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10 frases para calmar a un niño enojado

10 frases para calmar a un niño enojado

¡Está enojado y tú pierdes el control! No es sencillo calmarlo y calmarte, pero te recomendamos estas frases para lograrlo. Bájale a los ataques de ira y aprende junto con tu hijo a adquirir la habilidad de manejar positivamente las emociones.

10 frases para calmar a un niño enojado

En vez de decir…

  • Ya estás grande, no llores.
  • ¡No seas enojón!
  • No avientes la comida.
  • ¡Apúrate ya!
  • ¡Ya no grites!
  • Siempre te quejas de todo.
  • ¿Cuántas veces debo repetirlo?
  • Vete de aquí, ¡mejor enciérrate en tu cuarto!
  • ¡Ya no te aguanto!
  • Estoy muy enojada contigo

Es mejor si le dices…

  • Mamá y papá a veces nos sentimos así también, no te agobies tanto, créeme: pronto pasará.
  • ¿Y si gritamos juntos?
  • Cuando avientas tus alimentos me parece que no te gusta lo que cociné, ¿quieres algún otro platillo?
  • ¿Qué necesitas para estar listo e irnos a la clase de natación?
  • Dímelo por favor con tu tono normal de voz, así me es un poco complicado entenderte.
  • Tienes toda mi atención, ¿cómo podemos solucionarlo?
  • Creo que tus oídos no me escucharon, te lo diré una vez más y luego, por favor, ¿me repites la indicación?
  • Voy a esperar a que te calmes y luego vamos a abrazarnos, ¿está bien?
  • Este es un momento muy complicado, pero lo resolveremos juntos, calma.
  • Estoy enojándome mucho, necesito respirar y relajarme también.
  • ¿Lo intentamos juntos?

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Estas frases son positivas porque…

  • ¿Has visto que algunas personas o en películas gritan en almohadas para liberar el enojo? Esta acción alivia la energía y relaja.
  • Apoyas a tu hijo para que recapacite en sus acciones.
  • Permite a tu hijo estar más consciente sobre las rutinas y así adquirirá poco a poco responsabilidades, como guardar sus juguetes…
  • Si tu hijo imagina las mejores soluciones a los problemas que lo agobian, se sentirá satisfecho.
  • Si tu hijo repite tus frases, captará mejor lo que le quieres transmitir.
  • Si aislas a tu hijo pensará que hay algo malo con él: es preferible si le das un espacio pero lo acompañas para cuando esté listo para hablar.
  • Refuerza la emoción que está experimentando (“sé que estás enojado…”).
  • Con tu ejemplo, tu hijo ve que tú también experimentas el enojo y juntos pueden aprender a moderarlo.

No está bien reprimir las emociones; mejor enséñale a tu hijo a trabajar con ellas de manera sana; la verdad es que a cualquier edad a todos nos enoja algo en la vida.

¿Tu hijo es muy enojón?

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¿Por qué mi hijo es tan obstinado y… qué hago?

Tu niño pequeño se obstina en conseguir lo que quiere hasta que das tu brazo a torcer; o si no cedes, te hace berrinche. ¿Cuál es la causa? Descúbrelo a continuación.

Están pensando por sí mismos

Lo primero que hay que hacer es no olvidar que lo normal es que sea así de terco y que no puedes exigirle, de entrada, que vaya por la vida como un guante de seda. Por ejemplo, se meta en la cama a las ocho sin replicar y que él solo lea un cuento. Lo normal es que no quiera irse a dormir , que haga rabietas para ponerse las zapatillas de andar por casa o que se niegue a bañarse.

Es que a esta edad, los pequeños están llevando a cabo una de las tareas más apasionantes de su corta existencia: están aprendiendo a pensar por sí mismos.

Llegó el momento de la independencia

Por eso, aunque resulte un poco paradójico, necesitas entender su rebeldía y terquedad como signos positivos que expresan una personalidad en evolución y ser comprensiva. Si un niño de esta edad no diera ninguna señal de oposición o terquedad, si se conformara con todo, dejara sus juguetes sin problema alguno, o no protestara, estarías ante un niño que tiene un gran temor a exponer sus deseos y su mundo interior.

Así que el hecho de que tu hijo sea, cuando menos, necio, significa que goza de una estupenda salud mental y que hace lo que hace (y debe hacer): ser insoportable.

¿Qué puedes hacer con tu hijo obstinado?

