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Juegos que ayudan a desarrollar la inteligencia emocional de tus hijos

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer lo que sentimos, cómo afecta lo que pasa en nuestro interior y los efectos que tendrá sobre nuestra conducta; en esencia es tener conciencia de nuestro yo emocional, lo que nos permite relacionarnos mejor con las personas que nos rodean.

En los últimos años, se ha hecho más el interés en ella, debido a los altos indices de estrés y falta de convivencia entre los adultos, y aunque nada está perdido para nosotros, son nuestros hijos para quienes es más sencillo hacerlo, pues son una esponja que absorbe conocimiento.

Si quieres que tus hijos sean personas asertivas en inteligencia emocional puedes ayudarlos desde casa con sencillos juegos que los harán a desarrollar su inteligencia emocional.

CARAS-EMOCIONES

Ya sea a través del clásico juego de caras y gestos, o bien con tarjetones que tiene dibujos de rostros (hay algunos a la venta), tus peques deberán adivinar qué sentimiento les recuerda. Pregúntale por lo rasgos que detecta en dicha cara, y luego pasa al plano emocional: ¿qué siente?, ¿qué le pasa? y ¿cómo llegaría a una solución? De ser posible dile que ejemplifique en su vida diaria ese sentimiento y que te cuente qué hizo para solucionarlo, así, además, conocerás un poco de las preocupaciones de tus hijos.

SEPARAR EMOCIONES

Usa un par de contenedores pequeños para que tus hijos hagan dibujos o escriban en un papel situaciones que los ponen felices y otras que no, así colocarán las buenas en un contenedor y las malas en otro. Después, en familia, pueden sacarlas y hablar de lo que les está sucediendo y dar opciones para dejar de sentirse mal o promover aquellas que los motivan.

PEXELS

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DOMINÓ

Usa el clásico dominó y coloca sobre las fichas una emoción y en la otra la situación que la genera, puedes encontrar ejemplos en la web. Además de jugar y relacionar emociones con situaciones, puede generar un debate entre la familia sobre las razones.

MÚSICA-PINTURA

Está comprobado que la música es capaz de provocar emociones, así que no dudes en proveer a tus hijos con un gran lienzo de papel, ponerles distintos tipos de música y ver qué dibujan con cada una de ellas.

Dedica unos minutos todos los días a las emociones de tus hijos, únete a las dinámicas y trabaja también en tu salud emocional.

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Así Crece

El mal humor en los niños ¿es signo de inteligencia?

Es común que nuestros hijos hagan berrinches y se enojen cuando las cosas no salen como ellos esperan o no se hacen como ellos quieren, sin embargo hay menores que se molestan más que el promedio.

Expertos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, encontraron que los niños con mal humor tienen con cociente intelectual más alto que el promedio.

Además se dieron cuenta que, a pesar de su edad, piensan con mayor claridad, son menos crédulos, saben expresar mejor sus ideas y sentimientos, son capaces de juzgar mejor a las personas, prestan más atención al mundo que les rodea, cuestionan más y toman mejores decisiones.

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6 TIPS PARA MEJORAR EL ESTADO DE ÁNIMO

Así que si tu hijo es una personita con muy mal humor, posiblemente sea más inteligente que el resto de sus compañeros.

De ser así, toma nota y ayúdalo a que conozca mejor qué pasa por su mente, y sea capaz de explotar todas sus habilidades.

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Ejercicios de meditación para niños

Los niños que practican la meditación son más creativos, toda vez que logran abrirse al inconsciente de la mente, que es donde nacen los pensamientos originales. Además, al desarrollar su conciencia corporal, logran percibir la tensión excesiva y relajarla; se concentran mejor en lo que hacen, manteniendo su interés en determinada tarea hasta que la finalizan; se conocen mejor y son más conscientes de su enorme potencial que de sus limitaciones.

Pueden apaciguar la ansiedad, la preocupación y otros estados emocionales que habitualmente tienden a inhibir la expresión de su creatividad. De hecho, expertos aseguran que durante las sesiones de meditación desciende el ritmo cardiaco, la tensión arterial y los niveles de estrés, todo lo cual repercute en una mayor o menor tendencia a la creatividad.

A continuación te proponemos algunos ejercicios básicos para que empieces cuanto antes a entrenar a tu pequeño en el maravilloso arte del control mental; están dirigidos a desarrollar su cretividad, que ya de por sí es innata en él porque es una capacidad de todo ser humano.

