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Este es el número de hijos que más estrés causa en la madre

Piensa con detenimiento cuántos hijos quieres tener, porque la ciencia ha descubierto el número de hijos que más estrés causa. 

Pese a que en la actualidad las familias son cada vez más pequeñas, aún hoy en día muchas parejas sueñan con familias grandes, pero parece que hay un número de hijos que causa mucho estrés en las mujeres.

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El número de hijos que más estrés causa

De acuerdo a un estudio realizado por TODAYMoms.com, las mujeres que tienen tres hijos se sienten más estresadas por todo el trabajo que ello conlleva.

Según la encuesta realizada en abril de 2018, donde 7 mil mujeres fueron cuestionadas, esta cantidad de hijos causa un nivel de estrés que no se compara con cualquier otro.

Los investigadores evaluaron el nivel de tensión, demostrando que éste no aumenta si la madre tiene más hijos; de hecho, las madres de cuatro, aseguraron tener menores niveles de nerviosismo, ellas aseguraron que son las menos de todas.

Los expertos señalan que, probablemente, las madres de cuatro están menos ansiosas que las de tres porque, con la experiencia aprenden a relajarse.

Sin embargo, también te conviene conocer las ventajas de ser mamá de más de dos hijos a sí como los benficios para tus hijos de tener varios hermanos, mira…

Los pros de tener más de 2 hijos

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Sí a la crianza sin «etiquetas» (dañan la autoestima de tu hijo)

¿Le has dicho a tu hijo algún adjetivo como… ¡Guapo! ¡Desobediente! ¡Inteligente! ¡Lento! ¡Llorón!? Las etiquetas no son buenas, aquí te decimos por qué.

Cabe que te preguntes: ¿por qué etiquetas? Porque el cerebro simplifica y categoriza todo para dar significado a lo que te rodea. Pero ten en mente que tu hijo se comportará de acuerdo a las etiquetas que le pongas porque tú eres su referente. Como papá y mamá formas, en buena parte, la personalidad de tu hijo: todo lo que le digas acerca de él mismo, él lo piensa como la verdad absoluta porque tú eres su primera fuente de conocimientos en todo aspecto.

Por ello, si describes a tu hijo como “torpe”, “desobediente”, “respondón”, “malo”… él actuará ante determinadas situaciones con ese comportamiento, porque “papá y mamá le han dicho que es así”.  Lo que papá o mamá dicen (cómo, con qué voz, palabras y gestos) ejerce sobre tu hijo un ejemplo que puede persistir hasta la vida adulta.

Es simple: si el niño piensa que es un desastre (egoísta, distraído, agresivo, caprichoso o desobediente), se le dificultará comportarse de otra manera. ¿Por qué? Porque así es como ha aprendido qué es (según tú). Etiquetar hace que tu hijo crezca inseguro e incapaz de reconocer sus propias emociones y a sí mismo.

Etiquetas comunes

El niño “desobediente” se siente frustrado porque permanentemente se le llama la atención sobre su comportamiento y suele recibir castigos, gritos y represiones. Si recalcas su conducta, sólo afianzarás en él la idea de que es así y que no sabe ni puede ser de otra manera. Para mejorar la convivencia, indaga por qué no obedece a la primera. Como papá, dile las cosas de una forma más constructiva.

¿Hay etiquetas positivas?

Las etiquetas en “positivo” tampoco son siempre buenas. Una cosa es la estimulación positiva, muy necesaria para el desarrollo personal y el logro de objetivos, y otra es crear en el niño la idea de que “es mejor que los demás”. Es importante que tu hijo entienda sus atributos como naturales; ayúdale a asumir la simpatía, bondad o generosidad para ser amable con hermanos o amigos. En lugar de etiquetar, mejor:

  • Dale más oportunidades
  • Préstale más atención
  • Estimula su inteligencia
  • Ayúdalo a aumentar sus respuestas positivas.

¿Qué puedes hacer?

  • No hagas valoraciones sobre su persona, sino sobre las conductas o acciones.
  • Reconoce lo que hace bien para fomentar su autoconfianza.
  • Explícale la conducta que te gustaría que modificara y cómo puede hacerlo.
  • Evita repetirle lo que hace incorrectamente.
  • Evita las palabras “siempre” y “nunca”.
  • Escúchalo, respétalo y confía en su capacidad de cambio.
  • No tires la toalla: tu hijo lo logrará.
  • Evita estas frases: “Qué grosero”, “Eres muy llorón”, “Qué lento”, “Ya no eres un bebé”, “Eres un desastre”, “Haces lo que te da la gana”, “Nunca obedeces a la primera”.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR MAYRA MARTÍNEZ.

