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¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

Por Berenice Villatoro y Mayra Martínez

Aunque parezca imposible, puedes lograr que tu hijo preste atención? ¡A la primera!

«¿Cuántas veces tengo que decírtelo?» «Estoy cansada de que no me escuches». Es frecuente oír este tipo de frases en una casa con niños de 3 a 5 años. La mayoría de los padres confiesan que sus hijos no les hacen caso y que, por mucho que les repitan las cosas, parece que los pequeños no escuchan o no quieren escuchar.

¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

Estas frases normalmente suelen ganar en volumen. «¡Te he dicho que vengas en este instante!». Mamá se pone roja y su presión sanguínea aumenta. Pero su tierna criatura parece que no la escucha. Entonces, al borde de un ataque de nervios, abre unos ojos y una boca muy grandes: «¡No quiero repetírtelo más veces! ¡Que vengas ya!». Entonces el angelito pone cara de susto y comienza a llorar. Para que no te ocurra esto, te damos los siguientes tips:

1. Pedir solo una cosa a la vez

Y no demasiado complicada. A esta edad tu hijo aún es pequeño para retener y ejecutar varias órdenes, y menos si son complejas. Además, una instrucción como «recoge tu habitación» puede necesitar ser más precisa, y paso a paso, por ejemplo: «guarda los juguetes», «pon la ropa sucia en tu cajón».

2. No gritar una orden desde otra habitación

Cada vez que le digas algo a tu hijo, hazlo físicamente cerca de él y mirándolo a los ojos mientras le hablas. Asimismo, también pídele que él también te mire, de ese modo será más difícil que te ignore. Un pequeño contacto físico, por ejemplo, tocarle el brazo o el hombro, también ayuda, sobre todo cuando el niño está absorto en alguna actividad.

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3. Ser claros, breves y concisos

Si cada orden va precedida de un largo preámbulo, tu hijo ya se habrá desconectado de la conversación cuando vayas por la tercera coma de tu discurso. En vez de darle un sermón, ve directo al grano y dale instrucciones breves, concretas y operativas.

4. Comprobar que te ha entendido

Pídele que te repita lo que le has dicho. Por ejemplo: «Tienes que lavarte las manos antes de sentarte a comer. Vamos a ver, ¿qué es lo que tienes que lavarte antes de comer?». Algunas órdenes no son tan concretas y habrá que suplicarle que te explique lo que significan. Porque «recoge tu habitación» puede no significar lo mismo para él que para ti. Quizás sea necesario enumerar los pasos y componentes de esa tarea. Y también comprobar que el niño los ha comprendido y es capaz de repetirlos.

5. Conducirlo físicamente

Cuando tu hijo, pese a tu amable petición, no accede a dar por sí mismo el primer paso para cumplir lo ordenado, a veces es oportuno conducirlo hacia la actividad deseada, por ejemplo tomándolo de la mano. Pero es muy importante hacerlo sin discutir y sin recriminarle su desobediencia.

Estas tácticas, realizadas con tranquilidad y diplomacia, es como darles el empujoncito que tu hijo necesitan.

¿Tu hijo te hace caso a la primera?

Foto: Getty Images

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PÍDELE SÓLO UNA COSA A LA VEZ Y QUE SEA SENCILLA

Los niños pequeños no pueden retener ni ejecutar varias órdenes a la vez, y menos si son complejas.

ELOGIA, ELOGIA, ELOGIA

Dile: “Qué bien ordenaste hoy tu habitación”; será un estímulo magnífico para que tu hijo lo vuelva a hacer mañana. Es muy im- portante que especifiques claramente el comportamiento que elogias, como “guardaste tus juguetes en las cajas, ¡lo has he- cho muy bien!”.

COMPRUEBA QUE TE ENTENDIÓ

Pídele que te repita lo que le has dicho. Por ejemplo: “Por favor, lávate las manos antes de comer. Oye, ¿qué debes lavarte antes de comer?”.

SÉ MÁS PRECISA

Una instrucción como “recoge tu habitación” necesita más detalles; dilos paso a paso: 1, guarda los juguetes; 2, pon la ropa en su lugar…

 

SÉ CLARA, BREVE Y CONCISA

Si cada orden que das va acompañada con un sermón, tu hijo se desconectará de la conversación. Ve al grano y dale instrucciones breves; usa frases cortas: “Recoge tus juguetes antes de dormir, por favor».

AYÚDALE UN POCO

A veces es oportuno conducir a tu hijo hacia la actividad deseada, por ejemplo: tómalo de la mano sin recriminarle su des- obediencia. Hazlo con tranquilidad y diplomacia, diciéndole qué ha hecho mal y lo que deseas haga.

NO GRITES UNA ORDEN DESDE OTRA HABITACIÓN

Cada vez que le digas algo a tu hijo, hazlo físicamente cerca de él y míralo a los ojos mientras le hablas. Pídele que también te mire, así será más difícil que te ignore.

RUTINAS CALMANTES

Los niños necesitan rutinas y hábitos, esto evita abrumarlos continuamente con órdenes diferentes.

TEN CONTACTO FÍSICO SUTIL

Toca su brazo o el hombro; esto ayuda sobre todo cuando el niño está absorto en alguna actividad.

MUESTRA ORGULLO Y AGRADECIMIENTO

Añade adjetivos positivos que hagan referencia a su buena disposición: “Qué ordenado eres, estoy orgullosa de ti”, o “gracias por traerme mis lentes”.

NO REPITAS ÓRDENES

Es fácil decirlo, pero ¿cómo se consigue? Establece una consecuencia si tu hijo no obedece; di: “Ponte la pijama y lávate los dientes antes de me- terte a la cama”. Hasta que no haga lo que le pediste, no se puede meter a la cama.

NO SE DESAUTORICEN

Si como pareja se contradicen, tu hijo no sabrá a qué atenerse y aprenderá a hacer oídos sordos porque la autoridad está hecha un caos. También puede suceder que los padres compartan sus criterios educativos, pero los abuelos sean consentidores. Esto puede desubicar al niño y crear problemas.

CONCEDE TRES AVISOS

Es válido que cuentes hasta tres para que tu hijo haga alguna actividad, pero si llegas a tres no puedes volver atrás. Sé firme.

SÉ COMPRENSIVA

Tu hijo merece consideración. Por más que te desespere, intenta ser paciente y tierna.

NO AMENACES

Las amenazas no son la opción. Casi siempre, cuando estamos enojados, decimos cosas sin sentido. Mejor sé realista y cumple tus sentencias: “Si no guardas el triciclo lo guardaré yo durante toda la tarde”. No es bueno acostumbrarlos a obedecer bajo coacción. Hazle peticiones en tono agradable y positivo, mostrando confianza en que van a ser cumplidas. No olvides el elogio y conducirlo físicamente.

 

ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO POR PRIMERA VEZ EN LA EDICIÓN DE DICIEMBRE DE LA REVISTA PADRES E HIJOS