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¿Conoces cuál es tu peso límite en el embarazo? Saberlo te ayuda a evitar la diabetes gestacional

Se cree que la diabetes gestacional sucede por la cantidad que se consume de azúcar, pero esto no es así: “Se presenta básicamente por los cambios hormonales tan fuertes en el embarazo; además se conjugan otros factores de intolerancia a los azúcares y el aumento de peso”, afirma Vanessa Ubaldo, nutrióloga y educadora en diabetes.

Estos cambios provocan que las células del cuerpo usen la insulina (hormona que ayuda a que las células utilicen la glucosa como energía) de forma menos efectiva, lo cual hace que los niveles de azúcar en sangre se eleven. A esta afección se le conoce como resistencia a la insulina.

Por ello, es muy importante que lleves un control adecuado de tu peso, de tu condición antes y durante el embarazo. Los expertos afirman que el peso por sí solo dice muy poco sobre la salud de la mamá. Según la doctora María Goya, lo ideal sería que te realizaras una consulta preconcepcional antes de buscar el embarazo; el ginecólogo evaluará si necesitas perder peso antes de la gestación y, si no es posible, al menos te enseñará cómo debes comer antes y durante el primer trimestre, siguiendo una dieta sana, no restrictiva; también te recomendará acompañarla con ejercicio.

En sí, tu médico te aconsejará cuántos kilos más o menos puedes aumentar en la gestación, pero hay algunas consideraciones que pueden servirte.

Tu límite en peso

La ingesta calórica media para las mujeres se sitúa en torno a las dos mil calorías. Según los expertos, durante el embarazo la necesidad de calorías diarias aumenta aproximadamente hasta las 2,200 en los seis primeros meses y se incrementa a 2,300 durante el tercer trimestre.

Estas calorías de más son el “combustible” que el cuerpo gestante necesita para realizar todos los procesos que se están llevando a cabo en su interior. Del número total de calorías (2,200—2,300), casi la mitad te servirán de depósito de grasas y proteínas, en especial durante la primera etapa de la gestación. Sin embargo, en el último trimestre es tu futuro bebé quien requiere más energía: nada más para su propio desarrollo, reclama durante este periodo de 100 a 150 calorías para cada día.

El peso ideal de la futura mamá

Los especialistas lo tienen claro: éste es el cálculo de acuerdo con el índice de masa corporal, el estilo de vida antes de embarazarte y los antecedentes familiares. El índice de masa corporal (IMC) en mayores de 20 años se calcula dividiendo el peso entre la altura en metros al cuadrado. Así, por ejemplo, el IMC de una mujer que pesa 70 kilos y mide 1.73 metros de altura, es de 23.7 (70 dividido por 2.99). Se considera que una persona tiene un peso adecuado cuando su IMC está entre 18.5 y 25.

Partiendo de este dato, el ginecólogo calculará cuántos kilos puede engordar la futura mamá a lo largo de toda la gestación:

• Con un peso normal puedes engordar entre 12 y 16 kilos. Si sigues una dieta sana y realizas ejercicio físico puedes continuar con tu mismo estilo de vida.

• Si estás extremadamente delgada (con un IMC por debajo de 18) puedes aumentar entre 12 y 18 kilogramos.

• Si tienes sobrepeso (IMC entre 25 y 29.9) sólo deberías subir entre 7 y 12 kilos.

• Si tu IMC es superior a 30, la ganancia de peso se restringe a 7 kilos, pues se considera que ya tienes suficientes reservas de tejido adiposo.

 

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Salud

¡Quiere dulces! 6 formas de darle azúcar a tu hijo sin poner en riesgo su salud

Todos los niños adoran las golosinas, lo dulce, todo lo que lleve azúcar, pero con estas recomendaciones de los expertos, elige tener hábitos alimenticios saludables para prevenir enfermedades como el sobrepeso y la diabetes a tu hijo.

Vanessa Ubaldo, nutrióloga y educadora en diabetes, vocera de la Federación Mexicana de Diabetes A.C. asegura que los hábitos higiénicos dietéticos se forman en los niños hasta los siete años, por lo que es sumamente importante que los niños aprendan a cuidar su propia alimentación.

No podemos olvidar que ellos están en pleno crecimiento y desarrollo. Por eso necesitan una alimentación balanceada y variada que les aporte la suficiente cantidad de proteínas, carbohidratos, grasas… Además de que esto los habituará a cuidar su salud y prevenir enfermedades, como la diabetes, que hace mucho dejó de ser exclusiva de los adultos. Vanessa Ubaldo, recomienda que los niños:

• Obtengan el azúcar de fuentes como frutas y cereales: arroz, tortilla, pasta o pan integral, y leguminosas (frijoles, habas, chícharos…) porque tienen fibra, vitaminas y minerales.

• Eviten cereales que contienen azúcar; es mejor que consuman avena o amaranto natural.

• Limiten el consumo de dulces a uno de vez en cuando; por ejemplo: una paleta, un caramelo macizo, un chocolate pequeño, un yogur, un lactobacilo con azúcar o un jugo pequeño; solo una de esas opciones. De preferencia, que los consuman en el transcurso del día y no en ayunas ni antes de dormir o después de cenar, ya que el azúcar es comida para el cerebro, por lo que no van a poder dormir porque su cerebro se va a activar de nuevo.

• Consuman nada más porciones pequeñas y de manera ocasional de postres como gelatinas, helados, natillas y arroz con leche. Es mejor sustituirlos con una fruta que les guste.

• Tomen bebidas elaboradas en casa de fruta natural y sin azúcar añadida: es mejor que un jugo industrializado o refresco, pero lo ideal es que se acostumbren a tomar agua natural.