Tu gran reto es permitir que tu hijo exprese sus deseos, su ritmo, vitalidad y desacuerdo sin ahogar su personalidad y sin dejarlo exento de referencias y a merced de sus locos impulsos. Estas son algunas ideas para lograrlo.

1. Saber ceder.

Pues sí, a veces hay que ceder. Y no debes tener miedo, porque precisamente los peores padres son los que prohíben constantemente. El auténtico reto está en saber poner pocos límites pero totalmente eficaces.

Por ejemplo, tu hijo se niega  a probar el mismo puré que hace una semana le volvía loco, y por más que utilizas trucos y más trucos, no hay manera. Intentar que un niño  comprenda que las espinacas tienen mucho hierro es misión imposible. Así que en estos casos quizá lo mejor sea no complicarse la vida y ofrecerle otra cosa, así de sencillo y fácil para todos.

2. Explicar y explicar.

Los niños quieren y necesitan saber por qué no pueden hacer aquello que les da la gana y qué esperan sus papás de ellos. No vale de nada prohibir sin explicar. Por ejemplo, si no queremos que se acerque a una peligrosa escalera deberíamos decir: «no quiero que te acerques ahí porque si te caes te haces mucho daño y mamá no quiere verte malito».

3. Negociar.

La mejor manera de evitar que acabe en un berrinche es la persuasión. A veces funciona, aunque cueste creerlo. Veamos, si ya estamos frente al escaparate de la juguetería y el niño señala con insistencia un juguete, en vez de negárselo, puedes decirle: «Claro, por tu cumpleaños lo tendrás» (ojo, luego hay que cumplir).

Todo vale: ofrecer recompensas, utilizar el sentido del humor, «engañarle» un poquito. Se trata de reconducir su terquedad por caminos un poco más llevaderos para todos.

Por Berenice Villatoro

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4 técnicas para serenarte y poder ayudar a tu hijo en berrinche

La clave es cambiar tu percepción. Es decir, cuando tu hijo está en berrinche probablemente lo que más se te viene a la mente es la pena de que la gente mira a tu hijo “maleducado” y a ti, su mamá que «no lo puede calmar». Algo que por supuesto te causa ansiedad: “no quiero que me mal-miren”.

Te decimos cómo  hacer para serenarte y desde este punto, poder ayudar a tu hijo a calmarse.

Calmada tú, puedes tranquilizar el berrinche de  tu hijo

  1. Concéntrate en los árboles, en tus compras, en un producto de la tienda, en el color de un carro… cambia tu foco de atención. Quítala del temor, la culpa y de lo mal que se puede llegar a poner tu hijoen berrinche frente a la gente. Piensa de inmediato en algo que te haga sentir bien. Necesitarás tener agilidad mental. Cuando tu ansiedad disminuya (tus reacciones físicas aminoren), estarás lista para decidir cómo actuar.
  2. Convéncete. Háblate con el mismo tono con el que tú misma le hablas a tu hijo para reconfortalo; en verdad hazlo, en voz alta: “todo saldrá bien, ahorita se le va a pasar, tengo paciencia, la gente está en lo suyo”. Mantente así hasta que sientas cómo te relajas y tu energía cambia.
  3. Sé firme contigo. Evita criticarte, regañarte o hablarte mal. Sé compasiva y generosa con tu emoción del momento: “ok, te da pena su berrinche, quieres desaparecer, pero… todas las madres pasan por lo mismo, yo no soy la peor por no controlarlo y ahorita primero me calmo para poder contenerlo a él”.
  4. Verbaliza lo que quieres que suceda. En cuanto tu emoción de enojo, frustración, vergüenza haya disminuido en tu cuerpo y hayas controlado tu mente, piensa en lo que quieres que ocurra, visualízalo y dilo: «mi amor, en este momento no puedo comprarte un helado porque no traigo dinero. Así que necesito que dejes de gritar y patalear para que nos vayamos. Estoy enojada por tu berrinche, porque no es lo correcto”.

Estas técnicas no es para calmar el berrinche de tu hijo, seguramente él continuará llorando, gritando y pataleando, pero si tú consigues serenarte, podrás confrontar
la situación del mejor modo posible para él y para ti.

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Controla los berrinches sin perder la paciencia

Controla los berrinches sin perder la paciencia

Casi todos los niños pasan por la etapa de berrinches, alrededor de los dos años, tu hijo manifiesta su descontento a través de los berrinches o rabietas.