Ejercicio 1: «La casita»

Objetivo: estimular la creatividad.

¿En qué consiste? Pide a tu hijo que se recueste boca arriba y cierre los ojos. Invítalo a imaginar la figura de una casita dibujada a lápiz en una gran hoja de papel blanco. Ahí están la puerta, las ventanas… Ahora la casita es de colores y tiene un jardín alrededor, con árboles, flores y un lago. Después llegan los pájaros, las ardillas que corren por el pasto y trepan por los árboles. El sol brilla y llena el jardín de luz, y unos niños salen a jugar. Asegúrate de que no abra los ojos durante el ejercicio y al terminar la anterior descripción del paisaje, permítele expresar qué más sucede en «la casita».

Ejercicio 2: «El retrato»

Objetivo: entrenar su poder para visualizar.

¿En qué consiste? Dile que imagine una fotografía de su personaje de cine o televisión favorito, o bien de un amiguito o de algún miembro de la familia. Recuérdale que, como es «una foto», el personaje no se puede mover ni hablar, y guíalo para que observe cada uno de sus cejas, ojos, cada lado de su nariz, la boca, las mejillas, el cuello…La simple concentración en determinada imagen, lo ayudará de aquí en adelante a ser más observador de los detalles a su alrededor.

Ejercicio 3: «¿Qué suena?»

Objetivo: echar a volar su imaginación a través de los estímulos auditivos.

¿En qué consiste? Piensa en cinco o seis estímulos sonoros, como por ejemplo el que produce el chorro del agua de una llave, una tetera hirviendo, una secadora de pelo, gotitas de agua cayendo sobre una cubeta de plástico, una bolsa de celofán que se frota, la piel al ser rascada, el soplar para inflar un globo, etcétera.Ahora pide a tu pequeño que cierre los ojos mientras tú reproduces determinados ruidos o sonidos. Acto seguido, anímalo a adivinar de qué se trata.

 

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Ser Bebé

Decirle No a llevarlo en brazos también le da una importante lección

Aunque llevarlo en brazos genera un vínculo especial entre los padres y su hijo, la cuestión es ceder justo lo necesario: saber si tu hijo requiere brazos demasiado a menudo y si es capaz de soportar un no por respuesta.

Es muy cierto que a veces no exigen brazos por necesidad, siempre que los piden los desean, ¿y quién puede decir que la necesidad es un argumento de más peso que el deseo?

Pero, aunque es importante abrazarlo para vincularlo mejor a mamá o a papá, darle seguridad emocional, también lo es permitirle experimentar el malestar para que aprenda a tolerarlo.

Él necesita que lo ayudes a que soporte las esperas y el cumplimiento de sus deseos; a tolerar la frustración. 

A los dos años, su nivel de comprensión del lenguaje es avanzado, y ya puede entender que tú también estás cansada. Pero que lo entienda no es razón suficiente para que deje de pedirte que lo cargues. Su autocontrol es escaso y no puede soportar su malestar, a pesar del tuyo.

En cualquier caso, explícaselo, porque algunas veces resulta que… ¡funciona!

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Ser Bebé

Desde recién nacido, ya tendrá sus primeros miedos, ¡ayúdalo a superarlos!

Desde recién nacidos experimentamos nuestros primeros miedos; estos provienen de la angustia, que es una de las principales fuentes de malestar emocional porque significa la amenaza de algo contra nuestra integridad. Los bebés y los niños aún no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar sus miedos, apenas los están adquiriendo; de hecho, se hacen de ellos gracias a su papás. Por ello, es importante que tú conozcas estos primeros miedos que tu hijo experimentará desde su nacimiento.

DESDE LOS PRIMEROS DÍAS DE NACIDO

MIEDO A NO SOBREVIVIR

El cuerpo de un recién nacido es muy frágil, su sistema inmunológico no está bien desarrollado; es vulnerable y dependiente. Él lo sabe, no a nivel cognitivo, sino sensorial. Por ello, experimenta angustia; desconoce si estará seguro o no, si sobrevivirá. Pero esto es algo que apenas descubrirá de la mano de mamá y papá.

