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5 tips para fomentar la disciplina en tu hijo

5 tips para fomentar la disciplina en tu hijo

Aunque no es una tarea fácil, la disciplina es fundamental para lograr objetivos y metas en la vida.

5 tips para fomentar la disciplina en tu hijo

Fomentar la disciplina en tu hijo no es una tarea fácil y, muchas veces nos negamos a ver la realidad y queremos seguir haciendo lo que es evidente que no nos funciona para educar. Por ello, ¡llegó el momento de cambiar!

El valor de la disciplina es la clave para tener éxito en todas las etapas de la vida. Se adquiere dotando a nuestra persona de orden, eficacia, responsabilidad y carácter.

Estos nutrientes le ayudarán a tu hijo…

10 beneficios de la zanahoria que te encantarán

  1. Una persona disciplinada manifiesta responsabilidad para organizar su tiempo y está pendiente de cumplir con lo propuesto. Su palabra es sinónimo de garantía y credibilidad. ¿Qué puedes hacer? La disciplina es un entrenamiento que corrige, forma hábitos y reglas que nos ayudan a tener éxito en las actividades que realizamos.
  2. Cuando eres disciplinado en tus acciones cotidianas, con la familia, en la escuela y en la comunidad no hace falta que alguien tenga que vigilarte, presionarte o controlarte. ¿Qué hacer? La disciplina le ayuda a tu hijo a conseguir tus metas, inspíralo a ser mejor cada día.
  3. Por ello, la disciplina es una prioridad, ya que con esto logramos personas que no ven el compromiso como una carga. ¿Qué hacer? Enseñarle a tu hijo que tienen el control para lograr sus deseos y metas.
  4. El lograr establecer una disciplina efectiva requiere de estructura, firmeza, conocimiento, valores, sensibilidad y empatía entre otras cosas. ¿Qué hacer? Establece reglas claras y las consecuencias lógicas al acto. Éstas son distintas para cada familia, según la estructura y valores de la misma.
  5. Recuerda que la disciplina no consiste en regaños y castigos. ¿Qué hacer? Por el contrario, el amor y el cariño generan respeto de los hijos hacia lo padres, lo que desarrolla en entorno familiar más saludable.

Tú eres la mejor fuente de inspiración para tu hijo.

¿Cómo le inculcas disciplina a tu hijo?

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¿Tu hijo hace berrinches?

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Personajes de la vida real que causan miedo a los niños

¿Has dicho a tu hijo que si no se porta bien, el robachicos vendrá por él? Algunos padres se ayudan de personajes fantásticos para enseñar a sus hijos “a cuidarse” o para controlarlos en momentos de riesgo. Aunque a primera vista puede ser algo eficaz, este método puede tener desagradables consecuencias a la larga.

Personajes de la vida real que causan miedo a los niños

EL COCO

Cuenta la leyenda que cuando los niños no quieren dormirse o se portan mal, el Coco va a sus cuartos por la noche a comerlos. Aunque este ser “facilita” el cierre de jornada de muchas familias, la angustia que despierta en los niños no es sana. Ellos necesitan un ambiente de protección que les ayude de manera paulatina y natural a superar sus miedos. Para ello hay que tolerar amorosamente las épocas de mal comportamiento y miedos al dormir, ayudarlos a verbalizar las razones que les hacen tener pesadillas o ser rebeldes y, siempre de los siempres, anteponer su salud mental a la comodidad personal.

EL SEÑOR DE LOS HELADOS

Aunque la intención es enseñar a los niños a cuidarse a sí mismos, el mensaje oculto es que incluso deben cuidarse de quienes quieren agradarles. Desarrolla en el niño una sensación de desconfianza básica que no queremos que se vuelva parte de su personalidad. Más que condicionarlos a temer a los desconocidos, hay que enseñarles a no ponerse en riesgo y a confiar en sus instintos.

