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Niños que se autolesionan, ¿por qué se hacen esto?

Primero que nada, me gustaría establecer que la autolesión es una manifestación de que algo que está pasando, algo en la vida del niño está siendo intolerable y lo manifiesta a través de las lesiones. Te invito a conocer las razones de los niños que se autolesionan. 

Entre más pequeño es un ser humano, más le cuesta expresar lo que siente, por ello, lo niños tienden a manifestarse de manera simbólica, a través del juego y los dibujos. Pero cuando algo pasa que excede la capacidad del niño para comunicarse por estos medios, surge otro tipo de canal por el cual se expresa, uno que es fuerte, difícil y doloroso; pero que sirve al propósito de comunicar las emociones de lo que le está pasando.

Y es importante hacer caso a esta llamada de atención.

Generalmente, con un manejo adecuado, los niños que se autolesionan no pasarán a mayores, pero si no se atienden, podría ser un disparador de situaciones más graves en la adolescencia.

La autolesión cumple dos propósitos:

  • Analgésico: ofrece una sensación de control y alivio de culpas
  • Comunicativo: transmite un mensaje que simboliza un estado emocional.

Puede ser un autocastigo (que lleva un mensaje por haber hecho algo mal, como tallarse en la piel la palabra “tonto”) y/o para comunicarse con otras personas; como venganza, la manifestación de algún abuso, o un desesperado grito de auxilio y compasión.

Las vivencias que más se relacionan a la autolesión son las siguientes:

  • Violencia intrafamiliar
  • Ser víctima de abuso o haber presenciado uno
  • Pérdida de algún miembro de la familia
  • Sufrir algún tipo de intimidación, como cuando uno de los padres amenazan al niño con no ver al otro padre.
  • Abandono
  • Alguna enfermedad incapacitante
  • Abuso de sustancias por parte de los padres.
  • Ser elegidos como cuidadores de sus hermanos menores o algún familiar enfermo.
  • Bullying
  • Estrés escolar.

Los puntos anteriores explican las razones por las cuales un niño puede autolesionarse y las lesiones son la manifestación del dolor que está sintiendo.

¡Por favor! No hagas caso omiso si tu hijo o hija, está lesionándose.

Algunos adultos dicen: “no le hagas caso, quiere llamar la atención” Ahora yo te diría: por favor, hazle caso, si quiere llamar la atención es porque algo está pasando y no sabe cómo comunicarlo. Llamar la atención no es un capricho, en una petición de auxilio, no lo dejes pasar.

Por Psic. Iskra Salcido Valle, psicoterapeuta, orientadora psicológica en el IPN, presidenta de la Asociación de Egresados de Psicología de la Universidad Iberoamericana: iskrasalcidovalle@hotmail.com

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Soluciones para casos problemáticos de disciplina

Disciplina es la cualidad que nos ayuda a conseguir lo que queremos en la vida, a llegar sin perdernos por el camino. Así que en cuestiones de «disciplina» no estarías frente a tu hijo luchando por el poder, sino a su lado enseñándole a no sucumbir ante la frustración.

Justamente por esto es que a muchos niños les cuesta trabajo aceptar la disciplina: aún no saben cómo lidiar con el «no poder hacer lo que sus instintos desean». Es una lección que mamá y papá les dan, pero siempre transmitiéndoles con amor y seguridad las normas que rigen la vida personal y social, las que le ayudarán a manejarse en la vida.

Soluciones con amor

Cuando no hace caso…

Pocas cosas molestan tanto como ser ignorados. Los niños no suelen ignorarnos. Son muy disciplinados y su naturaleza es colaboradora. Pero según la edad que tengan no siempre están en condiciones de seguir una consigna por sí solos, aunque nos los hayan prometido. Si no pueden realizarla la ignoran y siguen con lo suyo. A esta edad todavía hay que guiarlos y acompañarlos en todo lo que no sea un hábito ya adquirido.

¿QUÉ HACER?

Haz que tu niño participe siempre en las tareas. Dile: «Vamos a guardar tus juguetes». Recójanlos tranquilamente e indícale dónde poner cada cosa. Más adelante, deja que lo haga solo: «Recoge tus juguetes mientras yo doblo tu ropa». Después de un tiempo se convertirá en un buen hábito.