Paty Osuna explica que los bebés perciben el malestar en general, el problema es que ellos aún no se lo pueden explicar, mucho menos expresarlo. “Nace el bebé y lo que siente fuera del útero materno es frío, demasiada luz, muchos sonidos; afortunamente, la inmadurez de su sistema nervioso le permite dormirse pronto, queda fuera de circulación, pero de todas maneras, los estímulos que siente son muy intensos para él por su pequeñez; cuando siente hambre, solo siente algo muy intenso en su cuerpo que no entiende, lo que siente es temor de no sobrevivir porque sus necesidades no están satisfechas; es una angustia que por sí mismo no puede solucionar”.

Justo aquí es cuando entra la función de la madre, o del cuidador. Es decir, esta dependencia del niño lo lleva a exigir lo que necesita y el trabajo de sus cuidadores es satisfacerlo. En este sentido, cuando sus cuidadores (madre, padre, abuelos, nana) responden a sus necesidades básicas, él desarrolla la confianza de que todo va a estar bien, la esperanza. Aprende a superar este primer miedo porque poco a poco, se va dando cuenta de que sí sobrevivirá, pues sus necesidades básicas están siendo satisfechas. No hay riesgo.

Tu ayuda para que supere este miedo

  • Sintonízate con tu bebé. Responde empáticamente a él, ponte en sus zapatitos para intuir qué necesita: ser arropado, cambiado de pañal, alimento, dormir, estar en brazos…
  • Dale afecto. El sistema nervioso nos hace experimentar placer ante el contacto físico; tu bebé lo necesita más porque está en una etapa sensorial. Entre más placer sienta, más seguro se percibirá.

ENTRE EL PRIMER Y SEGUNDO AÑO DE VIDA

MIEDO A PERDER A MAMÁ O PAPÁ

A esta edad, el bebé aprende que hay un otro que se hace cargo de él y en quien puede confiar porque satisface sus necesidades, por lo que comienza a crear un vínculo muy importante con esa persona y nace la angustia de perderlo. Para el bebé es vital saber que esto no ocurrirá.

“Los bebés no tienen la noción a nivel neurológico de que si alguien desaparece de su vista, sigue existiendo; por ello, cuando deja de ver al sujeto es como si desapareciera, lo perdiera. Solamente, conforme se va dando la constancia de la presencia reconoce que esa madre o padre o abuelo, aunque salga de su campo visual, sigue con él; entonces va quedando convencido de que puede confiar.

Además, su campo visual empieza a cambiar por simple maduración; pero este proceso se puede ver afectado en el terreno psicológico cuando hay una pérdida importantísima en esta etapa de vida, mal trabajada. Lo que significa que aunque su cerebro tenga la capacidad de entenderlo, va a desarrollar el miedo al abandono.

Tu ayuda para que supere este miedo

  • Evita los abandonos, asegúrate de que su cuidador sea el mismo durante esta etapa, al menos. Cambiar de nana con frecuencia, o llevarlo unos días con los abuelos paternos y otros con los maternos, luego con la cuñada y enseguida con la hermana, no le ofrece constancia ni seguridad. Tu pequeño necesita vínculos y ahora está formando uno especial con su cuidador.

MIEDO A NO SER AMADO

Entre los tres y cinco años de edad, los niños están viviendo la plena etapa de la disciplina, aprendizaje de hábitos, el control de esfínteres… Esto los hace sentir ávidos de aprobacion, lo que les causa la angustia de no ser aceptados y el miedo a ser rechazados; que su cuidador constante lo deje de querer. “Es un momento en el que los niños se sienten muy culpables fácilmente.

Por ello, el mensaje que deben recibir de sus papás, abuelitos y cualquier otra persona cercana es que lo quieren aunque sea muy travieso, o haya roto un objeto. Necesita tener claro que eso no condiciona su amor y sentir confianza en el amor que las personas sienten por él: ‘pase lo que pase, de todas maneras eres mi hijo y yo te voy a seguir queriendo’”.

Tu ayuda para que supere este miedo

  • Hablar de los sentimientos. Muchos adultos no saben reconocer lo que sienten porque no pudieron hablar de lo que sentían de niños; saben que se sienten angustiados pero no logran entender la razón, es porque no pueden ponerlo en palabras. Procura hablar con tu pequeño de lo que siente, sobre todo cuando viva algún episodio estresante, como la entrada a la escuela.