Hay que modelarles con el ejemplo las reglas básicas del autocuidado para que adquieran la capacidad de cuidarse a sí mismos cuando estén solos. Luego, hay que recordarles que poseen un “termómetro emocional” que les ayudará a identificar cuándo una persona es o no confiable y qué hacer en cualquiera de los casos. Más que enseñarles a ser recelosos y suspicaces, ocasionándoles problemas de sociabilidad, autoestima y futuras relaciones de pareja, requieren ser impulsados al disfrute de la convivencia social con la conciencia de cuidarse.

EL ROBACHICOS

Es una forma en que las abuelas enseñaban a los nietos a no salir sin permiso de casa, a no separarse de sus padres en lugares públicos y a no hablar con extraños. El costo de no cumplir estas recomendaciones es alto: serán robados y separados de sus padres para siempre; pero no es la forma de inculcar en tu hijo el seguimiento de las reglas de seguridad.

Acompáñalo hasta que sea capaz de hacerlo por sí mismo; de lo contrario, el retraimiento se volverá parte de su personalidad, manifestando miedos e inhibiciones. Asimismo, no poseen la capacidad psíquica ni la experiencia, madurez y/o herramientas emocionales para consolarse o para entender que es un personaje ficticio. Ellos realmente creerán que existe una persona que busca llevárselos. ¡Imagínate vivir con este miedo! Además de una sensación de incapacidad y vulnerabilidad que podría volverse parte de su esencia de manera permanente.

LOS PAYASOS

Su vestimenta es poco común, llamativa y desproporcionada; sus rasgos faciales, acentuados con maquillaje, son exagerados y maniacos. Poseen una sonrisa que de manera inconsciente causa desconfianza, sugiere falsedad. Ahora bien, si tu hijo le tiene miedo a los payasos necesita que lo respetes y comprendas.

Trata de poner en palabras aquella característica que no le gusta, ya sea su ropa, que no sabe quién está debajo del disfraz o cualquier historia que haya escuchado al respecto. Acompáñalo, sé comprensiva y verás que de manera natural se irá desvaneciendo su miedo.

EL DIRECTOR DE LA ESCUELA

La intensidad de este temor tiene mucho que ver con la relación que el niño tenga con sus propios padres y figuras de autoridad cotidianas. Se podría decir que entre más cercano, bondadoso y comprensivo sea un papá con su hijo, mejor relación tendrá con el director, pues poseerá de entrada las mismas cualidades. Por otro lado, entre más distante, colérico e inconstante sea un papá, más miedo y resentimiento le tendrá al director de su escuela.

Si tu hijo presenta este tipo de temor de forma tal que se le complique su asistencia a la escuela o su adaptación con los otros niños, profesores o reglas escolares, vale la pena pensar en la relación que lleva con sus papás, sobre todo con su figura paterna. Si mejorando la relación entre padre-hijo este temor no baja, ten una junta en la escuela para cerciorarte de que todo está bien.

Por Judith Celis, psicoterapeuta y bloguera en padresestrella.com

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¿Por qué el segundo hijo es más rebelde?

¿Tu segundo hijo suele ser todo un torbellino que, ni ante su mamá o papá, se detiene?  Te decimos por qué tu segundo hijo es más rebelde. 

Hay muchas teorías, posiblemente, los hermanos mayores al tener más responsabilidades, sean más disciplinados y los pequeños, al no tener ese papel, sean más rebeldes, inquietos, traviesos o desobedientes.

Los investigadores dicen que el orden de nacimiento influye a la hora de desarrollar la personalidad del niño, es la teoría del orden, que ha sido descrita por innumerables psicólogos.

Tu segundo hijo

Con el primer hijo todo es nuevo, recibió toda tu atención, en ocasiones sobreprotección, mimos, cuidados, miedos, equivocaciones y también, fue blanco de tus exigencias, firmeza y carácter estricto.

Pero ya con el segundo, te relajas un poco porque ya sabes más un poco más acerca de los niños.  Ya sabes que con 37.5º de fiebre no hay que salir corriendo al hospital o que no pasa nada si se cae.

