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Padres e Hijos

Alegre, triste, enojado…¡Enséñale a reconocer sus emociones!

Si les enseñas a reconocer sus emociones, le ayudarás a entenderse a sí mismo y le darás el mejor regalo: la felicidad. Los niños no saben nombrar sus emociones ni regular sus sentimientos. Ese aprendizaje corre por cuenta de mamá y papá.

Pablo, de dos años, está en el parque recogiendo piedras cuando ve un perro negro mirándole. Su reacción no se hace esperar: corre hacia su madre y se esconde detrás de sus piernas. Vaya, ha actuado como lo haría cualquier adulto ante la percepción de un peligro.

¿Por qué explicarle que eso que sintió es miedo, si su reacción probablemente no cambiará? Por muchas razones. Porque se sentirá comprendido si mamá le explica que también tiene miedo cuando, por ejemplo, se sube a algo muy alto. Pero si además le dice que se ha dado cuenta de que ese perro le produce temor, pero no todos los perros son peligrosos, le ayudarás a no desarrollar fobias relacionadas con animales.

Lo más importante es que al hablar de sus emociones le ayudes a manejarlas, lo cual se traducirá en una larga lista de beneficios: evitar que las reprima o las niegue, prevenir que las somatice, ayudarle en el aprendizaje (pues todo lo que se interioriza con emoción perdura para siempre), enseñarle a tomar decisiones, puesto que las emociones dan información entre muchas otras cosas.

Alegría

Aparece cada vez que consigue un objetivo o se siente querido. Por eso, cuando vienen sus primos a los que sólo ve en verano, Juan canta, salta, chilla y hasta se pone nervioso. Son las formas más comunes de expresión de la alegría junto a la sonrisa, la carcajada o el abrazo. Y al ser una emoción extrovertida, es una de las que más le ayudan a relacionarse con los demás. Explicándole con ejemplos que eso que siente en situaciones determinadas es estar contento, será capaz de poner nombre a esa sensación que le produce tanto bienestar.

Enojo

Todas las emociones son necesarias porque tienen una utilidad. Por eso no hay que negarlas. Ni siquiera las que, a primera vista, tienen connotaciones negativas, como el enojo, que en realidad es una reacción a la frustración, a sentirse atacado o no respetado, pero si se aprende a manejarlo bien no tiene por qué ser algo que lleve a la violencia.

Sorpresa

Es una de las emociones que más experimentan a esta edad: cuando logran un nuevo decubrimiento. La sienten al aprender a saltar de cojito, al subirse a un árbol, montar en el triciclo… Si le explicas que eso que siente es sorpresa y que con cada cosa que descubra tendrá la misma sensación, le ayudarás en el aprendizaje, pues todo lo que aprenden con emoción queda grabado con más intensidad en su cerebro.

Miedo

Normalmente se expresa alejándonos de lo que produce temor. Pero también se puede sentir ante cualquier novedad, como cambiar de ciudad. ¿Cuál es la parte positiva de esta emoción? Que avisa de un potencial peligro. Sin embargo, si no se gestiona puede acabar perjudicando al niño. Por eso es buena idea que te diga lo que le da miedo, explicarle que también lo sientes a veces y que vas a estar ahí para que pueda tomarte de la mano y se sienta mejor.

Tristeza

Aparece como respuesta a una pérdida, ya sea de una persona (aunque sea una pérdida momentánea, como cuando mamá se va a trabajar) o de una expectativa, por ejemplo, cuando la tarde en el parque se cancela por la lluvia. Asimismo, hay niños que se niegan a sentirla, y lo que generan es tensión. Juan se ha quedado a dormir en casa de los abuelos y por la noche está triste porque extraña a su mami. A la abuela le da pena e intenta entretenerlo: le pone la tele, le cuenta un cuento…

A Juan no se le está permitiendo expresar esa tristeza, está intentando ocultarla, pero está ahí. Por esa razón es bueno que cuando sientan tristeza, la expresen e, incluso, la compartan, para que así aprendan a regularla. Una buena forma de hacerlo es preguntarles cómo se sienten para poder escucharlos, consolarlos y protegerlos.