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Si tu bebé suda demasiado, ¡cuidado!

Es normal que tu bebé llegue a tener sudoraciones, puede deberse a varios factores, sin embargo, si tu bebé suda demasiado, es importante que descubras si no se acompañan de otros síntomas. Conoce por qué.

Un recién nacido puede llegar a sudar demasiado por diversas causas, como el medio ambiente cálido, beber algo demasiado caliente para él, dormir con demasiada ropa o muy envuelto, incluso fiebre, sin embargo, en ciertos casos, también podría llegar a ser síntoma de una enfermedad cardiaca.

En algunas ocasiones, aunque en un bajo porcentaje, este tipo de sudor se atribuye a que el bebé tenga algún defecto cardiaco. Es poco probable que la insuficiencia cardíaca se manifieste sólo en forma de sudores, no obstante es importante tener cuidado si esto se acompaña de los siguiente síntomas:

  • Se fatiga constantemente
  • Le cuesta comer seguido, hace pausas. No se acaba los biberones o succiona muy poco cada vez.
  • Se ve pálido o bien se le ponen amoratados los labios o los dedos.
  • Ha subido poco peso.
  • Tiene las piernas inflamadas o parece hinchado.

Si detectas alguno de estos síntomas que acompañen las sudoraciones en tu bebé, no te alarmes, lo importante es que acudas con su pediatra para tener un diagnóstico adecuado. Recuerda que es una condición poco frecuente que presente un «soplo» en el corazón, sin embargo se debe descartar o confirmar. ¡Cuídalo!

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¿Qué hago si mi niño tiene fiebre?

¿Qué hago si mi niño tiene fiebre?

La fiebre es común en los niños, sin embargo, debe atenderse de inmediato para evitar futuras complicaciones. Checa nuestras recomendaciones.

La fiebre es un aliado del sistema inmunológico del niño, no hay que alarmarse, pero hay que tratarla cuando sea preciso y consultar al pediatra cuanto antes para comprobar el estado general de salud de tu pequeño.

Fiebre, síntomas de alarma

  • Está demasiado somnoliento, no quiere que lo saques de la cuna ni tampoco que lo cargues. 
  • Está ausente y no presta atención.
  • Respira con dificultad y se le hunden las costillas.
  • Rechaza líquidos y no tiene apetito.
  • Tiene manchas rojizas en la piel.
  • Indica de algún modo que le duele la cabeza o las articulaciones.

 

¿Qué hago si mi niño tiene fiebre?

  1. Mientras el niño tiene fiebre, primero quítale un poco de ropa para que esté más fresco, ofrécele líquidos y alimentos templados.
  2. Déjalo en un lugar cómodo para que se sienta tranquilo, evita tomarlo en brazos con frecuencia ya que esto lo puede poner irritable.
  3. Si el médico no indica lo contrario, no le des ningún medicamento. 
  4. Si la fiebre excede los 38ºC, a las medidas anteriores puedes añadir un baño con agua tibia, también puedes mojarle la nuca, el pecho, las muñecas y las ingles con una esponja  y darle un fármaco para bajar la fiebre (antitérmico).
  5. No automediques al niño lo mejor es seguir al pie de la letra las recomendaciones del pediatra.
  6. Mientras esté con fiebre ofrécele agua fresca y suero con frecuencia (además de jugos, caldos, leche, etc.), ya que uno de los riesgos de la temperatura corporal alta es la deshidratación.
  7. En el caso de niños con antecedentes de convulsiones o de trastornos neurológicos, el tratamiento medicamentoso de la fiebre debe ser previo a los 38 ºC, a fin de prevenir la aparición de estas sacudidas que tanto preocupan a los padres.

De preferencia no automediques a tu hijo y sigue los consejos del pediatra.

¿A tu bebé le ha dado fiebre elevada?

Foto: Getty Images

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Mitos acerca de cómo hidratar a los bebés (que pueden arriesgar su salud)

En los bebés, el 70% de su cuerpo es agua, es por eso que una deshidratación puede poner en riesgo su vida. Aquí te develamos algunos mitos acerca de cómo hidratar a los bebés.

La hidratación es «el proceso mediante el cual se reemplazan los líquidos que el cuerpo ha perdido por el sudor, la respiración y la eliminación de deshechos del organismo», señala la nutrióloga García. Al mantener bien hidratado a tu bebé le aseguras su buen estado de salud.

Y es que la infancia es una etapa fundamental para el desarrollo intelectual y físico; y el agua constituye más del 60% del organismo, por lo que forma parte fundamental de varios procesos: mantiene la eficiencia de los impulsos eléctricos, regula la temperatura
corporal, elimina sustancias tóxicas del cuerpo y favorece el aprovechamiento de
nutrimentos.

LOS MITOS QUE RONDAN LA HIDRATACIÓN

Además de la leche materna, durante sus primeros meses de vida, el nene necesita agua o tés para estar bien hidratado.

Al contrario, «es importante saber que para un bebé la leche tanto materna como la de fórmula son la fuente más importante y única de hidratación, así como de alimentación. Es decir, un bebé no necesita agua ni té». Por eso se recomienda que las mamás que lactan también tengan una correcta hidratación.

Previo al primer año de edad no se pueden dar otros líquidos. 