Sí, tienes más hijos y más trabajo, y justo esto te hacer ser más exigente con el primero, a quien de hecho lo invitas a cuidar «de su hermanito». Mientras que el segundo se «salva» de muchas normas y tareas, por lo que se va convirtiendo en un niño más rebelde, mimado, menos disciplinado y menos obediente.

Aunque esto no es siempre una regla, algunos psicólogos comentan que ser el segundo hijo no determina que sea más rebelde, indisciplinado o desobediente, sino que se incrementa la posibilidad de tener ese tipo de actitudes.

Pero un estudio de la Universidad del estado de Pensilvania publicado en la revista Child Development encontró que los primogénitos tienden a ser más dóciles y tratan de complacer a sus padres más, mientras que los hermanos menores tienden a mostrar una personalidad más independiente y rebelde.

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Razones por las que jamás debes maltratar a tu hijo

No gritos, golpes, amenazas, castigos hirientes… Aquí te decimos por qué nunca debes maltratar  a un niño.

Pegarle a un niño para educarlo es una práctica muy arraigada en muchas sociedades, de tal forma que una «nalgada» no está del todo mal vista; sin embargo, está comprobado que los golpes, gritos, insultos dañan tanto física como psicológicamente a los niños.

Como adultos y padres responsables, debes saber que pegarle a tu hijo, o gritarle o utilizar palabras insultantes con él es una conducta reprobable que no conduce a nada bueno.

Aquí más razones para nunca pegarle a tu hijo:

1. Demuestra que has perdido el control:

Como padre, eres tú quien siempre debe tener el control de la situación, esto no significa ser autoritario, sino tener la capacidad de guiar al pequeño y explicarle por qué su comportamiento no es el adecuado. Cuando recurres a los golpes le estás demostrando que estás fuera de control y tu referente como autoridad se derrumba.

2. Violencia llama violencia:

¿Cómo le podrás decir a tu hijo que está mal pegarle a otro niño cuando tú lo haces en casa? Educar con golpes es una forma de justificar la violencia y tu hijo aprenderá que esta es la única forma de solucionar los problemas. Además, está demostrado que los niños expuestos a la violencia en el hogar se convierten en niños violentos.

3. No te ayuda a educar:

Pegarle a los niños deja en evidencia que eres poco creativo como padre. Es muy fácil dar un golpe, pero este solo resuelve el conflicto al momento a través del miedo, pero no modifica el comportamiento del niño.Evitará hacerlo para no volver a recibir un golpe, pero no entenderá por qué no debe comportarse de esa manera.

4. Daña la personalidad de los niños:

Los gritos, las humillaciones, y por supuesto, pegarle a un niño deja una huella imborrable en su personalidad. La violencia los hace sentir indefensos y humillados y provoca daños en su autoestima.

5. Porque es delito:

Además de todo lo anterior, pegarle a un niño es un delito que se castiga en la mayoría de los países. No importa el tipo de golpe, la violencia física y psicológica contra un niño está prohibido por la ley.

Por Berenice Villatoro

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La delgada línea entre los castigos y el maltrato, ¡identifícala!

Te compartimos este análisis de los castigos más frecuentes que los padres aplican a sus hijos, para que puedas identificar aquellos errores que como padres solemos cometer. Regina Ojeda, especialista en psicología de niños y adolescentes en Neuroingenia, nos explicó los pros y contras de cada uno.

Quitarle o prohibirle sus juguetes

Inútil… Es un castigo que no le implica un esfuerzo, es decir, tú le quitas su juguete y él es tan creativo que tomará otro o decidirá divertirse con una caja o correteando al gato. No te funcionará.

A menos que… Lo condiciones: “No vas a usar este juguete hasta que recojas todos los demás”. De esta forma tu niño sabrá que existe una solución para su problema: que si hace tal cosa volverá a tener su juguete, por tanto se esforzará en guardar los otros. Si no le pones este esfuerzo de por medio no tomará interés en hacer lo que le indicas porque no encuentra una recompensa: “Si te quito tu carro es porque no has terminado tu tarea, entonces, cuando la termines, te lo devuelvo”. Necesitas darle un sentido a su consecuencia.