Lo indeseable

  • Cuando una persona no confía en que la aman, desarrolla mecanismos de huida para no vivir el rechazo: tiene severos problemas para concretar las relaciones de pareja o amistades largas y duraderas; se le dificulta la cercanía emocional porque está convencida de que nadie tolerará su oscuridad ni la aceptará

 

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Padres e Hijos

Alegre, triste, enojado…¡Enséñale a reconocer sus emociones!

Si les enseñas a reconocer sus emociones, le ayudarás a entenderse a sí mismo y le darás el mejor regalo: la felicidad. Los niños no saben nombrar sus emociones ni regular sus sentimientos. Ese aprendizaje corre por cuenta de mamá y papá.

Pablo, de dos años, está en el parque recogiendo piedras cuando ve un perro negro mirándole. Su reacción no se hace esperar: corre hacia su madre y se esconde detrás de sus piernas. Vaya, ha actuado como lo haría cualquier adulto ante la percepción de un peligro.

¿Por qué explicarle que eso que sintió es miedo, si su reacción probablemente no cambiará? Por muchas razones. Porque se sentirá comprendido si mamá le explica que también tiene miedo cuando, por ejemplo, se sube a algo muy alto. Pero si además le dice que se ha dado cuenta de que ese perro le produce temor, pero no todos los perros son peligrosos, le ayudarás a no desarrollar fobias relacionadas con animales.

Lo más importante es que al hablar de sus emociones le ayudes a manejarlas, lo cual se traducirá en una larga lista de beneficios: evitar que las reprima o las niegue, prevenir que las somatice, ayudarle en el aprendizaje (pues todo lo que se interioriza con emoción perdura para siempre), enseñarle a tomar decisiones, puesto que las emociones dan información entre muchas otras cosas.

Alegría

Aparece cada vez que consigue un objetivo o se siente querido. Por eso, cuando vienen sus primos a los que sólo ve en verano, Juan canta, salta, chilla y hasta se pone nervioso. Son las formas más comunes de expresión de la alegría junto a la sonrisa, la carcajada o el abrazo. Y al ser una emoción extrovertida, es una de las que más le ayudan a relacionarse con los demás. Explicándole con ejemplos que eso que siente en situaciones determinadas es estar contento, será capaz de poner nombre a esa sensación que le produce tanto bienestar.

Enojo

Todas las emociones son necesarias porque tienen una utilidad. Por eso no hay que negarlas. Ni siquiera las que, a primera vista, tienen connotaciones negativas, como el enojo, que en realidad es una reacción a la frustración, a sentirse atacado o no respetado, pero si se aprende a manejarlo bien no tiene por qué ser algo que lleve a la violencia.

Sorpresa

Es una de las emociones que más experimentan a esta edad: cuando logran un nuevo decubrimiento. La sienten al aprender a saltar de cojito, al subirse a un árbol, montar en el triciclo… Si le explicas que eso que siente es sorpresa y que con cada cosa que descubra tendrá la misma sensación, le ayudarás en el aprendizaje, pues todo lo que aprenden con emoción queda grabado con más intensidad en su cerebro.

Miedo

Normalmente se expresa alejándonos de lo que produce temor. Pero también se puede sentir ante cualquier novedad, como cambiar de ciudad. ¿Cuál es la parte positiva de esta emoción? Que avisa de un potencial peligro. Sin embargo, si no se gestiona puede acabar perjudicando al niño. Por eso es buena idea que te diga lo que le da miedo, explicarle que también lo sientes a veces y que vas a estar ahí para que pueda tomarte de la mano y se sienta mejor.

Tristeza

Aparece como respuesta a una pérdida, ya sea de una persona (aunque sea una pérdida momentánea, como cuando mamá se va a trabajar) o de una expectativa, por ejemplo, cuando la tarde en el parque se cancela por la lluvia. Asimismo, hay niños que se niegan a sentirla, y lo que generan es tensión. Juan se ha quedado a dormir en casa de los abuelos y por la noche está triste porque extraña a su mami. A la abuela le da pena e intenta entretenerlo: le pone la tele, le cuenta un cuento…

A Juan no se le está permitiendo expresar esa tristeza, está intentando ocultarla, pero está ahí. Por esa razón es bueno que cuando sientan tristeza, la expresen e, incluso, la compartan, para que así aprendan a regularla. Una buena forma de hacerlo es preguntarles cómo se sienten para poder escucharlos, consolarlos y protegerlos.