¿Por qué hace berrinches?

Es la manera de tu hijo de expresar que no está contento con algo.

Son la forma en la que deja salir su frustración.

Es porque aún no sabe cómo afrontar alguna situación.

Los berrinches son pasajeros, desaparecerán cuando aprenda a controlar sus emociones.

Los berrinches además de llanto, pueden incluir que tu hijo se tire al suelo o patalee, incluso que se prive o se le vaya el aire, nunca dejes que se lastime con algo.

Es una manifestación que poco a poco irá controlando.

Controla los berrinches sin perder la paciencia

Casi todos los niños pasan por la etapa de berrinches, alrededor de los dos años, tu hijo manifiesta su descontento a través de los berrinches o rabietas.

Dependiendo de cómo reacciones a sus berrinches, es posible que se extiendan ya que les funciona como herramienta para lograr algo.

Cambia de lugar

Si estás en casa y tu hijo hace berrinche, salgan un momento al patio o a la calle, esto les ayuda a no centrar su atención en su ira y a despejarse un poco para calmarse más rápido.

Espera a te escuche

Si tu hijo está en pleno llanto, agáchate para que sus ojos queden a tu altura, tómalo por los hombros o la cara y espera a que te mire. Cuando tengas su atención dale una explicación corta y concreta.

No pelees con él

Sabemos que los berrinches pueden sacarte de control y agotar tu paciencia. Pero como adulto, debes tener en mente que eres su ejemplo y cómo tú reacciones, será cómo tu hijo también lo hará.

Respeta su tiempo

A veces los berrinches son solo una forma de desahogo, no lo ignores porque le das el mensaje de que no te preocupas por él.

¿Qué decirle?

Dile que sabes que está enojado, pero que debe controlarse poco a poco. Por más que llore, no cedas, ya que verá que es una estrategia para que le cumplas lo que quiere.

Dile esto: «Veo que estás muy enojado, cuando se te pase el enojo, quizá podamos ir por el helado».

La mejor estrategia

  • Por más difícil que sea, mantente firme.
  • Dile con tranquilidad que ese comportamiento no lo llevará a ningún lado.
  • Enséñale formas de pedir las cosas.

Con tu ejemplo, enséñale a su hijo a sacar la frustración sin explotar.

¿Tu hijo hace berrinches?

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¿Tu hijo ya te tomó la medida? Contesta este test y ponle solución

¿Deseas saber a ciencia cierta si tu pobre angelito ya te tomó la medida? Lee y contesta con sinceridad este test…

El arte de educar a los hijos tiene sus secretos, ya que en ocasiones no crees que tu pequeño pueda llegar a probarte con sus actitudes, pero ten cuidado, ya que estás frente a un maestro que te está poniendo a prueba día a día para ver hasta dónde puede o no ganar terreno.

Por esta razón, te aconsejamos que contestes este test, así sabrás si le estás poniendo los límites correctos o tienes que jalarle las riendas.

En la tienda de autoservicio tu hijo te pide que le compres un juguete, pero tú le dices que en ese momento no puede comprarlo, él comienza a hacer un enorme berrinche, al grado que tú ya no puedes seguir haciendo tus compras por tratar de calmarlo.

a) Lo miras a los ojos y le dices: «no te compraré el juguete que quieres, deja de llorar y ayúdame a seguir comprando», mientras tratas de distraerlo y le das un momento para que se tranquilice.

b) Comienzas a gritarle cosas como: «deja de llorar, ¡no te compraré nada!», «guarda silencio o te daré una nalgada para que tengas motivos para llorar».

c) Le compras el juguete de inmediato con tal de evitar un berrinche y que te deje comprar en paz.

Estás en casa jugando con tu hijo cuando, de repente, decide que quiere jugar con otra cosa, pero no hace el menor intento por guardar su juguete y sacar uno nuevo:

a) Le recuerdas que para sacar otro primero debe guardar el que está fuera de su lugar. Dejándole claro que si no lo hace, no podrá jugar con nada más.

b) Intentas que levante los juguetes tirados, pero pese a tu enojo y tus gritos él termina por sacar el juguete deseado y tú levantas el que dejó tirado.

c) Nunca has logrado que levante nada, así que con el fin de no tener problemas, los guardas tú.