Tú no, él sí

Puede funcionar… Lo que más ayuda para cambiar una conducta es reforzar lo positivo; muchas veces los niños se esfuerzan en cumplir algo con tal de obtener lo que quieren: “Los dos tienen que recoger sus juguetes, quien lo acabe primero podrá comer postre”. Pero el secreto de esta consecuencia es plantear bien su sentido y cumplirla; así, el niño que no termine se motivará al ver que el otro ya se está comiendo su postre.

Contraproducente… Cuando la consecuencia no está bien planteada o se va a aplicar mucho tiempo después: ya quedaron que el domingo irán todos al cine, pero el martes previo tu niño no se comió las verduras y le dices: “Tú no irás con nosotros”; realmente no tiene ninguna relación causal y sólo puede hacerlo sentir rechazado. Aplica esta consecuencia cuando necesites que haga una acción particular, aprovecha las cosas que le gustan para que resuelva eso que deseas; como un premio.

Prohibirle jugar con sus primos

Depende… Cada niño es un caso distinto. Si tu hijo es tímido, un castigo como este no servirá: “Me porto mal y me quitan lo que no me agrada, me va superbién”. En cambio, si es muy sociable, claro que te funcionará porque lo estarás reprimiendo de algo que le interesa y por lo cual sí se esforzaría para tener o no perder. No existe una receta de cocina en cuestión de castigos, por ello necesitas conocer bien a tu hijo y su entorno, para que identifiques qué sí le implica un esfuerzo.

No

Cuando le evitas una lección. La convivencia es esencial para el desarrollo de los niños porque les enseña a comunicarse. Retomemos el caso del niño tímido: las actividades en grupo le permitirán manejar su estrés y sentirse cómodo consigo mismo. Ahora hablemos de un niño pegalón: nunca va a modificar su conducta si no lo exponemos ante los demás y le enseñamos otro modo de enfrentar su frustración.

Siempre y cuando tenga relación directa con la conducta que deseas modificar: “No terminaste tu tarea por irte a jugar con tus primos, así que la próxima vez que te inviten no irás con ellos a jugar”. Pero si es: “No te comiste la sopa de verduras y por eso no vas con tus primos”, no tiene un sentido, tu hijo no captará la relación entre su conducta y la consecuencia ni el esfuerzo que debe hacer: en la primera sabrá que está mal no cumplir su responsabilidad, por lo que ahora estará primero su obligación; en la segunda, no siempre necesitará comerse la sopa para salir a jugar con los primos.

Retirarle la actividad que más le gusta

Inútil… No le estarías enseñando un mejor comportamiento. Por ejemplo, si tu niño se porta mal en la clase de futbol, cancelarla no soluciona nada porque cuando vaya a otra actividad volverá a portarse mal. Es necesario describirle la conducta inadecuada: “No obedeces al profesor, muerdes a tu compañero…”; en vez de quitarlo de lo que hace, ayúdalo a entender que esto es incorrecto, a enfrentar su error y solucionarlo. Para lograrlo, la consecuencia tiene que ser clara: “Estás pegándole a tus compañeros de tu clase, no irás dos días y les tendrás que ofrecer una disculpa”.

Ponerle una actividad que no le gusta

Contraproducente… Sólo le va a causar enojo y rebeldía, no le dejará un aprendizaje significativo y, en cambio, le estarás transmitiendo que está bien reaccionar con venganza: “No te cambiaste cuando te dije, ahora tendrás que darle de comer al perro”; es un desquite. Recuerda que cada vez que le pones una consecuencia le enseñas que así es correcto reaccionar: no le gusta sacar la basura, pero es su tarea, entonces le estás enseñando a enfrentar la frustración; esta situación sí tiene una lección.