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12 estrategias que hacen que tu hijo entienda con un «buen regaño»

De un lado de la moneda está el castigo y del otro, el refuerzo positivo. Los niños suelen responder mucho mejor a esta segunda alternativa. Pero necesitas aprender algunas estrategias para que tu hijo entienda. 

La idea es estimular las conductas contrarias a la mala acción, de tal manera que al ser mucho más frecuentes y habituales, neutralicen las incorrectas. Esto aplica sobre todo a cuestiones recurrentes: si tu niño miente de forma regular y dice que se lavó los dientes cuando en realidad no lo ha hecho (o insiste en no levantar los juguetes que usó), la táctica consiste en aplaudirle, reconocerlo y premiarlo cuando sí lo haga; ¡funciona estupendamente!

HAZLO DESDE EL CORAZÓN

  1. Habla con él en un tono firme pero tranquilo, en un momento en el cual ambos estén en calma.
  2. En la charla, necesitas dejar claros los límites que no debe rebasar y las consecuencias de hacerlo. Sé constante al aplicarlos y procura que tanto tú como tu pareja estén de acuerdo.
  3. Las consecuencias no consisten en castigar a tu hijo o en hacerlo sufrir, sino en que remedie su “mala acción”. Debe saber que todo acto implica una consecuencia positiva  o negativa.
  4. Con los más grandecitos, las consecuencias pueden ser previamente negociadas para que se comprometan más y sepan que son tomados en cuenta en la familia.
  5. Hazle saber que no lo regañas por lo que es, sino por lo que hace; no le pongas ningún adjetivo calificativo negativo, evita etiquetarlo (ve a la página 46, encontrás los tips para lograrlo).
  6. Confía en su capacidad para lidiar con las adversidades. Recuérdale que siempre estarás a su lado en las dificultades.
  7. Déjale claro que lo amas incondicionalmente, haga lo que haga, pero que tú eres el adulto responsable de cuidarlo y educarlo.
  8. No pierdas de vista que estás formando a un ser humano que requiere no sólo que le digas lo que no debe hacer, sino cómo hacerlo mejor de forma positiva.
  9. Se vale decir: “Esto no fue correcto, pero no sé cuál será tu consecuencia. La pensaré y te digo en una hora”. Date tiempo para calmarte.
  10. Ten en mente que todo castigo requiere una explicación para que tu niño entienda su error; también debe implicar un esfuerzo, una lección y una reparación del daño.
  11. Nunca lo humilles, amenaces o dañes con palabras o golpes, aún cuando tenga un mal comportamiento.
  12. Mantén la calma, respira, aplica el regaño y termina con un abrazo y un “te amo”.

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE PADRES E HIJOS EN ABRIL DE 2019, FUE REDACTADO POR JESSICA LÓPEZ CERVANTES.

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Razones por las que los castigos no funcionan con tu hijo

Tal pareciera que los niños de ahora son inmunes a los castigos; que los castigos no funcionan con tu hijo. ¿Por qué será?

El experto es neuropsicología Álvaro Bilbao responde esta gran interrogante en su libro El cerebro de los niños explicado a los padres.

  1. Cuando se castiga a los niños, se les enseña que esa es una manera válida de pedir a los demás lo que desean. Aprende que cuando se sienten frustrados por no obtener de los demás lo que quieren pueden arremeter contra ellos, quitándoles lo que quieren, hiriéndolos, haciéndolos sentirse culpables, para que “aprendan a obedecer”.
  2. Facilitan la aparición de la culpa. Normalmente, los padres levantan el castigo a su hijos cuando los ven llorar o ha pasado el suficiente tiempo para que “reaccione, o se sienta mal por lo que hizo y aprenda”. De esto, en realidad, solo asimila que sus padres lo aman solo cuando se porta bien.
  3. Facilita que el niño se forme un mal concepto de sí mismo, por tanto, mina su autoestima. Las etiquetas que suelen acompañar a los regaños y castigos acerca del modo de ser de los niños (“eres un demonio, eres un caos, un malportado…»), se le quedan grabadas en su memoria y forman conexiones neuronales. Simplemente él se la cree porque si tú que eres su cuidador se las dice, son verdad. Y actuará a lo largo de su vida adulta según lo hayas definido en esta etapa de su desarrollo.
  4. Los castigos pueden tener una reacción contraria a la que buscas, es decir, tu hijo puede aprender que solo mediante ellos recibe toda tu atención, por tanto, puede comenzar a usarlos para obtener tu tiempo y dedicación. Ocurre que para un niño que se siente ignorado o poco amado es mejor recibir un regaño que ser invisible para las personas que él ama.

Los castigos tienen más efectos negativos que los deseados por todo papá y mamá, por ello, es mejor usar estrategias más conscientes para ayudar a tu hijo a asimilar lo correcto o incorrecto. Como los límites y la disciplina positiva.