Estás de visita en casa de algún familiar, y tu hijo no quiere comer lo que le han servido, por lo tanto tú:

a) Le pides que pruebe antes de decir no y le adviertes que si no come en ese momento, deberá esperar hasta la cena.

b) Lo obligas a comer entre pleitos, gritos y berrinches.

c) Le pides que coma, pero él ya te ha dejado claro que no le gusta y no lo hará, así que se lo permites para no pasar una vergüenza delante de la gente.

Vas en el coche manejando, pero tu hijo no quiere permanecer sentado en su lugar:

a) Le pides que se quede en su silla y no se levante porque es peligroso. Pero como no te obedece, buscas un sitio para detenerte, sentarlo y aclararle que no irán a ningún lado si no permanece sentado.

b) Le gritas «¡siéntate!» pero por supuesto no te obedece, así que sigues discutiendo, gritando sin conseguir nada poniéndose en riesgo porque ni él se sienta ni tú puedes concentrarte para manejar sin distracciones.

c) Le dices que se siente, le pides que por favor te haga caso ya que es peligroso, pero como no lo hace dejas de discutir y solo te preocupas por llegar rápido advirtiéndole que será la última vez que vaya contigo (cosa que no cumplirás).

No quiere ir a la escuela y entonces…

a) Tratas de levantarlo haciéndole cosquillas y aunque te insiste que no quiere ir, le dejas claro que tendrá que cumplir con su obligación y en la tarde le permitirás dormir una siesta si es que sigue cansado.

b) Lo vistes medio dormido, mientras está llorando y reclamando que no quiere ir, pero le dices que va a ir le guste o no y entre gritos y llantos terminas arreglándolo.

c) Intentas vestirlo, pero en verdad llora tanto y está en medio de tal berrinche, que decides que por un día que no vaya a la escuela no va a pasar nada, al fin va en preescolar.

Es hora de irse a acostar, pero tu pequeño está viendo un programa en la televisión y no quiere ir a la cama en ese momento así que tú:

a) Revisas cuánto tiempo le falta al programa y lo dejas que termine de verlo, aclarándole que por esta ocasión le permitirás que termine de verlo si en cuanto acabe se va a la cama sin protestar, pues de no ser así, la próxima vez no lo dejarás hacerlo.

b) Comienzas a discutir con él para que se vaya a la cama, pues tiene un horario para hacerlo y no es hora de seguir viendo tele, pero como no te hace caso, le apagas la tele y no le das opción alguna, más que irse en ese instante a la cama.

c) Lo dejas que termine ese programa de televisión para que después se pueda ir a la cama, pero al terminar ese programa ya quiere ver el siguiente y comienza a llorar porque no se lo permites, así que dejas que se quede dormido viendo la tele para poder llevarlo a la cama sin contratiempos.

RESPUESTAS

5 o más respuestas A: ¡FELICIDADES!, estás tratando de marcar muy bien los límites, dejándole claro a tu pequeño hasta dónde puede llegar consecuencias que pueden tener sus actos.

5 o más respuestas B: Date un tiempo fuera antes de actuar con tu pequeño, puesto que no estás tratando de marcar límites sino de IMPONERLOS, y con esto lo que ocurre en él es una mayor rebeldía, puesto que no logra entender por qué tiene que hacer lo que tú quieres y no lo que él prefiere. Te compartimos estas reglas para ponerle límites. 

5 o más respuestas C: Ya se te subió a la barbas, ¡sin lugar a dudas!, tu pequeño es quien lleva las riendas de su vida y de la tuya, lo cual resulta alarmante. Pero, ¡tranquila, todo tiene remedio!, te recomiendo que comiences por dejar bien claro quién es la mamá y quién el hijo. Esto lo podrás hacer, siendo concreta en lo que pides y cumpliendo lo que dices, si le has explicado que tiene que levantar sus juguetes, deberá hacerlo, no hay otra opción. Revisa estas frases claves para pedir a tu hijo lo que quieres de él ¡y te haga caso!

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Llorar ayuda a bajar de peso, dice estudio

¿Eres de las que cuando se siente estresada, enojada, frustrada… llora? Felicidades, tienes una gran probabilidad de bajar de peso fácilmente por llorar.

Un estudio científico realizado por el Centro médico St. Paul Ramsay, publicado en American Journal of Ophtalmology reveló que las lágrimas liberan un trío de hormonas que contrarrestan el aumento de peso.

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Estas hormonas son prolactina, adrenocorticotrópica y leucina encefálica y entre sus funciones está la de contrarrestar los efectos del cortisol, sustancia que segrega el cuerpo por estrés y que causa el aumento de grasa corporal.