La ley del hielo

Nunca… Cuando se establece sin explicación y se alarga incluso por un día o más, es ineficaz. Es una forma errónea de enseñar a tu hijo a resolver los conflictos, pues lo que aprende es a evadir los problemas y a ejercer violencia emocional sobre otros. Además, le envías el mensaje de que “es malo” en lugar de especificar que su acción fue la incorrecta.

Aunque… Depende de cómo la utilices: cuando estés en realidad enfadada y quieras que tu hijo entienda que sus actos son inaceptables está bien que le suprimas la palabra, pero siempre diciéndole en el momento: “Estoy muy enojada y por eso no quiero hablar contigo ahora”. Cuando estés tranquila, siéntate y explícale qué hizo mal o qué te lastimó.

El castigo está hecho para corregir una acción negativa del niño, por ello debe aplicarse bajo el concepto de consecuencia. El maltrato físico o emocional jamás será bueno para educar a un niño, pues lejos de corregir una conducta, le crea miedos y creencias negativas acerca de él mismo y de cómo relacionarse con el mundo que lo rodea.

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Cómo evitar los castigos físicos

El castigo físico no educa, con una nalgada, por “muy suave” que sea, tu hijo aprende que puede usar la violencia para resolver conflictos.

¿Te ha pasado que sientes que tu hijo adora rebasar o poner a prueba los límites que le marcas? ¿Cuando estás más cansado, nervioso o enojado, pierdes los nervios y recurres a golpes y a gritos? ¿Después de pegarle o gritarle a tu hijo te sientes mal?

¿Has dicho alguna de estas frases «comunes» al pegarle a tu hijo?

  • “Es por tu bien”

  • “A mí también me pegaron”

  • “Te voy a dar”

  • “Una nalgada a tiempo te ayudará”

  • «Te lo mereces por hacerme enojar»

  • «Si no te callas, te doy otro»

  • «Te voy a pegar para que sepas lo que es bueno»

  • «Cállate o te pego»

  • «Te doy una razón para que llores con ganas»

Cómo evitar los castigos físicos

Un castigo físico es usar la fuerza para corregir una conducta (nalgadas, zarandeo, chanclazos, cachetadas, jalones de oreja, pellizcos…).

Debes dejar de pensar que los castigos físicos son educativos.

Piensa que le enseñas a tu hijo a obedecer por miedo.

Porque le haces pensar a tu hijo que las personas que lo quieren están autorizadas a pegarle (y cualquiera que lo quiera).

Justificar tu violencia diciendo “te pegué por tu culpa”, tu hijo entiende que la violencia es una solución dependiendo de la situación.

Cuando golpeas a tu hijo, él registra que en casa «no lo quieren».

Casi siempre un golpe va acompañado de frases negativas, maltrato verbal y eso baja la autoestima de tu hijo.

Si ves la violencia como forma para descargar tu frustración, ira y otros sentimientos, tu hijo hará lo mismo.

¿Quieres que tu hijo resuelva sus problemas de una forma responsable y civilizada? Trata a tu hijo con respeto. Tu misión como papá: que nadie ejerza ningún tipo de violencia sobre tu hijo. Tu deber como papá es protegerlo, eres el último que debería pegarle o gritarle.

¿Cómo «castigas» a tu hijo?

Mira cómo evitar la violencia intrafamiliar

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12 estrategias que hacen que tu hijo entienda con un «buen regaño»

De un lado de la moneda está el castigo y del otro, el refuerzo positivo. Los niños suelen responder mucho mejor a esta segunda alternativa. Pero necesitas aprender algunas estrategias para que tu hijo entienda. 

La idea es estimular las conductas contrarias a la mala acción, de tal manera que al ser mucho más frecuentes y habituales, neutralicen las incorrectas. Esto aplica sobre todo a cuestiones recurrentes: si tu niño miente de forma regular y dice que se lavó los dientes cuando en realidad no lo ha hecho (o insiste en no levantar los juguetes que usó), la táctica consiste en aplaudirle, reconocerlo y premiarlo cuando sí lo haga; ¡funciona estupendamente!

