HIJOS DE FEBRERO