• En lugar de beber leche con chocolate en polvo o de barra, sobre todo si son altas en azúcar, es mejor que le añadan cocoa en polvo y la endulcen con un sustituto de azúcar. Los niños, sobre todo los que tienen sobrepeso u obesidad, pueden consumir sustitutos de azúcar pero de la mano de hábitos de alimentación saludables y actividades físicas.

 

 

 

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Embarazo

Diabetes gestacional: sí es posible controlarla

La diabetes gestacional (DG) es la complicación número uno a nivel metabólico durante el embarazo, con una incidencia de 7% en nuestro país y una tendencia preocupante pues, según las estadísticas, ha tenido un aumento promedio de 32% en los últimos años. Lo ideal es hacer todo lo posible para prevenirla desde antes del embarazo pero, si la gestación ya está en curso, ten en cuenta las precauciones que a continuación mencionamos, a fin de que el problema no se salga de control.

¿Qué es la DG?

Es un tipo específico de diabetes que únicamente se puede presentar en mujeres embarazadas. Por definición, implica una acumulación anormal de glucosa o azúcar en la sangre, entre otras alteraciones, y suele desaparecer durante el puerperio.

Sus causas no se conocen del todo, pero los expertos creen que durante el embarazo la placenta produce ciertas hormonas (estrógeno, cortisol y lactógeno) que podrían bloquear el trabajo de la insulina (la hormona que secreta el páncreas para regular el nivel de glucosa sanguínea y así controlar la velocidad a la que esta es consumida por las células de músculos, tejido graso e hígado). Lo normal es que al efecto de dichas hormonas el páncreas responda con una producción adicional de insulina, pero ello no siempre ocurre y es cuando se desarrolla la DG.

Problemas que puede ocasionar

Cuando no se trata, la DG repercute en la salud de la mujer y el bebé que espera. A ella la hace más susceptible a las infecciones en las vías urinarias y a presentar preeclampsia, una condición caracterizada por presión arterial elevada y retención de líquidos, entre otros síntomas, que es potencialmente peligrosa tanto para la vida materna como la del bebé en formación. Por ello, cuando se presenta, los médicos suelen interrumpir el embarazo.

Por su parte, los bebés de madres con DG pueden: crecer en exceso y nacer hasta con más de cuatro kilos de peso (macrosomía), lo cual complica el parto y exige un esfuerzo mayor a la mamá; nacer con deficiencia pulmonar que amerite su internamiento en terapia intensiva, hasta que respiren por sí mismos; sufrir hipoglucemia, es decir, una caída drástica en sus niveles de glucosa sanguínea durante el nacimiento, con el consiguiente peligro de padecer convulsiones, y desarrollar ictericia, un exceso en la secreción de la hormona bilirrubina por parte del hígado, lo cual es fácil de remediar, pero puede ser riesgoso.

¿Cómo controlarla?

Dieta. No hay una dieta estándar para la DG, por lo que tu médico, apoyado por un nutriólogo, deberá diseñarte un régimen individual basado en tu peso, talla, etapa del embarazo y resultados de laboratorio. En general, tu consumo de calorías debe provenir 40% a 60%, de carbohidratos complejos o de absorción lenta (cereales integrales y frutas); 20% a 25%, de proteínas (carnes rojas, aves, pescado, leche y derivados, huevo); y 25% a 35%, de grasas insaturadas, como los aceites comestibles de oliva, girasol, maíz, el aguacate, nueces, almendras, avellanas, y ácidos grasos omega 3, disponibles en pescados azules. Otra pauta es hacer tres comidas principales y tomar dos a tres colaciones que pueden consistir en yogur, queso descremado, fruta o verdura.

La distribución calórica diaria ideal es: 15% en el desayuno, 5% en la colación, 30% en la comida, 5% en la colación de media tarde, 40% en cena y 5% en la colación nocturna. Descarta los carbohidratos simples o de absorción rápida (elevan súbitamente tu nivel de glucosa en la sangre): azúcar y todos los productos adicionados con ella (dulces, chocolates, cremas para repostería, postres, catsup, refrescos, helados, leches de sabores, mermeladas, jarabes, miel de abeja).

Ejercicio. Hacer ejercicio te ayudará a suprimir la inyecciones de insulina y/o el uso de medicamentos antidiabéticos, o bien a reducir la dosis al máximo (siempre es bueno evitar las medicinas en el embarazo). Además, reducirás tu probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 en el futuro. Prefiere las rutinas que no impliquen actividad uterina y sí empleen los músculos de la parte superior del cuerpo, o simplemente camina media hora cada día.

Monitoreo de glucosa. Diario debes medir tu glucosa sanguínea con un glucómetro de fácil uso que no requiera calibración (para brindar resultados precisos) y que extraiga una mínima muestra de sangre. El monitoreo diario te permitirá observar el control adecuado de la diabetes, te involucrará más en tu tratamiento, permitiéndote detectar los momentos de descontrol (hipoglucemia o hiperglucemia) para hacer las correcciones necesarias, ya sea a tu dieta o nivel de actividad física, de manera oportuna. Tu meta debe registrar estos valores: en ayunas, menos de 95 mg/dL; una hora después de comer, menos de 140 mg/dL; y dos horas después de comer, menos de 120 mg/dL.

Controles médicos

El intervalo adecuado entre visitas en general es cada 2-3 semanas hasta la semana 34 y cada 1-2 a partir de entonces.

Entre las semanas 29 y 33, el médico mide la circunferencia abdominal fetal para determinar si hay macrosomía (crecimiento fetal excesivo). En caso afirmativo se inicia tratamiento con insulina.

La hospitalización es necesaria cuando hay repercusiones importantes sobre la madre o el feto (mal control metabólico, hipertensión severa o problemas renales, amenazas de parto pretérmino, pielonefritis…).