HAZLO DESDE EL CORAZÓN

  1. Habla con él en un tono firme pero tranquilo, en un momento en el cual ambos estén en calma.
  2. En la charla, necesitas dejar claros los límites que no debe rebasar y las consecuencias de hacerlo. Sé constante al aplicarlos y procura que tanto tú como tu pareja estén de acuerdo.
  3. Las consecuencias no consisten en castigar a tu hijo o en hacerlo sufrir, sino en que remedie su “mala acción”. Debe saber que todo acto implica una consecuencia positiva  o negativa.
  4. Con los más grandecitos, las consecuencias pueden ser previamente negociadas para que se comprometan más y sepan que son tomados en cuenta en la familia.
  5. Hazle saber que no lo regañas por lo que es, sino por lo que hace; no le pongas ningún adjetivo calificativo negativo, evita etiquetarlo (ve a la página 46, encontrás los tips para lograrlo).
  6. Confía en su capacidad para lidiar con las adversidades. Recuérdale que siempre estarás a su lado en las dificultades.
  7. Déjale claro que lo amas incondicionalmente, haga lo que haga, pero que tú eres el adulto responsable de cuidarlo y educarlo.
  8. No pierdas de vista que estás formando a un ser humano que requiere no sólo que le digas lo que no debe hacer, sino cómo hacerlo mejor de forma positiva.
  9. Se vale decir: “Esto no fue correcto, pero no sé cuál será tu consecuencia. La pensaré y te digo en una hora”. Date tiempo para calmarte.
  10. Ten en mente que todo castigo requiere una explicación para que tu niño entienda su error; también debe implicar un esfuerzo, una lección y una reparación del daño.
  11. Nunca lo humilles, amenaces o dañes con palabras o golpes, aún cuando tenga un mal comportamiento.
  12. Mantén la calma, respira, aplica el regaño y termina con un abrazo y un “te amo”.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.

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Para disciplinar a tu hijo, suelta el poder y dale más amor

Disciplinar consiste en favorecer hábitos saludables y establecer límites que permitan regular en forma positiva el comportamiento de tu hijo. En este proceso de enseñanza, papá y mamá necesitan “romper con muchos paradigmas de su propia crianza. ¿Estás lista para hacerlo?

El primero de estos paradigmas es creer que la disciplina requiere gritos, insultos o hasta golpes. También, evitar caer en el extremo de la permisividad, «donde la figura de autoridad se ve diluida y los niños crecen sin una clara referencia de límites concretos y sin las bases para una ética y moralidad en su conducta”, advierte la experta en psicología educativa Alma Rosa Martínez.

Gritar y golpear son formas de violencia que enseñan que generar miedo y dolor es una vía para controlar la conducta. En este sentido, la disciplina es la cualidad que nos ayuda a conseguir lo que queremos en la vida, a llegar sin perdernos por el camino.

Piensa que en cuestiones de disciplina no estás frente a tu hijo luchando por el poder, sino a su lado, enseñándole a no sucumbir ante la frustración; transmitiéndole con amor y seguridad las normas que rigen la vida personal y social que le ayudarán a manejarse en la vida.

MENOS PODER, MÁS AMOR

  • Disciplinar se trata de comprender el comportamiento de tu niño y la forma de abordar su actitud para guiarlo en su camino siempre de forma afectiva, pero firme y respetuosa tanto para él como para ti.
  • Para disciplinar necesitas mucha comunicación, el amor, entendimiento y la empatía; obtener las herramientas para entender el comportamiento de tus hijos (incluso cuando no es adecuado) y saber reconducirlo con respeto, sin luchas de poder.
  • La disciplina efectiva no incluye ni el control excesivo ni la permisividad desbordada. Se basa en el respeto mutuo entre padres e hijos y la colaboración, todo con la intención de enseñar a tu hijo competencias básicas para su vida.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.

