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Tu hijo no expresa sus emociones, podría tener Alexitimia

Se presenta en el 10% de la población y genera problemas para socializar, hacer amigos y encontrar pareja. Si has notado que tu hijo no expresa sus emociones, revisa esta información.

El profesor de psiquiatría Peter Sifneos dio a conocer  el término «alexitimia» en 1972, para referirse a un trastorno que imposibilita a la persona detectar sus propias emociones, por lo tanto, darle un nombre a lo que siente.

Estas personas son incapaces de identificar y de expresar sentimientos como el amor, el odio, la alegría o el enojo, que son considerados tan comunes. Aunque eso no significa que no las sientan, sino que no pueden expresarlas.

La alexitimia puede aparecer desde temprana edad, porque los niños no ponderan sus estados mentales ni los vinculan a palabras, por lo que si los papás no estimulan el reconocimiento ni enseñan cuáles son los términos adecuados para describir cómo se siente el menor, esto generará el bloqueo y desarrollará el trastorno.

La alexitimia primaria puede deberse a factores hereditarios, manifestándose en ese caso desde la infancia; o aparecer como consecuencia de alguna enfermedad neurológica, como la esclerosis múltiple o el párkinson, o como causa de ictus, traumatismos o tumores cerebrales.

Y la alexitimia secundaria, se presenta cuando la persona ha sido sometida a situaciones traumáticas intensas en la vida adulta (por ejemplo, malos tratos) y puede ser causa de un desorden en el aprendizaje emocional del afectado.

¿Cómo puedes ayudar a tu hijo a reconocer sus emociones? 

Alegre, triste, enojado…¡Enséñale a reconocer sus emociones!

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5 tips para que tu hijo deje el chupón

No es una ley exacta, solo se recomienda que los niños dejen el chupón a los dos años. Te damos algunos tips para lograr que tu hijo deje el chupón. 

¿Sabías que el chupón le proporciona a tu hijo a lo largo de su etapa sensorio-motriz (dura hasta los dos años) una forma física de autoconsuelo? Y el niño de esta edad cada vez tiene más capacidad de desarrollar estrategias que no son físicas, casi todas relacionadas con el juego y el apoyo emocional.

Solo necesitarás darle un empujoncito:

1. Elijan juntos un lugar físico para el chupón: estará ahí y él te lo podrá pedir cada vez que lo necesite (díselo, claramente). Ya no está completamente a la mano y es más fácil que se olvide de él o solo lo busque en los momentos clave.

2. Anímalo a sustituirlo por otro objeto de consuelo, como un muñeco. Ambos pueden convivir durante un tiempo, no pasa nada.

3. Fíjate en los momentos en los que te pide el chupón: ¿Cómo se siente? ¿Triste, aburrido, agobiado? ¿Es posible que si lo acompañas, juegas con él y lo abrazas no necesite el chupón para afrontar el momento?

4. No lo regañes por pedirte el chupón o llorar por él, eso podría causarle más tensión; ofrécele alternativas. Si aun así quiere su chupón, dáselo. La idea es sustituir una forma de encontrar consuelo por otra que consideres más apropiada o saludable.

5.  Explícale que, como ya es mayor, no lo necesita. ¿Acaso papá o mamá van por ahí con el chupón a todas partes?

6. No cedas ante el primer llanto. De lo contrario, la despedida será aún más difícil. Si ante su llanto desconsolable optas por negociar (por ejemplo, le dices que puede seguir usándolo, pero sólo un día más), cuando llegue el momento, la rabieta se multiplicará.

Espera el momento adecuado para quitarle el chupón; recuerda que a él le ayuda a tranquilizarse y lo reconforta.

¿Esperamos un poco, entonces?

No olvides el papel que desempeña el chupón en la vida de tu hijo: consuela y calma, así que no es necesario provocarle estrés o ansiedad quitándoselo antes de tiempo. Si está en una etapa de grandes cambios (la llegada de un hermano, el inicio de la escuela) o ves que sufre mucho, deja que lo use en tanto termina tal situación.

No hay que forzar

Al obligarlo a dejar el chupón corres el riesgo de que lo sustituya por el dedo. Si lo forzamos con métodos drásticos como tirarlo a la basura, ponerle algo amargo o cortarlo, pueden aparecer otros síntomas, como mojar la cama o morderse las uñas.

El objetivo no es solo que deje el chupón, también consiste en ayudarle a elaborar estrategias para enfrentarse a las dificultades de la vida.

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Mi hijo no tiene amigos, ¿tiene algún problema?

Es probable que tu hijo sea tímido o introvertido, pero si ves que no tiene amigos, no juega ni habla con otros niños y que esto lo hace sufrir, debes averiguar qué le causa el problema y, si es necesario, hablar con un psicólogo.

