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¿Por qué el segundo hijo es más rebelde?

¿Tu segundo hijo suele ser todo un torbellino que, ni ante su mamá o papá, se detiene?  Te decimos por qué tu segundo hijo es más rebelde. 

Hay muchas teorías, posiblemente, los hermanos mayores al tener más responsabilidades, sean más disciplinados y los pequeños, al no tener ese papel, sean más rebeldes, inquietos, traviesos o desobedientes.

Los investigadores dicen que el orden de nacimiento influye a la hora de desarrollar la personalidad del niño, es la teoría del orden, que ha sido descrita por innumerables psicólogos.

Tu segundo hijo

Con el primer hijo todo es nuevo, recibió toda tu atención, en ocasiones sobreprotección, mimos, cuidados, miedos, equivocaciones y también, fue blanco de tus exigencias, firmeza y carácter estricto.

Pero ya con el segundo, te relajas un poco porque ya sabes más un poco más acerca de los niños.  Ya sabes que con 37.5º de fiebre no hay que salir corriendo al hospital o que no pasa nada si se cae.

Sí, tienes más hijos y más trabajo, y justo esto te hacer ser más exigente con el primero, a quien de hecho lo invitas a cuidar «de su hermanito». Mientras que el segundo se «salva» de muchas normas y tareas, por lo que se va convirtiendo en un niño más rebelde, mimado, menos disciplinado y menos obediente.

Aunque esto no es siempre una regla, algunos psicólogos comentan que ser el segundo hijo no determina que sea más rebelde, indisciplinado o desobediente, sino que se incrementa la posibilidad de tener ese tipo de actitudes.

Pero un estudio de la Universidad del estado de Pensilvania publicado en la revista Child Development encontró que los primogénitos tienden a ser más dóciles y tratan de complacer a sus padres más, mientras que los hermanos menores tienden a mostrar una personalidad más independiente y rebelde.

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¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

Por Berenice Villatoro y Mayra Martínez

Aunque parezca imposible, puedes lograr que tu hijo preste atención? ¡A la primera!

«¿Cuántas veces tengo que decírtelo?» «Estoy cansada de que no me escuches». Es frecuente oír este tipo de frases en una casa con niños de 3 a 5 años. La mayoría de los padres confiesan que sus hijos no les hacen caso y que, por mucho que les repitan las cosas, parece que los pequeños no escuchan o no quieren escuchar.

¿Es normal que mi hijo sea tan desobediente?

Estas frases normalmente suelen ganar en volumen. «¡Te he dicho que vengas en este instante!». Mamá se pone roja y su presión sanguínea aumenta. Pero su tierna criatura parece que no la escucha. Entonces, al borde de un ataque de nervios, abre unos ojos y una boca muy grandes: «¡No quiero repetírtelo más veces! ¡Que vengas ya!». Entonces el angelito pone cara de susto y comienza a llorar. Para que no te ocurra esto, te damos los siguientes tips:

1. Pedir solo una cosa a la vez

Y no demasiado complicada. A esta edad tu hijo aún es pequeño para retener y ejecutar varias órdenes, y menos si son complejas. Además, una instrucción como «recoge tu habitación» puede necesitar ser más precisa, y paso a paso, por ejemplo: «guarda los juguetes», «pon la ropa sucia en tu cajón».

2. No gritar una orden desde otra habitación

Cada vez que le digas algo a tu hijo, hazlo físicamente cerca de él y mirándolo a los ojos mientras le hablas. Asimismo, también pídele que él también te mire, de ese modo será más difícil que te ignore. Un pequeño contacto físico, por ejemplo, tocarle el brazo o el hombro, también ayuda, sobre todo cuando el niño está absorto en alguna actividad.

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3. Ser claros, breves y concisos

Si cada orden va precedida de un largo preámbulo, tu hijo ya se habrá desconectado de la conversación cuando vayas por la tercera coma de tu discurso. En vez de darle un sermón, ve directo al grano y dale instrucciones breves, concretas y operativas.

4. Comprobar que te ha entendido

Pídele que te repita lo que le has dicho. Por ejemplo: «Tienes que lavarte las manos antes de sentarte a comer. Vamos a ver, ¿qué es lo que tienes que lavarte antes de comer?». Algunas órdenes no son tan concretas y habrá que suplicarle que te explique lo que significan. Porque «recoge tu habitación» puede no significar lo mismo para él que para ti. Quizás sea necesario enumerar los pasos y componentes de esa tarea. Y también comprobar que el niño los ha comprendido y es capaz de repetirlos.

5. Conducirlo físicamente

Cuando tu hijo, pese a tu amable petición, no accede a dar por sí mismo el primer paso para cumplir lo ordenado, a veces es oportuno conducirlo hacia la actividad deseada, por ejemplo tomándolo de la mano. Pero es muy importante hacerlo sin discutir y sin recriminarle su desobediencia.

Estas tácticas, realizadas con tranquilidad y diplomacia, es como darles el empujoncito que tu hijo necesitan.

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Foto: Getty Images

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