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Aprende a decir a tu hijo «No» con autoridad, pero sin imponer

Evita gritos y sermones: con hechos, tu hijo debe entender por qué debe comportarse de un modo determinado. ¡Sí es posible educar y decir a tu hijo “No” con autoridad, pero sin imponer! Mira estas sugerencias.

Todos los niños necesitan límites (normas sencillas de comportamiento) claros, precisos y coherentes. Gracias a ellos tu hijo aprende a discernir entre las conductas apropiadas y las que no lo son, algo básico para vivir en sociedad.

Es importante aprender a decir “no” sin ser autoritario, de una manera que tu niño pueda entender. Recuerda que una buena disciplina fomenta la autoconfianza y el respeto por uno mismo y los demás, la clave está en ser coherente, hablar, evitar gritos innecesarios y demostrarle cuánto lo quieres.

Lo que debes hacer:

  • Sé consecuente con actitudes, palabras y gestos: la coherencia generará la confianza necesaria para que tu hijo te respete.
  • No prometas una cosa que no lleves a cabo.
  • Intenta que tu pareja y tú estén de acuerdo en cómo educar al niño.
  • Mantén una buena comunicación, aunque tu hijo sea pequeño.
  • Sean sinceros con tu hijo.
  • No impongas el “porque lo digo yo”.
  • Contesta honestamente sus preguntas y si no sabes algo, admítelo y encuentra con él una solución.
  • Escucha a tu pequeño.
  • Conecta, míralo a los ojos y responde a sus sentimientos.
  • Evita las peleas.
  • Valida sus emociones. Quiérelo mucho, dile que te importa y dale mucha confianza. Es esencial durante sus primeros seis años de vida.
  • Ponle límites de acuerdo a su edad, explícale el porqué de cada uno.
  • Transmítele valores de vida acordes a tus propias creencias.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR MAYRA MARTÍNEZ.

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Razones por las que los castigos no funcionan con tu hijo

Tal pareciera que los niños de ahora son inmunes a los castigos; que los castigos no funcionan con tu hijo. ¿Por qué será?

El experto es neuropsicología Álvaro Bilbao responde esta gran interrogante en su libro El cerebro de los niños explicado a los padres.

  1. Cuando se castiga a los niños, se les enseña que esa es una manera válida de pedir a los demás lo que desean. Aprende que cuando se sienten frustrados por no obtener de los demás lo que quieren pueden arremeter contra ellos, quitándoles lo que quieren, hiriéndolos, haciéndolos sentirse culpables, para que “aprendan a obedecer”.
  2. Facilitan la aparición de la culpa. Normalmente, los padres levantan el castigo a su hijos cuando los ven llorar o ha pasado el suficiente tiempo para que “reaccione, o se sienta mal por lo que hizo y aprenda”. De esto, en realidad, solo asimila que sus padres lo aman solo cuando se porta bien.
  3. Facilita que el niño se forme un mal concepto de sí mismo, por tanto, mina su autoestima. Las etiquetas que suelen acompañar a los regaños y castigos acerca del modo de ser de los niños (“eres un demonio, eres un caos, un malportado…»), se le quedan grabadas en su memoria y forman conexiones neuronales. Simplemente él se la cree porque si tú que eres su cuidador se las dice, son verdad. Y actuará a lo largo de su vida adulta según lo hayas definido en esta etapa de su desarrollo.
  4. Los castigos pueden tener una reacción contraria a la que buscas, es decir, tu hijo puede aprender que solo mediante ellos recibe toda tu atención, por tanto, puede comenzar a usarlos para obtener tu tiempo y dedicación. Ocurre que para un niño que se siente ignorado o poco amado es mejor recibir un regaño que ser invisible para las personas que él ama.

Los castigos tienen más efectos negativos que los deseados por todo papá y mamá, por ello, es mejor usar estrategias más conscientes para ayudar a tu hijo a asimilar lo correcto o incorrecto. Como los límites y la disciplina positiva.