Es algo terco y necio

Es un proceso normal en su maduración, pero puede hacerlo de muchas formas y elegirá esta precisamente cuando se encuentre frente a unos límites «blandos» o unos padres inseguros ante determinadas situaciones. ¿Es muy listo? No, necesita seguridad, comprobar que lo tienes claro y que los límites son inamovibles. Para guiar a tu pequeño, necesitas estar segura del camino a seguir, porque si no lo tienes claro, tu pequeñín encontrará y, sobre todo, aplicará sus propias fórmulas.

¿QUÉ HACER?

Mantenerte (serenamente) firme, pero no plantarte frente al niño esperando a que se derrumbe su voluntad (para terco, terco y medio). Hay técnicas que le ayudarán a salir de su negatividad, por ejemplo, cambiar el foco de atención. Plantear la cuestión no como algo que «debe» hacer sino como un juego o un reto.

Por favor, mamiiiiiii…

Y resulta que cuando piensas que manejas las cuestiones de disciplina con los ojos vendados, se acerca tu hijo, de cuatro años, te mira con una sonrisa triste, señala a un niño que tiene una dona de chocolate y te dice: «Por favor, mami, yo quiero», aunque sabe perfectamente que no es la hora de la comida. Todo sucede sin rabieta, y con esa mirada que te parte el alma. Es una cuestión compleja.

Tu pequeño siente frustración, quiere algo que no tiene. Pero su vocabulario es más amplio, su comprensión más fina y no suele entregarse a la rabieta que lo sacudía a los dos años de edad, fruto de la misma privación. Utiliza más palabras y, además, busca tu empatía. Debes tener cuidado en estas situaciones, pues tu respuesta puede ser un arma de dos filos que establezca precedentes.

¿QUÉ HACER?

La respuesta, por regla general, es la misma que a la hora de abordar los berrinches: mantenerte firme en las normas que has acordado con él. Si estableces que sólo habrá flan los domingos si se acaba la comida, pero resulta que no ha tomado nada, debemos tener cuidado y no ceder a lo que puede convertirse en un chantaje emocional. Tu labor es clara: contenerlo en su frustración y ayudarle a crecer favoreciendo el respeto de las normas importantes.

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¿Cómo saber qué es lo mejor para tu hijo?

Por un lado piensas que debes tener cuidado de no ser rígido con tu hijo, por otro, de no pasarte de permisiva y darle todo lo que pida; que él necesita de un orden, pero sin que seas autoritaria; de flexibilidad y libertad pero sin caer en el «que haga lo que quiera». ¡Todo un dilema que no te deja saber bien a bien qué es lo mejor para tu hijo!

Tu criterio es el camino

Ciertamente, los papás necesitan llevar una buena relación con sus hijos, pero no se puede llegar a ser un «amigo» de ellos. Ese no es tu rol en su vida; es el del adulto responsable, su cuidador.

En este sentido, lo mejor para tu hijo es que cumplas siempre con este papel tan importante en su desarrollo. Claro, respetándolo pero sin tener miedo a armar una bronca si hace falta, regañarlo si lo amerita, castigarlo en casos extremos… Igual que demostrarle tu amor. 

Todo esto puede parecer una tarea imposible de realizar. Pero la educación, más que una serie de acciones en donde podemos hacer el bien o el mal, es un estar con los niños en el día a día. Si estamos tranquilos y contentos, ellos también lo estarán.

Lo principal es no dramatizar las cosas ni preocuparse demasiado. Si nos equivocamos hoy, lo compensamos mañana. Si estamos de mal humor y los tratamos injustamente, con pedir perdón y explicarlo ya queda todo arreglado.

El secreto está en tener un buen contacto con los hijos, un acercamiento profundo y verdadero. No basta con estar simplemente en la misma habitación, sino hacer el esfuerzo de escucharlos, mirarlos sin prejuicios ni rencores y aceptarlos tal y como son, en lo bueno y en lo malo.

Cuando existe este contacto profundo, los padres no tienen problemas para discernir qué hacer en cada situación, pues sienten las necesidades de sus hijos como si fuesen las suyas propias. El acercamiento genera comunicación y confianza, y con eso la educación se hace sola.