¡Exacto! Solo cuando lloras a causa de una situación estresante es que tus lágrimas actúan en contra de la grasa que has acumulado y por ende, a favor de la pérdida de peso.

En otras palabras, cuando lloras porque tu hijo o tu esposo te hicieron enojar mucho (o tienes alguna emoción «negativa» como tristeza, angustia, soledad), por ejemplo, tu cuerpo quema calorías y de este modo, bajas de peso.

Ahora sabemos por qué cuando estamos tristes o con mucha pena, solemos bajar de peso. Y en tal caso… aplica el dicho de «gordita, pero feliz». ¿O no?

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Soluciones para casos problemáticos de disciplina

Disciplina es la cualidad que nos ayuda a conseguir lo que queremos en la vida, a llegar sin perdernos por el camino. Así que en cuestiones de «disciplina» no estarías frente a tu hijo luchando por el poder, sino a su lado enseñándole a no sucumbir ante la frustración.

Justamente por esto es que a muchos niños les cuesta trabajo aceptar la disciplina: aún no saben cómo lidiar con el «no poder hacer lo que sus instintos desean». Es una lección que mamá y papá les dan, pero siempre transmitiéndoles con amor y seguridad las normas que rigen la vida personal y social, las que le ayudarán a manejarse en la vida.

Soluciones con amor

Cuando no hace caso…

Pocas cosas molestan tanto como ser ignorados. Los niños no suelen ignorarnos. Son muy disciplinados y su naturaleza es colaboradora. Pero según la edad que tengan no siempre están en condiciones de seguir una consigna por sí solos, aunque nos los hayan prometido. Si no pueden realizarla la ignoran y siguen con lo suyo. A esta edad todavía hay que guiarlos y acompañarlos en todo lo que no sea un hábito ya adquirido.

¿QUÉ HACER?

Haz que tu niño participe siempre en las tareas. Dile: «Vamos a guardar tus juguetes». Recójanlos tranquilamente e indícale dónde poner cada cosa. Más adelante, deja que lo haga solo: «Recoge tus juguetes mientras yo doblo tu ropa». Después de un tiempo se convertirá en un buen hábito.

Es algo terco y necio

Es un proceso normal en su maduración, pero puede hacerlo de muchas formas y elegirá esta precisamente cuando se encuentre frente a unos límites «blandos» o unos padres inseguros ante determinadas situaciones. ¿Es muy listo? No, necesita seguridad, comprobar que lo tienes claro y que los límites son inamovibles. Para guiar a tu pequeño, necesitas estar segura del camino a seguir, porque si no lo tienes claro, tu pequeñín encontrará y, sobre todo, aplicará sus propias fórmulas.

¿QUÉ HACER?

Mantenerte (serenamente) firme, pero no plantarte frente al niño esperando a que se derrumbe su voluntad (para terco, terco y medio). Hay técnicas que le ayudarán a salir de su negatividad, por ejemplo, cambiar el foco de atención. Plantear la cuestión no como algo que «debe» hacer sino como un juego o un reto.

Por favor, mamiiiiiii…

Y resulta que cuando piensas que manejas las cuestiones de disciplina con los ojos vendados, se acerca tu hijo, de cuatro años, te mira con una sonrisa triste, señala a un niño que tiene una dona de chocolate y te dice: «Por favor, mami, yo quiero», aunque sabe perfectamente que no es la hora de la comida. Todo sucede sin rabieta, y con esa mirada que te parte el alma. Es una cuestión compleja.

Tu pequeño siente frustración, quiere algo que no tiene. Pero su vocabulario es más amplio, su comprensión más fina y no suele entregarse a la rabieta que lo sacudía a los dos años de edad, fruto de la misma privación. Utiliza más palabras y, además, busca tu empatía. Debes tener cuidado en estas situaciones, pues tu respuesta puede ser un arma de dos filos que establezca precedentes.

¿QUÉ HACER?

La respuesta, por regla general, es la misma que a la hora de abordar los berrinches: mantenerte firme en las normas que has acordado con él. Si estableces que sólo habrá flan los domingos si se acaba la comida, pero resulta que no ha tomado nada, debemos tener cuidado y no ceder a lo que puede convertirse en un chantaje emocional. Tu labor es clara: contenerlo en su frustración y ayudarle a crecer favoreciendo el respeto de las normas importantes.