Darle a tu bebé pequeñas cantidades de agua simple de los seis a los 12 meses favorece el hábito de consumirla. Lo apropiado «antes de los diez meses, es que el bebé tome el agua en mamila para evitar que ingiera tragos muy grandes. Posteriormente se puede hacer el cambio paulatino de la mamila a un vasito entrenador. Lo ideal es dársela entre las comidas, para evitar que se llene de líquido y ya no quiera consumir otros alimentos que le proporcionarán nutrimentos importantes».

La hidratación sólo se logra con agua.

«De los seis a 12 meses la introducción de alimentos diferentes a la leche también forma parte del aporte de líquidos; las verduras y frutas son ricas en agua que, al incrementar la ingesta de nutrimentos, entre ellos el agua, contribuyen a cubrir la demanda». Pero la leche en esta etapa sigue siendo la principal fuente de hidratación y se complementa con los líquidos que contienen los alimentos que empieza a consumir.

Los niños requieren menos hidratación cuando hace frío.

Esto es totalmente falso, ya que el nivel de agua en el cuerpo se debe mantener siempre. En la época invernal es muy común que como mamás tapemos mucho a los pequeños, sin embargo, esto hace que puedan perder agua por medio de la sudoración. Es importante mantenerlos hidratados en frío y calor.

FOTO GETTY IMAGES

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La importancia de tomar agua en el embarazo

Hidratar tu cuerpo ayuda a que te sientas mejor físicamente,  te decimos cuál es la importancia de tomar agua en el embarazo.

Si estás embarazada, prepara a tu cuerpo para los cambios de temperatura, así podrás disfrutar del sol y el calor si vas a salir de vacaciones. Es de vital importancia evitar los bochornos, los golpes de calor y la deshidratación en el embarazo.

La importancia de tomar agua en el embarazo

La hidratación es vital para tener una buena salud porque interviene en muchas funciones fisiológicas, como la buena digestión y una respiración adecuada, además de que ayuda a transportarle mejor los nutrientes a tu bebé.

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¿Cómo sé cuánta agua necesito?

Todo depende de tu edad, sexo, estado de salud, de la temperatura y humedad del ambiente o de los esfuerzos físicos que hagas. Pero en el embarazo se recomienda tomar al menos un litro de agua, ya que por la gestación, tu cuerpo necesita que tomes líquidos de manera constante,consulta con tu médico la cantidad adecuada para ti.

Además del agua simple, el café, los jugos, caldos, lácteos, fruta y verduras también aportan agua a tu cuerpo.

Esta son las bebidas que te ayudarán a mantenerte hidratado en vacaciones:

  • Agua natural
  • Agua mineral
  • Jugos frutales naturales
  • Tés frutales
  • Lácteos
  • Leches vegetales
  • Infusiones frutales
  • Licuados o smoothies naturales
  • Bebidas sin azúcar

Ojo, toma bebidas saborizadas y refrescos con moderación porque pueden incrementar el riesgo de diabetes gestacional o sobrepeso y no te aportan una adecuada hidratación en el embarazo. 

¿Cuántos vasos de agua tomas al día?

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Conoce la forma correcta de darle agua a tu bebé

En un bebé «el agua juega un papel fundamental en su crecimiento y desarrollo. Si no ingiere las cantidades apropiadas de ésta, podría deshidratarse fácilmente y, por consiguiente, poner en riesgo su salud», advierte María Fernanda García, licenciada en Nutrición y educadora certificada en Diabetes.

Y es que los niños eliminan más agua que los adultos, ya que están sometidos a un continuo y rápido crecimiento que requiere de una constante reposición de líquidos. Además, están más expuestos a trastornos como: diarrea, vómitos y fiebre, que contribuyen a eliminar agua del cuerpo. También presentan menor tolerancia al calor y su temperatura corporal se eleva más rápidamente, por lo que tienen un mayor riesgo de deshidratación.

¿Cómo hidratar a tu bebé?

De los 0 a los seis meses no se recomienda dar ningún otro tipo de líquidos, la leche materna o de fórmula aportan la cantidad necesaria para la hidratación de tu chiquitín. Ofrecer otro tipo de líquidos podría ser contraproducente debido a la inmadurez del aparato digestivo del bebé.

A partir de los seis meses puedes darle a tu bebé agua simple y, con medida, jugos naturales, principalmente en situaciones de deshidratación como vómitos, fiebre, diarreas, calor excesivo, etc. La cantidad dependerá del grado de pérdida de líquido, edad y características del nene.

La excepción a la regla: 

  • En caso de que un bebé de esta edad se encuentre en un clima muy cálido y sude demasiado, es necesario incrementar el número de tomas al día para evitar la deshidratación.
  •  En los pequeños que se alimentan con otro tipo de sustitutos de leche, con sus tomas cubren sus requerimientos de manera apropiada, ya que para diluir la fórmula se requiere un aporte de agua importante. Por eso, no se recomienda darles más agua u otro tipo de líquidos como jugos, refrescos y tés.
  • En caso de que el niño se encuentre enfermo, es importante consultar al médico, y entonces probablemente será necesario ofrecer agua adicional a la aportada por la leche, o bien, incrementar el el número de biberones al día.

Por Felipe Salinas