Mi hijo no tiene amigos

Las primeras interacciones son muy tempranas: desde el primer mes de vida ya empieza a sonreír y a hacer gestos casi instintivos. Es a partir del segundo mes de vida cuando lo hace más conscientemente: sonríe cuando está bien, empieza a extrañar, se sorprende, le gusta escuchar la voz de las personas que lo cuidan… A partir de los tres años es cuando comparte juegos con otros niños”, explica la Psicóloga Graci Molines de Siquia.com

“Debemos sospechar que puede tener alguna dificultad cuando no se relaciona en ningún círculo social: en la escuela, con la familia extensa, con vecinos, hijos de tus amigos… Cuando observamos que el ‘no relacionarse’ le produce malestar o sufrimiento y/o está acompañado de otra serie de síntomas físicos o psicológicos. Entonces, es conveniente consultar al pediatra para descartar cualquier problema físico y despejar dudas”, recomienda Diana Vilar, también Psicóloga colaboradora de Siquia.com

¿Hay problemas en casa?

Cuando un niño está mal en el hogar tiende a retraerse, manifiesta retraso en el aprendizaje, problemas emocionales, se muestra irascible con sus iguales e incluso suele tener comportamientos violentos, porque cree que esa es la manera normal de relacionarse. A menudo llega a pensar que tiene la culpa de la mala situación en el hogar y puede sufrir una depresión.

¿Qué más puede aislarlo?

  1. La fobia social. Se manifiesta con sudoración, palpitaciones, tensión muscular, disfunciones intestinales y enrojecimiento de la piel. En ocasiones puede llegar a confundirse con un ataque de pánico.
  2. Quiere estar en lugares donde se siente seguro y con personas conocidas, de su entorno. La manifiesta ante adultos y con niños de su misma edad. Ansiedad por separación. Quien la padece sufre temor al separarse de la persona que lo cuida o incluso del hogar. Siente angustia o miedos excesivos a perderse, a que le pase algo a la persona de apego, a dormir fuera de casa, tiene pesadillas recurrentes con el tema de la separación, dolores de cabeza, náuseas, dolor abdominal…
  3. Trastorno del espectro autista. Se caracteriza por problemas al interactuar con otras personas, intereses restringidos y movimientos repetitivos. El diagnóstico temprano es vital para su tratamiento.
  4. Altas capacidades. Se descubre en bebés muy precoces que sostienen la cabeza antes de cumplir el mes de vida, que dicen su primera palabra antes de los cinco meses y que con seis meses ya responden a su nombre. Pueden tener hipersensibilidad emocional y sensorial y, en ocasiones, también hipersensibilidad psicomotriz (son muy movidos, se agotan muy difícilmente). Además tienen Buena memoria y ofrecen resistencia a la autoridad. Prefieren estar a su ritmo, aunque sea en soledad.

¿Cómo puedes ayudarlo?

  • Fortalécelo. Procura un entorno de seguridad, escúchalo, no lo obligues a hacer lo que no quiere, intenta reforzar su relación con otros niños.
  • Desarrollar vías de comunicación. No sólo las verbales, sino también hay que darle lugar e importancia a la expresión de las emociones.
  • Ampliar los círculos sociales. Compartiendo más actividades con otros papás y niños diferentes a los de la escuela, sin forzarlo a que se relacione cuando no está interesado.
  • Infórmate. Es conveniente que los papás reflexionen, compartan todas sus preocupaciones, aprendan sobre los procesos de desarrollo infantil y que se dejen sorprender por lo maravilloso que es cada niño y niña.

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4 claves para motivar a tu hijo a seguir las reglas

Difílcilmente tu hijo va a seguir las reglas que pongas en casa si no le ofreces algo a cambio. Es verdad: motivar a tu hijo necesita una recompensa. 

Sin embargo, esto no significa que tal recompensa o motivación deba ser material. En el libro El cerebro del niño explicado a los padres , el Dr, Álvaro Bilbao aclara que los refuerzos que realmente sirven a los padres se relacionan con el reconocimiento, tiempo y cariño, no con lo material y la comida:

«Evita ofrecer a tu hijo recompensas o premios a cambio de su compotamiento
y, por el contrario, ayúdalo a sentirse satisfecho
cuando hace lo que le pediste o se porta adecuadamente». 

Motívalo a seguir las reglas

  1. Recompénsalo cuando notes un progreso en su comportamiento, una nueva actitud nueva y positiva; cuando repare un error o quiera compartir un juguete o su comida por que así le nació.
  2. Dale su recompensa inmediata a la acción positiva que veas; así su cerebro asociará su conducta reciente con la recompensa (un abrazo o un gracias): «oh, esto es lo que mami quiere que haga y por ello me da su amor».
  3. Divide por metas chiquitas y recompensas chiquitas un objetivo mayor; es generarle pequeñas satisfacciones, además de constancia y la virtud de la paciencia; esto lo ayudará también a conseguir metas a largo plazo cuando adulto. Por ejemplo, si quieres que ponga su rops en el cesto, haz un calendario y cada día que sí lo haga, pon un carita feliz en la fecha, o en su frente, o dale el beso del «bien hecho, amor».
  4. Recompensa el cambio. No esperes a que tu hijo tenga la conducta correcta para recompensarlo; motívalo cuando haga las cosas un poquito mejor o un porquito menos mal que los días anteriores. Y dile: «que vayamos a caminar juntos es porque hoy no molestaste a tu hermano», por ejemplo.

¡Ojo! La recompensa debe darle una sensación agradable y bonita para tu hijo;

¡eso sí que lo motivará!